Un verano de máximo riesgo de incendios en Aragón con una superficie afectada casi 12 veces mayor

Los incendios han marcado el verano en Aragón. Durante una campaña en la que el riesgo muy alto se mantuvo desde mediados de junio hasta septiembre, salvo algunos días aislados, la comunidad ha vivido dos de los peores incendios de su historia: el de las Las Peñas de Riglos y el de Orés, que arrasaron miles de hectáreas y obligaron a desalojar decenas de poblaciones. En total, entre el 12 de junio y el 13 de septiembre se registraron 244 siniestros, un 64% más que la media del periodo 2005-2025, pero la superficie forestal afectada se elevó hasta las 35.675,02 hectáreas, casi 12 veces la media histórica.

El riesgo elevado fue una constante durante buena parte de la campaña. El nivel muy alto se mantuvo desde mediados de junio, con la excepción de algunos días aislados. Además, en alguna zona de Aragón se alcanzó el nivel rojo o rojo plus el 75% de los días de verano. Este nivel corresponde a un riesgo extremo, se activó durante cinco jornadas: el 26, 27 y 28 de junio en todo Aragón y el 10 y 12 de julio en determinadas comarcas.

El clima también puso las condiciones de partida para una campaña especialmente complicada. Junio fue extremadamente cálido, con una temperatura media 3,6 grados por encima de lo habitual, y muy seco, con solo el 24% de la precipitación media. Julio fue todavía más extremo: fue el mes más cálido y seco desde 1961, con una anomalía de 3,8 grados y apenas el 10% de la precipitación histórica. Agosto fue el mes más cálido de toda la serie histórica. Hasta el 13 de septiembre, el mes fue además extremadamente seco y muy cálido en buena parte de Aragón.

La vegetación acumuló esas condiciones y el resultado fue un verano con más incendios, pero sobre todo con fuegos capaces de alcanzar dimensiones muy superiores a las habituales. “Las condiciones meteorológicas han sido exigentes, pero no existe una única explicación para entender el comportamiento de los incendios. También importan las condiciones del territorio, la continuidad de la vegetación, la carga de combustible, los accesos y las infraestructuras de prevención”, ha explicado la directora general de Gestión Forestal, Ana Oliván.

El consejero de Medio Ambiente y Turismo, Luis Biendicho; la directora general de Gestión Forestal, Ana Oliván, y la Jefa de Servicio, Maribel Ureta, han presentado este balance, coincidiendo con el final del periodo de máxima activación de medios del dispositivo INFOAR. “Ha sido un verano extraordinariamente duro y los datos lo reflejan, pero este balance no puede limitarse a contar incendios y hectáreas. Tiene que servir para sacar conclusiones y tomar decisiones”, ha señalado Biendicho que también ha agradecido el trabajo de todos los profesionales que han participado en el operativo, desde las brigadas forestales y los Agentes para la Protección de la Naturaleza hasta técnicos, conductores, centros de coordinación, Protección Civil, servicios sanitarios, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, UME y dispositivos de otras comunidades autónomas.

Cinco grandes incendios concentran buena parte del impacto

Los 244 siniestros registrados suponen un incremento moderado frente a la media, pero el comportamiento cambia cuando se analiza su tamaño. Hubo 168 conatos, de menos de una hectárea, frente a los 119 de media de la serie histórica. Los incendios de más de una hectárea fueron 76, frente a los 30 habituales, un 153% más. La diferencia se dispara en la superficie: las 35.675,02 hectáreas forestales afectadas multiplican casi por 12 la media. En el caso de la superficie arbolada, se alcanzaron 26.537,03 hectáreas, más de 16 veces la media.

Cinco incendios superaron las 500 hectáreas y fueron considerados grandes incendios forestales. Alcampell afectó a 1.932 hectáreas, Leciñena a 1.508, Orés a 11.319 y Ejulve a 2.403. A ellos se suma Las Peñas de Riglos, que por sí solo afectó a 16.521,92 hectáreas forestales, de las que 14.453,12 eran arboladas. El incendio de Tamarite de Litera, que alcanzó las 4.500 hectáreas, no aparece en el listado por arrasar principalmente terreno agrícola.

Riglos concentra alrededor del 46% de toda la superficie forestal afectada durante el periodo y el 54% de la superficie arbolada. Su peso explica buena parte del resultado final, pero no todo. Sin este incendio, la superficie forestal afectada seguiría situándose aproximadamente seis veces por encima de la media histórica.

Además, no todos los grandes incendios comenzaron con el nivel máximo de riesgo. Riglos se inició con nivel naranja. Su evolución estuvo condicionada por la combinación de factores como el viento, la topografía, la continuidad del terreno forestal y la elevada disponibilidad del combustible vegetal, consecuencia de las condiciones meteorológicas acumuladas. El incendio llegó a registrar durante su evolución velocidades de propagación de hasta 1.000 hectáreas por hora en algunos momentos.

Rayos y maquinaria, las principales causas

En cuanto a las causas, el rayo fue el principal origen de los siniestros. Se contabilizaron 112 casos, el 45,9% del total: 53 en Huesca, 39 en Teruel y 20 en Zaragoza. En Teruel, casi el 64% de los incendios tuvieron este origen, frente al 48% de Huesca y el 28% de Zaragoza.

Entre las causas de origen humano, motores y máquinas fueron la segunda causa más frecuente, con 43 casos, casi el 18% del total. Las líneas eléctricas sumaron otros 14. Ambas causas concentran casi el 80% de los accidentes y negligencias registrados durante el verano. “La prevención también consiste en concienciar y exigir responsabilidad. Una imprudencia puede acabar convirtiéndose en una emergencia y, cuando un incendio es provocado deliberadamente, la respuesta debe ser proporcional a la gravedad del daño causado”, ha señalado Biendicho.