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El rock progresivo y estridente de Beat ahuyenta el ‘fantasma’ de la ausencia de Tom Morello

La banda Beat en la segunda jornada del BBK Legens.

Aitor Guenaga

Bilbao —

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Al final, el fundador de Rage Against The Machine (RATM) Tom Morello no pudo desenfundar su afilada guitarra antifascista en el BBK Music Legends y la superbanda Beat tuvo que emplearse a fondo con su rock progresivo (y más) de los trabajos de King Crimson de los años 80 para llenar un hueco que, por momentos, llegó a parecer un auténtico agujero negro. Y junto con las contundentes guitarras de los suecos Graveyard lograron sostener el cartel de este sábado entre el rock progresivo de la etapa ochentera de King Crimson y los trallazos de rock pesado de la banda comandada desde Suecia por Nilsson y Larocca-Ramm.

Esta crónica del segundo y último día del Music Legends, con Tom Morello al mando, bien podía haberse titulado: “Cuidado Trump, Morello acecha con su ejército de rebeldes”. Pero no ha podido ser. La razón es de todos conocida: el BBK Legends Bilbao entró en la UCI el jueves a partir de las 16:21 cuando la Organización del festival remitió a los periodistas acreditados una nota en la que se anunciaba que Morello, el cabeza de cartel más esperado de la X edición, se caía definitivamente del cartel. La razón: la nueva hospitalización de su madre. El propio guitarrista envió un mensaje con esta leyenda: “Mi querida madre, Mary Morello, ha vuelto a ser ingresada en el hospital y regreso a casa para ayudar a cuidarla”.

¿Y ahora qué? No había tiempo material para sustituir a un artista de ese nivel que, además, ofrecía en la capital vizcaína el único concierto español de su gira europea. Junto a los problemas añadidos por las decisiones sobre el reembolso solo parcial del dinero para las personas que habían adquirido un bono para los dos días -ya se han presentado quejas ante Kontsumobide por público del Legends que considera que “la política cicatera de devoluciones” para los que habían adquirido el bono no tiene un pase- la organización del festival encaraba un reto de difícil solución.

La respuesta fue que Beat ampliara su repertorio hasta las dos horas, un set-list en el que rememoran la etapa en la que Belew y Levin militaron en la banda de Robert Fripp cuando entraron en los estudios para grabar el Discipline (1981), Beat (al año siguiente) y Three Of A Perfect Pair (1984).

La nueva superbanda integrada por el guitarrista Adrian Belew (en formaciones como la de Talking Heads, Frank Zappa o David Bowie), el bajista Toni Levin (Peter Gabriel), el virtuoso del hacha Steve Vai y el baterista Danny Carey (Tool) ha tenido que echarse el festival a la espalda este sábado y sacar al Music Legends de la parada cardiorrespiratoria en la que había entrado el jueves, y con él todo el público que soñaba con la guitarra cuchilla andante de Morello.

Un respetable que sobre todo quería volver a saltar con un clásico como el Killing in the Name y gritar aquello de “Now you do what they told ya” (ahora haces lo que te dijeron), para pasar después al “Fuck you I don’t do what you told me” (Que te jodan, no haré lo que me dices) Motherfickerrrrrrrsssssss!, mientras los pogos se multiplicaban por todos los recintos musicales del mundo. El sueño se volatilizó. RATM no pudo tocar en España en 2022 -tras el accidente de su cantante, Zack de la Rocha- y finalmente Morello se dejó ver (con su hijo Roman) en el Madcool de hace dos años. Es como si el mal fario de Morello y compañía no hubiera terminado aún.

Beat desgranó este sábado 17 temas sobre el escenario presidido por la imagen de un Elefante gigante y regaló dos más -Red y Thela Hun Ginjeet- en los bises. En total, dos horas de música muy variada, con un descanso de unos 20 minutos. Beat cabalgó por la sinuosa propuesta del rock progresivo parido por el alma mater de la banda formada por Robert Fripp a finales de los años 60, King Crimson. Propuesta aderezada con toques de música étnica, ritmos desenfrenados y una potencia rítmica con un baterista como Danny Carey que brilló por derecho propio durante toda la noche y la sabiduría del bajista Toni Levin.

La verdad es que Steve Vai volvió a pasear su conocido virtuosismo a la guitarra, vestido para la ocasión con unos pantalones (primero grises y luego negros) no de pata ancha, sino anchísima. El segundo set fue literalmente colonizado por su especial forma de rasgar las seis cuerdas. A ratos virtuoso, a ratos teatrero con sus conocidas posturitas, Vai hizo magia con su instrumento. Junto a esa revolucionaria forma de expresarse con la guitarra, la voz de Adrian Belew -que conectó con el público desde que sonó el primer tema, Neurotica- llenó todo el Bilbao Arena de unos registros, a veces tan altos que, en ocasiones, sonaron un tanto estridentes. En el segundo bloque, Belew también se cambió de ropa y se puso un traje blanco coronado por un sombrero negro.

Durante dos horas, desgranaron clásicos del repertorio de los Crimson como Frame by Frame -aclamado por el público desde los primeros compases ya en el segundo bloque- y Elephant Talk -en este tema, se iluminaron los ojos del enorme paquidermo que presidía la parte de atrás del escenario-. En el primer set del concierto destacaron temas como Neal and Jack and Me o el más tranquilo Heartbeat.

A sus 76 años, Adrian Belew se presentó como lo que es, una leyenda digna del BBK Legends. Al final del concierto, agradeció a Robert Fripp su generosidad por permitir que de nuevo sonara su música de los 80 en los escenarios, aunque él no participa en este proyecto de superbanda en la que los egos no chocaron en ningún momento.

Rock pesado de Graveyard

Graveyard, la banda sueca de hard rock comandada por los guitarristas Joakim Nilsson y Jonatan Larocca-Ramm abrieron boca entre el personal con su particular manera de entender el contundente sonido de las hachas. La guitarra de Morello llama a la acción. A repartir armas en forma de canciones para los sintecho, los rebeldes y desheredados del mundo. Las de los Graveyard han sonado este sábado especialmente contundentes, pesadas, aunque sus letras estén más centradas en la existencia y la mortalidad o la inadaptación en las sociedades modernas. Con un volumen escaso comparado con el sonido que posteriormente desplegaría Beat, la banda sueca demostró solvencia a raudales.

Con los habituales cambios de ritmo, los punteos doblados y ese fraseo arrastrado del líder de la banda, Joakim Nilsson, pudimos disfrutar de un repertorio contundente en el que los Graveyard navegaron entre el rock, el blues y toques de psicodelia con un guitarra solista (Jonatan Larocca-Ramm) que recorría todo el mástil de su instrumento sin despeinarse. Alejado completamente de las alharacas y la teatralización que luego mostraría Steve Vai con Beat. Brilló también el bajista Truls Mörck, con su rickenbacker, su voz, sus signos de la paz al término de las canciones y sus continuados agradecimientos a un público que lleva muchos años apoyando a los suecos en todas sus visitas a Euskadi (han tocado varias veces en el Azkena Rock Festival).

A las 23:23, después de que los ojos del enorme elefante de Beat volvieran a iluminarse por última vez en los bises, se encendieron las luces del Bilbao arena. Esta edición, con muchos menos grupos, con el sobresalto de Tom Morello, la repetición de cabezas de cartel en apenas tres años (Chis Isaak), sin los escenarios en el exterior del Arena donde las bandas locales hacían las delicias del público, los problemas con la devolución parcial del dinero… han dejado un tanto tocado un festival que debe reinventarse y darle a la tecla F5. Ojalá se volviera al bello escenario de la Ola, en el municipio vizcaíno de Sondika, algo que en todo caso no parece estar sobre la mesa de la organización.

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