La agradable ruta que transcurre entre ríos, arroyos y molinos harineros construidos en el siglo XV en esta provincia andaluza
Se puede recorrer en la provincia de Huelva y es una de las rutas patrimoniales y naturales más singulares de toda Andalucía, un corredor que serpentea entre ríos, arroyos serenos y un valioso legado etnográfico compuesto por molinos harineros. Conocida como la Vía verde de los molinos del agua, esta senda cruza las comarcas del Condado y la Campiña, ofreciendo al caminante un trayecto de escasa pendiente y gran belleza. A lo largo del recorrido, el rumor constante del agua acompaña al viajero entre pinares, dehesas de alcornoques y frondosos bosques de eucalipto. Este enclave constituye un refugio ecológico de incalculable valor y un testimonio vivo de la convivencia histórica entre el trabajo humano y el dinamismo de los cauces fluviales.
El origen de este trazado histórico se vincula a la antigua línea del ferrocarril minero de la compañía El Buitrón, el primero en entrar en funcionamiento en Huelva entre los años 1870 y 1969. Aquella vía férrea, construida para conectar las minas de Buitrón con el puerto de San Juan del Puerto, ha resurgido hoy convertida en un itinerario accesible para senderistas y cicloturistas de todas las edades. Al recorrer municipios como San Juan del Puerto, Trigueros, Beas o Niebla, la ruta reutiliza viejas estaciones restauradas que funcionan como centros de interpretación. La transformación de la vía industrial ha permitido reconvertir la huella minera en un espacio de esparcimiento sostenible donde la rica historia local se descubre a cada paso.
Uno de los grandes atractivos de esta caminata es el singular río Tinto, cauce único declarado Paisaje Protegido por sus extraordinarias características paisajísticas y medioambientales. Las aguas de este río destacan por su acidez y por su elevado contenido en sales ferruginosas, responsables de la gama de colores rojizos que bañan sus orillas. Debido a este fenómeno, la vegetación de ribera tradicional es casi inexistente, dotando a la zona de un aspecto hipnótico que evoca parajes extraterrestres. Tanto es así que agencias científicas de prestigio como la NASA han realizado importantes investigaciones en sus aguas por sus notables analogías con el planeta Marte.
Riberas abajo, el aprovechamiento de la corriente dio lugar a la edificación de numerosos molinos harineros documentados en la provincia desde el siglo XV. Durante la Baja Edad Media, la riqueza cerealista motivó la construcción de complejos hidráulicos e ingenios mareales en los esteros de Moguer, San Juan del Puerto y Huelva. Registros de la época constatan la relevancia de construcciones como el Molino Nuevo, propiedad del Duque de Medina Sidonia en 1510, o los molinos del Pasaje y Anicoba. Llegó a haber en la provincia más de trescientos molinos dedicados a la molienda de trigo, una prolífica industria artesanal que garantizaba el pan a las poblaciones.
En la actualidad, la comarca del Condado de Huelva conserva un valioso inventario compuesto por 23 molinos distribuidos a lo largo del curso fluvial. Términos municipales como Niebla, Villarrasa, Paterna del Campo y Moguer albergan ejemplos sobresalientes de esta arquitectura popular. Destacan en Niebla siete molinos de piedra junto al cauce, entre los que figuran los de la Puerta del Buey, el Cuervo y el Puente, frente a las murallas árabes. Asimismo, en Villarrasa se aprecian cinco estructuras emblemáticas como los molinos de Gadea, La Vadera, Juan Muñoz, de la Torre y Centeno, que conforman una estampa fotográfica muy admirada en la provincia.
La arquitectura de estos ingenios se caracteriza por sólidas fábricas de piedra, mampostería y ladrillo macizo, levantadas junto a pequeñas presas o azudes para reconducir la fuerza del agua. Una de las peculiaridades más fascinantes en localidades como Villarrasa es el tono rojizo que han adquirido los sillares de piedra, teñidos progresivamente por la inmersión continuada en las aguas cargadas de hierro del río Tinto. Lejos de ocultarse, las ruinas se muestran plenamente visibles en el paisaje, integrándose de forma armónica en la ribera. Estas edificaciones rurales con bóvedas de cañón o tejados a dos aguas representan un patrimonio histórico-industrial de incalculable valor etnológico para la zona.
Atractivo turístico
El funcionamiento interno de estas complejas máquinas hidráulicas combinaba una notable sencillez mecánica con un profundo conocimiento de la física. El agua canalizada a través del cao descendía hasta la cárcava o infierno, donde impactaba contra las paletas de un rodezno horizontal de pino. Los artesanos evitaban los herrajes de hierro para impedir la pronta corrosión causada por el pH ácido del cauce. La fuerza del rodezno se transmitía mediante el árbol hasta la sala superior, haciendo girar la piedra volandera sobre la solera asentada en el alfanje. Mediante este engranaje, el trigo vertido desde la tolva quedaba reducido a harina recogida directamente en el contenedor del harinal.
Hoy en día, la recuperación de este valioso legado etnográfico ha convertido la antigua ruta harinera en un atractivo destino turístico que combina naturaleza, cultura e historia. La vía se integra en itinerarios culturales de relevancia como la Ruta al-Mutamid, atrayendo a numerosos visitantes deseosos de recorrer sus caminos a pie o en bicicleta. Las administraciones locales promueven rutas guiadas para preservar estas joyas de la ingeniería popular onubense. Visitar los molinos del río Tinto supone una oportunidad única para redescubrir un patrimonio olvidado, donde la huella del siglo XV y la fuerza de la naturaleza continúan cautivando a las nuevas generaciones de viajeros.
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