Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

La voz de algodón de Chris Isaak triunfa a sus 70 años ¿Quién dijo viejo?

Chris Isaak, abanico en mano, en un momento de la actuación.

Aitor Guenaga

Bilbao —
27 de junio de 2026 09:53 h

0

Hay que rendirse ante la evidencia: Chris Isaak da a su público lo que quiere y recibe a cambio una catarata de elogios y amor. Es, sin duda, un win-win musical y vital a la vez. ¿Se puede celebrar mejor los 70 años que en familia? Con la familia del Legends, claro. El artista y actor californiano, que ha soplado 70 velas (es un decir) este viernes en el BBK Music Legends, es como el jabugo cinco jotas pero en música melancólica, esa que escuchamos cuando alguien nos rompe le corazón. “Si os gustan las canciones tristes estáis en el sitio correcto”, ha avisado Isaak justo antes de interpretar ante el público del Legends Two Hearts, un clásico de su extenso repertorio (ha tocado una treintena de temas).

En ese momento del concierto, Isaak ya se había quitado la chaqueta con ribetes rojos reflectantes y estaba sentado en el típico taburete alto de bar. Como si aún estuviera actuando en esos garitos de mala muerte de su California natal (nació en Stockton, en 1956) en los que multiplicaba sus bolos cuando nadie le conocía y donde aprendió el oficio a la perfección.

Porque oficio le sobra a este setentero que tiene estilo incluso hasta para apagar las dos velas que coronaban los dos dígitos (70) esta noche: con su elegancia habitual usó las yemas de sus dedos sin quemarse, mientras el respetable cantaba el Happy Birthday, transmutado después en Zorionak Zuri.

Un momento de la actuación.

La voz de Isaak sigue intacta, puro algodón recogido con mimo, con registros aterciopelados, en otros momentos del concierto altísimos y sostenidos tanto tiempo que parece imposible que esa garganta no termine por quebrarse en algún momento. Pero no.

Escuchar a Isaak es rememorar todas esas bandas sonoras de películas que muestran la América torturada, incluso antes de que llegara Donald Trump a la Casa Blanca: La saga interminable del recientemente fallecido David Lynch (Terciopelo Azul, Corazón Salvaje, Twin Peaks (donde interpretó al agente Chester Desmond)…, cineasta para el que tuvo unas palabras de recuerdo antes del concierto. “Un auténtico genio y alguien muy divertido con quien trabajar” (…) “no debería haber fumado tanto; llegó a consumir hasta cinco cajetillas al día”, recordó. El celuloide sigue y sigue presente en su set-list, como el tema del agente secreto James Bond o el Eyes Wide Shut del director más perfeccionista del séptimo arte, Stanley Kubrick. Entonces va desgranando todas esas canciones de la banda sonora de nuestras vidas: Two Hearts, Baby Did a Bad Bad Thing, Wicked Game, Pretty Woman (en esta ocasión con unos arreglos de teclado preciosos)…. “Todo un homenaje a la América a la que pusieron voz y lamentos a partes iguales mucho antes que él talentosos artistas como Roy Orbison (Only the Lonely), Elvis Presley (¡cómo sonó en el set acústico que se marcó el californiano con su banda el Can’t Help Falling in Love!) o el mismísimo Johnny Cash”.

El entrecomillado es parte de la crónica del concierto que ofreció hace justo tres años en este mismo festival. Hay que decir la verdad, Isaak no se sale de su guión de éxito: a la tercera canción (Waiting, como en 2023) se volvió a bajar del escenario y recorrió, abanico en mano, todo el recinto ante la mirada -y los móviles- de un público tan respetuoso como entregado desde que sonaron pasadas las 22:20 los dos primeros temas de la noche (Beautiful Homes y Somebody’s Criyin), hasta las 00.10 ya de este sábado con su tema final: The Way Things Really Are, una loa a la melancolía y al desamor, de nuevo con un arreglo del teclista que casi nos hace saltar las lágrimas.

Antes, la banda -con el bajista Rowland Salley lleva en los escenarios más de 40 años, según confesó el propio cantante- había desplegado toda su sabiduría y buen hacer. Isaak es muy generoso con una formación que sabe brillar, acompañar e incluso hacer coreografías en el escenario (especialmente quedona fue la desplegada en Put Out Your Hand, con el guitarra Hershel Yatovitz). El teclista tiene arte hasta para salir de su zona de confort y calzarse un acordeón y tocar un clásico de Flaco Jiménez como La Tumba será el Final, en los estertores del concierto, cuando Isaak ya luce ese traje de espejos tan imposible como los zapatos de Celia Cruz.

“Que Dios os bendiga”, se despidió Chris Isaak ante un público que casi seguro está dispuesto a ver el show de nuevo, aunque no haya sitio para la sorpresa. ¿Para qué cambiar lo que funciona?

Dea Matrona, pura actitud

El duo de Belfast Dea Matrona abrió la X edición del Music Legends Fest con una actitud que para sí quisieran muchos de los artistas consagrados con cachés millonarios. Aquel trío que en las navidades de 2019 regalaban a los transeúntes de las calles de Irlanda del Norte una versión desangelada del My Sharona de The Knack ha evolucionado hasta convertirse en un dúo solicitado para telonear a las también irlandesas The Corrs, darse un garbeo por el mítico festival de Glastonbury o flirtear últimamente en el escenario con el mismísimo Sting.

Y lo hacen por derecho propio, como han demostrado esta tarde-noche de viernes abriendo la X edición del BBK Music Legends Fest. Con todas esas medallas en la pechera, este dúo norirlandés (acompañado por otro guitarra y un baterista) ha empleado una hora para descargar mucho rock, algo de pop facilón, orgullo irlandés y actitud, mucha actitud.

Orláith Forsythe y Mollie McGinn, botas negras por debajo de la rodilla y enseñando las piernas con las típicas medias de red, se han intercambiado la guitarra eléctrica y el bajo en el escenario con asiduidad.

La versión del tema de Fleetwood Mac Oh Well, un clásico de su repertorio que también ha sonado esta noche, les puso en órbita a finales de 2020 y ellas supieron aprovechar el momento. Las Diosas Madre Divina -el nombre del grupo proviene de la mitología celta, aunque ellas beben mucho más del rock zeppeliano que del universo místico- han desplegado todo su encanto, incluso a la hora de abanicarse (Orláith Forsythe) mientras tocaban el tema Magic Spell. Muy orgullosas de su origen norirlandés, en 2024 publicaron de manera independiente su primer disco For Your Sins y ahora pasean las canciones de su último trabajo Hate That I Care. Abrieron con Red Button, y sonaron Stuck on You, Nobody’s Chid, A Rebel Song, entre punteos sencillos, espalda contra espalda, y actitud cañera que el público supo premiar. Tal vez una de sus mejores canciones fue Glory, Glory (I Am Free), con un sonido acústico envolvente. “Es una canción que significa mucho para nosotras”, explicaron.

Volverán al País Vasco en marzo.

Cracker y el sonido Americana

Justo después subieron al escenario los miembros de Cracker, la banda de Ritchmond (Virginia), sinónimo de Americana; country-rock, bluegrass y unas cuantas gotas folkies. La hora de concierto supo a poco, aunque es verdad que tuvimos la suerte de verlos hace muy pocos meses también en el ciclo Music Legends en la capital vizcaína.

El cantante David Lowery, ex Camper Van Betethoveen, y el guitarra Johnny Hickman volvieron a hacer de las suyas, aunque la incorporación de la violinista-contorsionista Anne Harris, afincada en Chicago, le ha dado otro aire al grupo.

El público ha encajado bien el bluegrass a medio gas de la banda, con ese sonido envolvente del pedal Steel. No en vano acaban de llegar prácticamente de tocar en el Telluride Bluegrass Festival en Colorado (EE UU). Pero con lo que ha botado de verdad y se ha dejado la garganta ha sido al escuchar uno de sus éxitos como es Euro-Trash-Girl, la cañera Teen Angst (What the World Needs Now) o la versión brutal que han hecho de Low, otro temazo que nunca falla en sus conciertos. También ha habido sitio para recordar al bardo de Minnesota, Bob Dylan, con el tema You Ain't Goin' Nowhere, otra delicia para nuestros oídos, con la Harris endulzando la canción y el bajista cantándola.

Enfilando ya la parte final del set han vuelto a ponerse melosos, ayudados por un violín que daba gusto escuchar. La canción Another Song About the Rain ha sido el broche de oro, con un punteo de guitarra que ha terminado por llenar un Bilbao Arena que apenas si tenía media entrada.

Cracker siempre son apuesta segura.

Etiquetas
stats