Los Picos de Europa esconden un secreto geológico que evitar la formación de terremotos
¿Por qué una de las zonas montañosas más espectaculares de la península apenas registra terremotos? Un equipo de investigadores de la Universidad de Oviedo cree haber encontrado la respuesta. Un estudio publicado en la revista científica Tectonophysics concluye que bajo las grandes masas calizas de los Picos de Europa existen materiales poco rígidos que actúan como un “amortiguador” geológico natural, absorbiendo y disipando los esfuerzos tectónicos antes de que puedan provocar fracturas y terremotos.
El trabajo supone un avance en el conocimiento de la estructura interna de los Picos de Europa y demuestra cómo las técnicas geofísicas de alta resolución permiten comprender mejor el funcionamiento de las montañas y los procesos que condicionan la actividad sísmica.
La investigación, desarrollada por seis científicos del Departamento de Geología y liderada por los catedráticos Gabriela Fernández-Viejo y Sergio Llana-Fúnez, explica así el denominado “silencio sísmico” del entorno del parque nacional, considerado uno de los sectores con menor actividad sísmica de toda la Cordillera Cantábrica. Los investigadores sostienen que, a diferencia de otras zonas donde predominan rocas más rígidas que liberan la tensión mediante fracturas, en los Picos de Europa el subsuelo absorbe esa energía y limita de forma natural la aparición de seísmos.
Para comprobar esta hipótesis, el equipo desplegó entre 2023 y 2024 una red de diez estaciones sísmicas repartidas entre Cabrales, Ribadedeva, Onís, Valdeón, Llanes, Camaleño, Ribadesella, Peñamellera Alta y Parres. Durante ese periodo solo registraron 18 terremotos de magnitud muy baja, entre 1 y 2, y únicamente uno tuvo su epicentro cerca del macizo. La mayor parte de la actividad sísmica detectada se concentró en la falla de Ventaniella, entre el concejo asturiano de Caso y el norte de la provincia de León.
Además de la monitorización convencional, los investigadores recurrieron a una técnica basada en el análisis del ruido sísmico ambiental, formado por las vibraciones constantes del terreno generadas por fenómenos naturales como el oleaje, el viento o la actividad humana. Esta metodología les permitió obtener una imagen del subsuelo de hasta ocho kilómetros de profundidad sin recurrir a explosiones ni fuentes artificiales, identificando los contrastes de rigidez entre los materiales que explican el comportamiento sísmico del macizo.
El estudio ha contado con financiación del Ministerio de Economía e Industria, del Gobierno del Principado de Asturias y del programa Torres Quevedo.