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Las ingenieras aragonesas debaten sobre el futuro de la profesión: “Seremos más digitales, pero también más humanas”

“Las grandes obras no se consiguen con la fuerza, sino con la perseverancia”. Con esta frase de Emily Warren Roebling, una de las mujeres que hizo posible la construcción del Puente de Brooklyn, podría resumirse el espíritu de la I Jornada del Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería celebrada en Aragón.

Porque la verdadera obra que ha comenzado a construirse el 26 de junio en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza no ha sido una infraestructura, sino una alianza. Por primera vez, los colegios profesionales de ingeniería de la comunidad -Industriales, Montes, Telecomunicación y Agrónomos- han respondido a la iniciativa de la Demarcación de Aragón del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos para reunirse en torno a un objetivo común: hacer visible el talento femenino, despertar nuevas vocaciones y reflexionar sobre el futuro de una profesión que está llamada a transformar el mundo.

A lo largo de la jornada quedaba claro que la ingeniería del futuro será digital, innovadora y sostenible, pero también necesariamente más humana. Un mensaje que se repetía desde la inauguración hasta la clausura y que encontraba eco en todas las intervenciones de las ponentes.

Aprovechar todo el talento disponible, más allá del género

Una de las palabras más repetidas por las 16 ingenieras ponentes ha sido “talento”. La sociedad necesita “todo el talento disponible y puntos de vista diversos”, apuntaba Pilar Brufau, primera directora mujer de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de Zaragoza. Una idea que completaba Mónica Remacha, directora de la Escuela Universitaria Politécnica de La Almunia, invitando a derribar la imagen, “todavía demasiado extendida entre muchas jóvenes” aseguraba, de que la ingeniería es únicamente una carrera difícil. “La ingeniería es una forma de pensar, de vivir y de afrontar los retos”, recordaba como ingeniera.

En la actualidad, el porcentaje medio de alumnas en esta profesión se sitúa entre el 25 y el 30 por ciento, en algunas ramas como Telecomunicación o Informática las cifras son todavía más bajas. Y Aragón no es una excepción. “Por eso es tan importante organizar jornadas como estas, que permiten visibilizar el trabajo de las mujeres en la ingeniería”, apuntaba Pilar Fiteni, porque no puedes querer lo que no sabes que existe. 

Tecnología sí, humanidad también 

La primera mesa redonda, moderada por Pilar Fiteni Mera, vicedecana de la Demarcación de Aragón del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y ingeniera Industrial, permitía comprobar cómo disciplinas muy distintas comparten hoy preocupaciones comunes. La ingeniera agrónoma Elena Lanuza Sanvicente defendía que tecnologías como los gemelos digitales marcarán el futuro, pero insistía también en que “el factor humano es fundamental”. Desde el ámbito de las telecomunicaciones, Beatriz Calvo Pérez alertaba de que el desarrollo de la inteligencia artificial obliga a afrontar nuevos retos relacionados con la ética, los sesgos, la gobernanza y la propiedad intelectual. Por su parte, la ingeniera de Caminos Lorena Reula Gil recordó que la tecnología nunca sustituirá el criterio profesional ni la capacidad de observar, comunicar y decidir, mientras que la ingeniera industrial Ana María Moreno Lorente ponía el foco en el enorme reto que supondrá la digitalización de las infraestructuras y de la movilidad.

También quedaba patente que la innovación tecnológica avanza a gran velocidad y que la legislación deberá evolucionar para acompañarla. La inteligencia artificial, la digitalización o los nuevos modelos de movilidad abren oportunidades extraordinarias, pero también exigen responsabilidad, regulación y una reflexión ética permanente. La revisión de la “forma de vender la profesión” para hacerla más atractiva, trabajando la comunicación y la difusión de la ingeniería son otros de los retos que las ingenieras han puesto sobre la mesa en esta Jornada que se ha articulado a través de la Cátedra Mariano López Navarro de la Universidad de Zaragoza. 

El liderazgo del futuro

En toda la jornada emergía una idea compartida por todas las participantes: el futuro no se construirá únicamente con competencias técnicas. La ingeniería necesitará cada vez más profesionales capaces de trabajar en equipo, generar confianza, liderar proyectos intergeneracionales, comunicar, acompañar y adaptarse. Las nuevas generaciones “buscan propósito, flexibilidad y crecimiento personal” apuntaban las ingenieras Rosa Vicente y Patricia Heredia. Ambas trabajan con personas jóvenes, la primera como docente en EUPLA y la segunda con proyectos con niños y adolescentes, lo que les permite tener una visión muy real de las necesidades y demandas de las ingenieras y los ingenieros del futuro, y la “profesión deberá saber responder también a esas expectativas”, han advertido.

También se ponía en valor el importante papel que juegan las ingenieras con mayor recorrido en equipos cada vez más intergeneracionales, “aportan experiencia, conocimiento y confianza”, apuntaba Teresa Alós. También en esa línea, Catalina Padilla reconocía que hay equipos muy diversos “que funcionan realmente bien”, es cuestión de respeto. Una reflexión compartida también por Isabel López, ingeniera de Montes que sustituía en el último momento a sus compañeras María Isabel Ureta y Ana Oliván, ambas convocadas por el CECOPI y el puesto de mando por el complicado incendio declarado en la localidad de Tamarite de Litera, Huesca. “La mejor ponencia que han podido hacer hoy nuestras compañeras ha sido desde sus puestos de trabajo”, reconocía Ignacio Pérez-Soba Díez del Corral, decano del Colegio de Ingenieros de Montes en Aragón. 

“Cuando quería ser ingeniera pasaba mucho tiempo observando. Que eso no se pierda”

Era la confesión que Loren Reula, ahora directora gerente de la sociedad municipal Zaragoza Vivienda e Ingeniera de Caminos hacía al foro en una de sus intervenciones. Y quizá esa frase encierra una de las principales conclusiones del encuentro: La ingeniería dispone de talento. Mucho talento. Pero necesita seguir incorporando miradas diferentes y aprovechar todo su potencial. “Las mujeres que se quedan fuera o no terminan la carrera porque no ven retos asumibles o se quedan en la complejidad y dureza de los primeros años de carrera, son una oportunidad perdida”, reconocían todas las ponentes, e incluso algunos miembros del público, que también generaron un interesante debate durante una ronda de preguntas abierta en la segunda mesa, titulada ‘Liderazgo, talento y futuro’. Un momento en el que se expusieron nuevas realidades como “la necesidad de las nuevas generaciones de conocer cuál va a ser su progresión dentro de una empresa, una petición considerada ”prematura“ por parte de algunos asistentes. La nueva modalidad de teletrabajo, las oportunidades de formación en el extranjero, la necesidad de saltar a nuevos proyectos para ”seguir aprendiendo y no estancarse“, o el dilema que esta ”movilidad“ genera en las empresas a la hora de apostar por formar a sus trabajadores. La idea de un modelo anglosajón que está calando en la sociedad europea, está haciendo replantear algunas bases que se consideraban inamovibles en ”nuestra cultura de trabajo“. Un reto que las ponentes de la jornada asumen que ya se está abordando, pero que habrá que seguir trabajando. 

El género importa y aporta

El crecimiento del número de mujeres ingenieras continúa siendo lento, aunque esperanzador, como alienta Mónica Remacha, y eso obliga a seguir trabajando para despertar vocaciones y ofrecer referentes. Desde Caminos Aragón insistieron en los buenos resultados, aunque prematuros, que su campaña de visitas a colegios e institutos ha tenido los dos últimos años: “Si queremos dejar huella tenemos que mostrarles lo que la ingeniería puede llegar a hacer”, apuntaba Patricia Heredia. La “motivación” apuntaba Pilar Fiteni y la “pasión con la que trasmites la profesión” son vitales, añadía Rosa Vicente. 

Porque, como se puso de manifiesto durante toda la jornada, abrir puertas, compartir conocimiento y dar visibilidad a quienes ya están transformando la ingeniería son al final la mejor manera, la más natural, de inspirar a quienes vendrán después. Al fin y al cabo, las grandes obras —las de hormigón y acero, pero también las sociales— nunca se levantan de un día para otro. Se construyen, como decía Emily Warren Roebling, con perseverancia.