Con origen en los siglos VI-V a.C., este parque arqueológico es el mayor recinto fortificado marítimo de toda la costa asturiana
El Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres se erige como un balcón al Cantábrico, ofreciendo una espectacular vista sobre la bahía y el puerto de El Musel. Este enclave destaca por sus tesoros históricos y por una valiosa biodiversidad que lo convierte en un punto privilegiado para observar diversas especies de aves locales. Su diseño responde a una visión moderna del patrimonio, donde los vestigios del pasado se integran de manera armónica en su paisaje vegetal original para el deleite de todos los que deciden visitar y conocer de cerca este magnífico paraje asturiano.
Este rincón costero alberga el castro marítimo más grande de Asturias, con una extensión arqueológica de 50 mil metros cuadrados en su totalidad. Los orígenes de este asentamiento fortificado se remontan a los lejanos siglos V y IV a.C., cuando estuvo habitado por los cilúrnigos, una antigua tribu de la Edad del Hierro. Estos pobladores destacaron especialmente por su avanzada actividad metalúrgica, centrada sobre todo en la fundición de piezas de bronce. El castro supuso un núcleo dinámico de comercio e interacción cultural, evidenciado por el hallazgo de valiosos objetos procedentes del sur peninsular que revelan intercambios comerciales a larga distancia a través de intermediaciones.
La llegada del Imperio Romano en el siglo I de nuestra era marcó una profunda transformación para el poblado, que pasó a ser mencionado en los textos clásicos bajo el nombre de oppidum Noega. Durante este periodo de dominación, el recinto experimentó una reestructuración urbanística notable, introduciendo nuevas tipologías constructivas y materiales romanos. Sin embargo, este florecimiento fue el preludio de su definitivo ocaso histórico, ya que la posterior fundación de la urbe romana de Gegionem, en el actual barrio de Cimavilla a inicios del siglo II, inició un proceso de despoblación gradual que culminaría con el total abandono de la Campa Torres y su posterior desaparición física de forma paulatina.
El interés por desenterrar los secretos que guardaba el cabo se inició de manera pionera en el último tercio del siglo XVIII, gracias al empeño del ilustre político Gaspar Melchor de Jovellanos. Este encargó al reconocido arquitecto Manuel Reguera González unas excavaciones arqueológicas destinadas a localizar el origen de una lápida romana dedicada al emperador Augusto. Tras aquellas tempranas investigaciones, el yacimiento permaneció en el olvido hasta que en el año 1972 el investigador José Manuel González lo catalogó oficialmente como recinto castreño. A partir de aquí se abrió el camino para las campañas de excavaciones sistemáticas y científicas, que se desarrollaron de forma ininterrumpida entre 1982 y 1996.
Quienes recorren el yacimiento pueden distinguir claramente dos sectores diferenciados que ilustran la evolución cotidiana y defensiva del poblado a lo largo de los siglos. En la zona más elevada y de mayor vulnerabilidad terrestre se sitúan las imponentes obras de defensa, compuestas por un foso tallado en roca, un contrafoso y la gran muralla modular. Por otro lado, en la ladera inferior se distribuyen los restos de habitación, donde contrastan de forma visual las antiguas cabañas prerromanas de planta circular con las viviendas romanas de estructura rectangular. En este sector también se conservan pozos de agua revestidos de mampostería y hornos de fundición de bronce bajo las casas.
Inaugurado de manera oficial en 1995, el parque se presenta hoy como un auténtico oasis verde que resiste con gallardía en medio de un complejo entorno fuertemente industrializado. El recorrido recomendado se inicia en el moderno edificio de recepción de visitantes, donde se ofrece una completa introducción didáctica sobre la arqueología de todo el concejo. Desde allí parte un cuidado itinerario arqueológico autoguiado que discurre a lo largo de trece puntos de observación estratégicos. Estos paneles informativos no solo ayudan a identificar los elementos clave del yacimiento, sino que aportan interesantes datos sobre las especies vegetales de este cabo costero y su evolución histórica en el paisaje.
Talleres didácticos
Uno de los grandes atractivos de la visita es el singular museo del parque, una instalación que aprovecha de forma creativa un búnker de artillería de costa construido durante la Guerra Civil española. En este espacio se expone una colección permanente que realiza un detallado viaje por la historia del poblado desde sus orígenes hasta la época romana. Las vitrinas muestran valiosos restos materiales rescatados directamente de las excavaciones, enriquecidos con detalladas maquetas explicativas, recursos interactivos y videos ilustrativos. El edificio cuenta además con talleres didácticos, salas temporales y un magnífico salón para conferencias científicas y charlas destinadas a la divulgación general.
El circuito histórico concluye de forma idílica en el Faro de Cabo Torres, construido en 1923, que alberga una exposición permanente sobre la historia de este edificio portuario, del cabo y de su fondeadero. En su planta superior se ubica la prestigiosa Biblioteca y Centro de Documentación Manuel Fernández-Miranda. Este parque arqueológico es gestionado por el Ayuntamiento de Gijón y el acceso al recinto municipal es gratuito. El enclave abre de martes a domingo, invitando a descubrir la identidad e historia asturiana bajo el rumor de las olas del mar que baten con fuerza en este acantilado.
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