Los restos del naufragio: arranca el “rescate arqueológico” del enclave neolítico que arrasó el 'rey del carbón'
La de la Cueva de Chaves, en plena Sierra de Guara (Huesca), es la historia de un enorme naufragio. Enclave único en la península para conocer cómo era la vida en la época neolítica, el empresario leonés Vitorino Alonso, conocido como el 'rey del carbón', arrasó en 2007 miles de años de historia para construir un pesebre y abrevaderos destinado a ciervos, muflones y gamos con que abastecer su coto privado de caza. “Se ha perdido más que si quedaran destruidas las ruinas de Pompeya”, llegó a afirmar en el juicio el arqueólogo Vicente Baldellou, ya fallecido y quien fue el primero en descubrir el destrozo. Ahora, casi dos decenios después, van a retomarse las investigaciones en la zona, aunque gran parte se ha perdido ya para siempre. El pasado jueves, un grupo de voluntarios participó en una jornada colaborativa para recoger restos de interés.
“Estamos recogiendo lo poco que queda de la ocupación neolítica”, asegura Rafael Domingo. Arqueólogo y profesor de Historia de la Universidad de Zaragoza, Domingo lidera la investigación que se va a desarrollar en la Cueva de Chaves. Por ahora, los trabajos se centran en recoger materiales que han quedado fuera de su lugar original, pero que todavía tienen interés patrimonial. Para ello, utiliza un geolocalizador para situar con exactitud cada uno de los hallazgos y posteriormente los marca y los recopila para su análisis posterior.
Vitorino Alonso empleó maquinaria de gran tonelaje para llevarse por delante más de 2.200 metros cúbicos de sedimentos que hubiese aportado claves sobre la forma de vida hace 15.000 años, en la etapa neolítica. ¿Qué hizo con ese cargamento de historia? Utilizarlo para obras en la propia finca, como un dique o caminos. Mientras, el espacio ganado lo empleó para la fauna que introdujo y que empleó para actividades cinegéticas.
Por estos graves hechos, el 'rey del carbón' ni siquiera llegó a pisar la cárcel: los dos años de prisión fueron conmutados al no tener antecedentes –Alonso sí acabó entre rejas, pero por delitos posteriores–. Y frente a la indemnización de 25,5 millones de euros se declaró insolvente. Eso sí, en cuanto el desenlace judicial sea firme el Coto de Bastarás, donde se ubica la Cueva de Chaves, pasará a ser de dominio público ya que lo embargará el Gobierno de Aragón.
“Un mapa organizado” de los restos
En la cueva han aparecido fragmentos de cerámica, piezas de sílex, cantos rodados y posibles restos de fauna. Julieta Calvo, de la Asociación Valle de la Gloria –una de las cuatro que participan en la reunión de voluntarios del jueves–, explica que con el sistema empleado se puede hacer “un mapa perfectamente organizado” de los restos que van apareciendo.
Marta Tejada, de la Asociación para la Defensa de la Función Pública (Apudepa), cuenta que la jornada busca comprobar “si en la propia superficie, sin excavar, sin hacer nada más que ver un poquito lo que hay en superficie, se pueden rescatar hallazgos de cierta relevancia que den pie también a unas excavaciones y a retomar esos trabajos de investigación”.
El problema es que la destrucción de la cueva hizo desaparecer buena parte de la información que estos objetos podían aportar. “Valor científico aporta muy poco porque está fuera de contexto. Han desaparecido todas las relaciones que pudiesen tener entre sí y con las zonas de ocupación de la cueva”, señala Rafael Domingo. Aun así, considera que los materiales tienen valor patrimonial y serán estudiados y catalogados antes de depositarse en el Museo de Huesca.
La Cueva de Chaves era uno de los dos yacimientos neolíticos más importantes de la península. Antes de su destrucción se habían excavado unos 110 metros cuadrados, alrededor de un 10% de la superficie que podía haber estado ocupada. “Quedaba un 90% por excavar que nunca se podrá acceder a ello porque fue arrasado”, explica el arqueólogo.
La pérdida afecta especialmente al conocimiento sobre las comunidades que vivieron allí durante el Neolítico. “Sabemos que la cueva se ocupó hace entre 14.000 y 15.000 años”, recuerda el profesor, que destaca las “condiciones de habitabilidad excepcionales” de la cueva: “Durante la prehistoria fue un lugar importantísimo para la vida humana en todo este territorio”, añade Rafael Domingo. El objetivo de los próximos trabajos será precisamente comprobar si todavía hay zonas que puedan aportar información sobre esas ocupaciones anteriores al Neolítico.
Cantos rodados
Entre los restos que se están recuperando destacan también los cantos rodados. Algunos pudieron utilizarse como herramientas y otros aparecen decorados. Según los investigadores, muchos proceden del barranco de Solencio, situada a unos 400 metros de la cueva, y fueron llevados hasta allí por sus habitantes. Su presencia también aparece relacionada con los enterramientos: en una de las excavaciones realizadas se encontró a un individuo cubierto por casi 300 cantos rodados. “Para ellos tenían importancia práctica o simbólica”, explica Rafael Domingo.
Los trabajos que se han realizado ahora son todavía iniciales. La cueva continúa siendo de propiedad privada, a falta de la resolución judicial del caso, y el acceso para investigar requiere autorización previa. La intención del equipo arqueológico es que, cuando el espacio pase a manos del Gobierno de Aragón, puedan organizarse campañas más amplias con estudiantes e investigadores. Mientras tanto, las asociaciones reclaman la protección de la cueva y que puedan normalizarse las visitas.