Documentan en Asturias los primeros rastros de lagartos jurásicos de Europa

elDiario.es Asturias

Oviedo/Uviéu —
3 de marzo de 2026 16:33 h

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El equipo científico del Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), integrado por Laura Piñuela, Ángel García-Pérez y José Carlos García-Ramos, junto con el investigador Lida Xing, de la Universidad de Geociencias de China, han documentado en Asturias los primeros rastros de lagartos jurásicos de Europa, muy escasos en el registro fósil posterior al Triásico.

El artículo que recoge los resultados de la investigación se publicó en internet a finales de febrero, en la prestigiosa revista internacional Ichnos, del Grupo Taylor & Francis.

La investigación

La investigación trata sobre dos rastros (T1 y T2) que se conservan como relieves abultados (contramoldes) en la base de un estrato de arenisca del Jurásico Superior, con una edad que ronda los 152 millones de años, procedente de los acantilados al este de la playa de España (Villaviciosa). En la actualidad, forman parte de la colección del museo y se exhiben en la sala destinada al Jurásico Asturiano.

En ambos vestigios, las icnitas de las manos y de los pies varían de tetradáctilas a pentadáctilas, son asimétricas y la longitud de los dedos aumenta progresivamente. Su excelente conservación y la morfología que presentan estas huellas permiten atribuirlas a un lagarto y asignarlas al icnogénero Rhynchosauriodes, ampliamente distribuido por el Pérmico y Triásico, pero muy escaso en el Jurásico. De hecho, estos ejemplos asturianos representan su última aparición en el registro fósil global.

Las huellas

El rastro T1 está formado por 7 icnitas (cuatro de manos y tres de pies) y fue producido por un lagarto de unos 50 centímetros de longitud. El T2 consta de 6 huellas (tres de manos y tres de pies) y se atribuye a un ejemplar algo más pequeño, de unos 30 centímetros de largo.

En el rastro T1 se detecta la presencia de una estructura casi continua, ancha, recta y con muy poco relieve. Su morfología permite identificarla como la marca de la cola.

Los experimentos

Además, se observa que la distancia entre las icnitas de las manos y las de los pies varia a lo largo del rastro, haciéndolo muy irregular. Para entender esta anomalía en el desplazamiento, reflejada en la irregularidad del rastro, se realizaron varios experimentos con dos lagartos actuales, el ocelado y el barbudo. Las pruebas, no invasivas, se practicaron con ejemplares en cautividad en un centro de la ciudad de Jiangyin, en la provincia china de Jiangsu. Cuando estos animales, principalmente los ejemplares juveniles, pasaban de un estado estático a uno en movimiento, realizaban giros bruscos, generando un rastro similar al ejemplar fósil asturiano.

Los lagartos dejaron estas huellas mientras se desplazaban por un fango semiconsolidado de los deltas de la época, los cuales desembocaban en un mar interior desprovisto de mareas y protegido del fuerte oleaje por una barrera externa que lo separaba del mar abierto, lo que facilitó la conservación de las huellas.