El 'erasmus rural' acerca a los jóvenes a los pueblos, pero no basta para fijar población
Los programas de prácticas universitarias en entornos rurales, conocidos como Erasmus Rural, han demostrado ser una herramienta eficaz para acercar a los jóvenes a la realidad de los pueblos, pero por sí solos no son suficientes para generar arraigo y favorecer que estos estudiantes se establezcan en el medio rural. Es una de las principales conclusiones de un informe elaborado por la Cátedra DPZ sobre Despoblación y Creatividad de la Universidad de Zaragoza.
El estudio, presentado este lunes en la Diputación Provincial de Zaragoza, analiza diferentes iniciativas de este tipo a partir de 700 respuestas de estudiantes y 540 de entidades participantes. Entre los programas estudiados figuran Desafío, Arraigo, Campus Rural, UCLM Rural, Odisseu, Raíces/Sustraiak, Talent Rural e Impuls Rural. La diputada provincial Cristina Palacín ha destacado los “muchos impactos positivos” que han generado estos programas desde su puesta en marcha en 2018, así como su capacidad para cambiar la percepción sobre la despoblación. En su opinión, los Erasmus rurales permiten conectar “el mundo académico y el mundo laboral” y acercar las ciudades al medio rural.
El programa se ha replicado en otros territorios como Huesca, Teruel, Castellón, Alicante y Navarra y, según los datos expuestos durante la presentación, alrededor del 10% de los estudiantes que realizaron las prácticas acabaron quedándose en un pueblo, aunque no se dispone de información sobre cuántos continúan residiendo allí actualmente.
“Cuando lo copian, lo imitan o lo replican en otros lugares, quiere decir que está bien”, ha señalado el director de la Cátedra, Vicente Pinilla. El modelo sirvió también de referencia al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) para poner en marcha hace tres años el programa Campus Rural.
El empleo, la vivienda y las infraestructuras, principales obstáculos
El informe apunta, sin embargo, a un cierto “desacople” entre los jóvenes universitarios y la realidad rural. Solo el 14% de los estudiantes encuestados procede de localidades de menos de 5.000 habitantes. Además, las prácticas se concentran principalmente en las áreas de ciencias sociales y jurídicas, artes y humanidades y ciencias de la salud, y se desarrollan mayoritariamente en entidades públicas como ayuntamientos, grupos LEADER o centros de salud.
La experiencia durante las prácticas recibe una valoración muy positiva por parte de los estudiantes, con una nota media de 8,92 sobre 10. Solo una decena de participantes la puntuó por debajo de cinco, principalmente por problemas relacionados con la entidad de acogida, como el “mal ambiente laboral”.
Entre los aspectos mejor valorados figuran precisamente la acogida por parte de las entidades, los vínculos personales y profesionales creados, y el atractivo de los municipios rurales como lugar para vivir. La principal valoración negativa se refiere al acceso a Internet y a los servicios, que recibe un 5,4 sobre 10.
Los jóvenes señalan además la falta de oportunidades, especialmente laborales, como uno de los principales problemas para plantearse un futuro en estos territorios. A ello se suman las carencias en infraestructuras, servicios, comercios, vivienda asequible y en buen estado y posibilidades de ocio, así como la dificultad para encontrar población de su misma edad.
No obstante, uno de los autores del informe, Adrián Palacios Mateo, ha advertido de que existe cierto sesgo de “percepción” en las respuestas de los jóvenes, especialmente respecto al ocio, ya que estos pueden comparar las posibilidades de los pueblos con las de las ciudades pese a que se trata de modelos de ocio diferentes.
En cualquier caso, ha señalado que incluso una mejora de las infraestructuras y de la oferta de ocio probablemente no elevaría de forma “muy alta” el porcentaje de jóvenes dispuestos a establecerse en un municipio rural. Son, por tanto, factores determinantes, pero no necesariamente “decisivos”.
Las entidades tampoco tienen capacidad para contratarles
El informe también recoge la perspectiva de las entidades que participan en estos programas, cuya valoración de las experiencias es incluso superior a la de los estudiantes, con un 9,3 sobre 10.
Estas organizaciones consideran que las prácticas sirven para “desmitificar” los estereotipos sobre la vida en el medio rural, pero la mayoría reconoce que no contrataría posteriormente a los estudiantes. Entre los motivos aparecen la imposibilidad de convocar oposiciones en el caso de las administraciones públicas y la falta de capacidad económica.
Pinilla ha añadido que el tejido empresarial rural suele ser “débil”, lo que limita las posibilidades de que las prácticas se conviertan en empleos estables. Además, los objetivos de las entidades y los estudiantes “no suelen ser exactamente los mismos”.
Las organizaciones sí muestran una mayor disposición a que los jóvenes emprendan o pongan en marcha un negocio en el territorio, aunque esta posibilidad no figura entre las principales prioridades de los universitarios y recién graduados.
El estudio detecta finalmente una diferencia significativa en la percepción de las condiciones de vida en los pueblos. Las entidades valoran mucho mejor que los estudiantes aspectos como la conectividad, la vivienda, los servicios y las infraestructuras. Según los autores, esto puede indicar que quienes ya viven y trabajan en estos territorios infravaloran algunas de las barreras que perciben los jóvenes que podrían convertirse en nuevos residentes.
La conclusión del informe es, por tanto, que los Erasmus rurales tienen un importante valor como vía de contacto entre los jóvenes y el territorio, pero necesitan complementarse con políticas que actúen sobre el empleo, la vivienda, los servicios y las condiciones de vida si el objetivo final es conseguir un arraigo duradero.