De Ayerbe a Chistau: el mapa de las carreteras que mantiene movilizada a la toda provincia de Huesca
La provincia de Huesca ha puesto el foco en el estado de sus carreteras con el primer ‘Martes Negro Provincial’, una movilización coordinada que ha reunido esta semana a vecinos y plataformas de distintos puntos del territorio para reclamar mejoras en unas vías que consideran esenciales para garantizar la seguridad, la movilidad y la supervivencia de los pequeños municipios. Las concentraciones han tenido lugar de forma simultánea en Albalate de Cinca, Estiche, Sariñena y Biscarrués, dentro de una iniciativa que las plataformas promotoras pretenden mantener el primer martes de cada mes.
La protesta, celebrada el pasado martes, ha puesto en común reivindicaciones que hasta ahora se habían planteado de manera separada y que afectan a carreteras como la A-1239, A-130, A-131, A-125, A-2605, A-2609, A-2214 y la carretera del valle de Vió. Para los colectivos, el problema no se limita al firme: el deterioro de estas vías condiciona el acceso a servicios públicos, encarece el transporte, dificulta la actividad agrícola y ganadera y supone un obstáculo añadido para fijar población en unos territorios especialmente dependientes de unas buenas comunicaciones.
En la Hoya de Huesca y el entorno de las Cinco Villas, una de las carreteras que mejor resume esta situación es la A-125 entre Ayerbe y Ardisa. La Justicia de Aragón reclamó en junio al Gobierno autonómico que ejecutara cuanto antes las actuaciones previstas, especialmente en los aproximadamente diez kilómetros entre ambas localidades, después de recibir numerosas quejas por el mal estado de la vía y el elevado tráfico que soporta, incluido el de vehículos pesados y maquinaria agrícola.
El proyecto para acondicionar este tramo fue aprobado en 2025 con una inversión prevista de 7,6 millones de euros, pero a mediados de 2026 continuaba pendiente de licitación por cuestiones presupuestarias. Los vecinos y responsables municipales han denunciado durante años la presencia de baches y socavones y la peligrosidad de una carretera que conecta la Hoya de Huesca con las Cinco Villas y que soporta un volumen de tráfico importante para sus características. En mayo de este año, además, se produjo un accidente que volvió a situar el estado de la carretera en el centro de las reclamaciones.
Una reivindicación histórica
En los Monegros, la A-131, que comunica Huesca con Fraga, concentra igualmente una reivindicación histórica. El tramo entre Novales, Sesa y Huerto, aproximadamente entre los kilómetros 71 y 89, ha sido señalado por distintas iniciativas políticas y vecinales como prioritario para una actuación integral. En julio, Chunta Aragonesista reclamó que estos 18 kilómetros se incorporaran al Plan de Actuaciones Preferentes y recordó que el objetivo debería ser la modernización completa de una carretera que supera los cien kilómetros.
En abril, una edición del ‘Martes Negro’ se desarrolló precisamente en esta vía, con una marcha entre Huerto y Huesca de unos 32 kilómetros, mientras la Administración defendía que la carretera había quedado fuera del anterior plan de conservación y que parte de Los Monegros sí estaba contemplada en el nuevo programa. El Ejecutivo autonómico ha situado además la mejora de las carreteras con peor estado y mayor tráfico entre las prioridades del futuro Plan General de Carreteras 2025-2040, que todavía se encontraba en elaboración.
La reivindicación monegrina alcanza también a la A-129, otra de las carreteras incluidas por las plataformas en el mapa de vías que consideran necesitadas de actuaciones. Su inclusión en el ‘Martes Negro Provincial’ responde a esa voluntad de reunir en una misma protesta problemas que afectan a diferentes territorios y que, según los colectivos, tienen un denominador común: firmes deteriorados, falta de mantenimiento, trazados que consideran inseguros y actuaciones que se anuncian o se reclaman durante años sin que las obras lleguen a materializarse. La protesta provincial pretende precisamente que estas reivindicaciones dejen de funcionar como conflictos aislados y que las administraciones afronten el estado de la red viaria como un problema de conjunto.
En el Cinca Medio y el Bajo Cinca, la A-130 entre Alcolea de Cinca y Monzón concentra otra de las reclamaciones. Son unos 26 kilómetros por los que circulan alrededor de 2.900 vehículos diarios, según los datos manejados por la plataforma Alegría de Monzón, con una presencia especialmente elevada de tráfico pesado. El colectivo sostiene que existe desde 2023 un proyecto para actuar sobre la carretera, con un presupuesto aproximado de cinco millones de euros, pero denuncia que las obras no se han ejecutado.
Los usuarios han descrito la vía como prácticamente impracticable en algunos puntos y han advertido de problemas derivados de su estrechez, especialmente en el tramo entre Alcolea y Santalecina, donde el cruce de camiones resulta complicado y también circulan autobuses escolares. El Gobierno de Aragón sí ha impulsado actuaciones específicas en los tramos urbanos de Alcolea, pero estas obras no equivalen a la reforma integral de los 26 kilómetros de la carretera.
También en este ámbito territorial se encuentra la A-1239, entre Albalate de Cinca y Esplús, en el eje hacia Binéfar, uno de los puntos que más tiempo lleva reclamando una solución. Vecinos y usuarios llevan más de dos décadas reclamando una actuación sobre una carretera caracterizada por los baches, los parches, la irregularidad del firme, la ausencia de arcenes y las deficiencias en la señalización. La presión social se ha traducido también en movilizaciones: en octubre de 2025 más de un centenar de personas participaron en una marcha de unos cinco kilómetros entre Esplús y Albalate para reclamar la mejora de la vía. En las Cortes de Aragón se han aprobado iniciativas para impulsar su acondicionamiento y el Gobierno autonómico ha asegurado que había dado pasos para poder actuar, a la espera de la disponibilidad presupuestaria.
De Candasnos a Ontiñena
El mapa del Bajo Cinca se completa con la A-2214, que conecta Candasnos con Ontiñena a lo largo de algo más de 23 kilómetros. La vía soporta tráfico vinculado a explotaciones agrícolas y ganaderas y a actividades industriales de la zona y presenta, según los usuarios y responsables municipales, un firme muy deteriorado, ausencia de arcenes y problemas para el tránsito de vehículos pesados. El alcalde de Candasnos, Santiago Guayarte, calificó en junio la situación de “penosa” y advirtió de que la futura salida de la autovía podría incrementar todavía más la circulación.
En el Pirineo, las reclamaciones tienen además un componente añadido: en muchos casos se trata de las únicas vías de acceso a valles y localidades de montaña. La A-2605, entre Jaca y el entorno de Aísa, es otro ejemplo. La A-2609, entre Salinas de Sin y Plan, plantea otro problema para los habitantes del valle de Chistau. Sus algo más de doce kilómetros constituyen el principal acceso por carretera a Plan, San Juan de Plan y Gistaín y discurren por una infraestructura muy antigua, con túneles estrechos y dificultades para el cruce de vehículos de grandes dimensiones. Las reclamaciones han señalado durante años el deterioro del firme, la falta de iluminación y los problemas de humedad, hielo y seguridad en algunos de los túneles.
A este mapa pirenaico se suma la carretera del valle de Vió, entre Sarvisé, Fanlo y Escalona, incluida por las plataformas en la movilización provincial como otro ejemplo de las dificultades que afectan a los accesos de los valles pirenaicos y a pequeños núcleos de población. Se trata de una vía que articula las comunicaciones entre el valle del Cinca, Vió y el entorno de Broto y que tiene una importancia especial para localidades con una población reducida y una fuerte dependencia de sus comunicaciones por carretera. La reivindicación del ‘Martes Negro Provincial’ pretende precisamente superar la suma de problemas locales para convertirlos en una reclamación común ante las administraciones.