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Rebajas… en sueldos

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La pelea por los voltios y el agua. Andorra. Cerezas. Fábrica de dirigibles en Teruel. Trenes parados. 

Es posible que las webs contra los cntros de datos tengan que alojarse… en centros de datos… que estén en otros continentes. Menos latencia. Nadie quiere nada excepto que funcione todo. 

Agua, luz, apagones, calor. Cuerpos nuevos recién salidos del horno, sombrillas, Orgullos, ballena francesa en la Plaza del Pilar, museos abiertos un rato extra y gratis. Un rato de algo. Lo que sea. 

Los buses siguen siendo de pago en Aragón, la cosa del cine se atasca en cadena, todo necesita dinero público, de usted, para arrancar y prosperar, Pepco abre otra tirnda en zgz, calle Alfonso I, paraíso de la tarta de queso.

Calles rusientes y alegría de sobrevivir, empresarios a piñón fijo contra (A) absentismo laboral y (B) para atraer talento, esa contradicción nuclear, el obreraje está agotado y se agarra al clavo rusiente de las bajas para no morirse antes de poder asistir el colapso prolapso. 

Pensiones presiones rebajas de hora/vida. 

No se puede reclamar talento y quejarse del absentismo, que es reconocer los infrasueldos, horarios, calientasillismo, terror, pánico, etc. El modelo de cadena de mando sicópata es universal.

Rebajas permanentes en salarios, bla bla. Se atascan las subvenciones y se aplazan los proyectos, la empresa vive de lo público y perece en su ausencia. ¡Más césped!

El autobombo y las levitaciones no reblan, es el marketing de los poderes, cada cual el suyo e invadiendo un poco los otros. La volatilidad del ciclo corrupto acelera las oportunidades.

Apertura de tienda de Pepco en calle Alfonso I, a las primeras clientas les dan un vale de 5, a veces de 10 euros. Coincide el estreno con la procesión de la barredora. 

A pocos metros, en la plaza del Pilar, están montando la ballena francesa para el sábado. Más novedades en comistrajos para comer por la calle: postre de Belem y porción de tarta de queso a un euro.

El modelo está petado, como los buses, pero quizá aguante otro verano. El jueves cayeron cuatro gotas y el gentío las disfrutaba como si fueran maná… ¡y gratis!