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GOP vs. GOP: un día de furia de un gobernador republicano

Es un fragmento del estallido de furia del gobernador de New Jersey, el republicano Chris Christie, el día después de que su propio partido le dejara tirado. En mitad del lío de abismo fiscal y por razones que no están del todo claras, los líderes republicanos de la Cámara de Representantes se negaron a llevar a votación el paquete de ayudas a las zonas afectadas por el huracán Sandy, que se encuentran en Nueva York, New Jersey y algunos estados vecinos.

Christie no fue el único republicano en quedarse inicialmente sin palabras antes de comenzar a lanzar amenazas destinadas sobre todo al presidente de la Cámara, John Boehner. El de Christie fue un ataque directo y personal. Entre otras cosas, le acusa de ser el responsable de que las víctimas del Sandy continúen sufriendo: “There’s only one group to blame for the continued suffering of these innocent victims: the House majority and their speaker, John Boehner”.

El gobernador de New Jersey no es un personaje alejado de la línea central de su partido, no está más cerca de los demócratas y goza de la confianza de muchos republicanos del sector derechista. Si se hubiera presentado a las últimas primarias, se habría convertido automáticamente en uno de los favoritos, lo que no quiere decir que fuera a tener la nominación en el bolsillo. No lo pueden presentar como un tipo sospechoso de estar cerca del enemigo.

A muchos dirigentes republicanos les molestó que durante la campaña se mostrara tan agradecido a Obama cuando este le prometió toda la ayuda necesaria para afrontar la catástrofe. Pero pocos se atrevieron a alzar la voz en público contra Christie. Todo el mundo sabía que por encima de todo se debía a sus votantes (y de hecho también a los que no le habían votado).

Ahora Boehner ha hecho saber a un congresista republicano de Nueva York que la ayuda se aprobará en el nuevo Congreso dentro de un par de semanas más o menos. Pero el daño a la credibilidad de los republicanos está hecho. La descripción peyorativa de los conservadores, habitual entre demócratas, que los pintan como tipos desequilibrados dispuestos a poner una pistola en la sien de la economía si se vulneran sus prejuicios ha quedado de alguna manera confirmada.

Las cosas se olvidan en política, pero hay imágenes que perduran. En especial, si pueden utilizarse en los anuncios de las elecciones al Congreso de noviembre de 2014. En política, como en la matanza del cerdo, no se tira nada.