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Fusiles para los profesores

31 senadores opuestos al control de armas no han querido participar en el programa 'Meet the Press' de la NBC. No es que estuvieran invitados todos. Les iban llamando y todos rechazaban intervenir. Pero eso no quiere decir que estemos aún sin opiniones políticas representativas de ese campo. El congresista republicano por Texas Louie Gohmert ya sabe cuál es la solución con la que impedir que se repitan matanzas como la de Connecticut: más armas.

En concreto, más armas en poder de los profesores y directores de los colegios: “Ojalá ella hubiera tenido un M4 bajo llave en su despacho”, ha dicho refiriéndose a la directora de la escuela Sandy Hook, “para que cuando oyera los tiros, hubiera salido y acabado con él volándole la cabeza antes de que pudiera matar a esos preciosos chicos”.

El M4 es el fusil de asalto que el Ejército adoptó para reemplazar al M16.

El congresista Gohmert espera que nos creamos que la directora Dawn Hochsprung, de 47 años y con una amplia experiencia como profesora, se habría transformado en Bruce Willis y podría haber eliminado al asesino que iba armado con dos pistolas y un fusil. Bang. La cabeza del criminal salta por los aires como en las películas. Problema solucionado. Hasta la vista, baby.

Lo que ocurrió en realidad es que Hochsprung intentó salvar a los alumnos atacados y murió tiroteada. La reacción natural de una maestra no fue suficiente en un caso de crimen múltiple.

Todo es muy sencillo en la mente de un congresista texano. Entregamos armas a los profesores de 98.000 colegios públicos y 33.000 privados, les damos adiestramiento militar para que puedan empuñar un M4 (una simple pistola no tendría mucho poder disuasorio) y que se líen a tiros con los psicópatas. Si cae algún niño en la refriega, lo consideraremos un daño colateral.

La prioridad no es intentar evitar que se repita otra masacre, sino impedir que los norteamericanos pierdan su derecho sacrosanto. No me refiero al derecho a llevar armas, sino a comprar armas de guerra para usarlas como instrumento de diversión. Los autores de la Segunda Enmienda nunca pensaron que los norteamericanos iban a encontrar tan divertido disparar a cosas, mientras que unos pocos iban a sentir una tendencia irresistible a disparar a sus compatriotas.