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Miguel Egea

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El tortuoso y solitario camino judicial de una joven onubense violada en el extranjero

"¿Quieres denunciar? —me dijeron las enfermeras.— Por supuesto que quiero denunciar". Marta Leandro, onubense de 24 años, fue agredida sexualmente por uno de los auxiliares de enfermería que la trataba en un hospital parisino. Mientras estaba de ERASMUS en la capital francesa, había sufrido una crisis de catalepsia que la paralizaba, es decir, su cuerpo no respondía a los estímulos y parecía estar inconsciente. Esa noche de hospital le tocaron hasta en tres ocasiones los genitales y los senos. Al principio Marta era incapaz de moverse y comunicarse, poco a poco fue recobrando la consciencia y pudo detener al auxiliar mientras la agredía. La policía se personó en el hospital y Marta lo denunció. Ya hace seis años. Hoy Marta tiene 30 años, el agresor ha sido condenado pero la pesadilla judicial todavía no ha acabado.

"Para mí hubiera sido más difícil irme de ahí sin hacer nada". Aún así, no se lo han puesto fácil. Lo primero que hizo Marta tras denunciar fue ir al Consulado en París a exponer su caso y buscar ayuda. En el Ministerio de Asuntos Exteriores nos explican que existe  un protocolo de atención a las víctimas de violencia de género en el exterior aprobado en 2015. Aclaran que "se trata de acompañar a la persona, se le insiste en que ponga su situación en conocimiento de las autoridades locales". No existe un plan de actuación similar para víctimas de agresión sexual, pero hay instrucciones para poner los recursos consulares a disposición de la víctima: "Cada caso es distinto y se le proporciona un tratamiento y acompañamiento diferente".

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Un grupo de refugiados ocupa una universidad de París: "Antes me sentía solo, aquí todos pensamos juntos"

Cerca de un centenar de personas se reúne en asamblea. En el centro, 15 migrantes explican los resultados de su reunión con la rectora. Cada intervención es traducida al francés, al árabe y al amhárico [idioma hablado en Etiopía y Eritrea]. La escena se vivió hace una semana en la Universidad de París 8, en la periferia del norte de la capital. Desde el pasado 30 de enero, decenas de migrantes y refugiados apoyados por jóvenes activistas ocupan uno de sus edificios.

Entre ellos está Yussef. " Antes me sentía solo. En la calle cada uno piensa para sí, aquí todos pensamos juntos", explica el joven de 27 años.  Yussef huyó de Sudán, cuyas autoridades , asegura, amenazaban con devolverlo a Eritrea, de donde su familia tuvo que huir por motivos políticos. Llegó a París desde Calais después de que el 25 de enero, según su testimonio, la policía lo desalojara del campamento y rompiera su tienda. Unos amigos le hablaron de la ocupación y decidió unirse. 

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