El terror de Netanyahu como alternativa para el futuro de Oriente Medio
Netanyahu cantó victoria en marzo de este año. De una forma que pretendía ser solemne, el primer ministro israelí afirmó que Irán ya no constituía una amenaza existencial para Israel. La guerra iniciada por los gobiernos israelí y norteamericano lo había conseguido. Irán “aún tiene la capacidad de amenazarnos, pero ya no puede amenazar nuestra existencia”. En su largo historial de declaraciones sobre Irán iniciado en los años noventa, solo una vez había dicho algo parecido. Fue en marzo de 2025, una vez terminada la primera operación bélica contra Irán, cuando declaró que “había eliminado dos amenazas existenciales inminentes” (por Irán y Gaza) y que se había producido “una victoria histórica que permanecerá durante generaciones”.
Todo ha cambiado en un corto espacio de tiempo y la razón ha sido la campaña electoral que concluye en las elecciones de este martes. El giro tiene forma de una explosión nuclear sobre Tel Aviv con una imagen generada con IA en un mensaje de Netanyahu en redes sociales. Incluyó varios párrafos de un artículo de un periodista que parecía sacado de su propia campaña: “El Estado de Israel se encuentra ante un peligro existencial real y tangible”.
Es una continuación lógica de lo que ha sido la trayectoria política de Netanyahu. Solo él salvará a Israel de la destrucción. Apoyar a la oposición, que incluye a políticos que trabajaron para él y que terminaron huyendo, pondría en peligro la existencia del Estado. El hecho de que Israel sufriera con su Gobierno el peor ataque de su historia en octubre en 2023 desde la guerra de Yom Kippur, no ha alterado lo más mínimo su mensaje electoral. En cualquier otro país, eso provocaría su más que segura derrota. Pero la sociedad israelí ha bailado al ritmo marcado por Netanyahu desde hace más de quince años.
Netanyahu augura terror y destrucción si la sociedad israelí no le mantiene en el poder. Al mismo tiempo, promete años de guerra permanente contra Irán, contra Líbano y contra Gaza, una suerte de supremacismo israelí que impondrá su voluntad a todo Oriente Medio.
El escenario que promete es tenebroso, también desde el punto de vista económico. El viernes, dio por hecho que la ayuda que ha prestado Estados Unidos de forma masiva desde 1967 va a tocar a su fin y que el país debe estar preparado para soportar un largo de periodo de sanciones internacionales. Como remedio, planteó la opción de apostar por las criptomonedas, como si todas las finanzas del Estado y relaciones comerciales con el exterior pudieran esconderse a través de ese sistema, una idea que nunca se ha plasmado en la realidad. El banco central israelí reaccionó alarmado y afirmó en público que la solución era totalmente inviable.
Los últimos días de campaña elevaron la tesis con la información de varios medios, que contaron que se había producido un grave enfrentamiento entre Netanyahu y el jefe de las Fuerzas Armadas, el general Eyal Zamir. El Gobierno pretendía ordenar a los militares que realizaran “una acción militar no especificada” relacionada con Irán. Zamir se negó. Sus motivos eran que esa actuación podría provocar una represalia iraní. La información inicial en el Canal 12, y las posteriores en otros medios, habían pasado por la censura militar israelí. Lo más probable es que los medios no consiguieran que la censura permitiera concretar de qué tipo de acción militar se trataba.
Hace unos días, se supo que decenas de aviones militares israelíes sobrevolaron Irak y Siria con destino a la frontera de estos países con Irán. Al llegar a la zona fronteriza, se volvieron a Israel. La explicación que se dio es que se trataba de una demostración de fuerza para disuadir a los iraníes de cualquier idea sobre un ataque. Sonaba bastante extraño, porque era la clase de operación que podía provocar consecuencias muy distintas a las diseñadas. También se interpretó que podía ser un intento de poner nerviosos a los dirigentes iraníes y provocar una respuesta suya.
La interpretación más extendida en Israel fue que Netanyahu intentaba provocar una reanudación de la guerra que obligara a suspender las elecciones en el país.
Las últimas encuestas ofrecidas el fin de semana por tres televisiones indican que su reelección es prácticamente imposible, pero ese es un análisis que en citas electorales anteriores no se ha cumplido. Las tres dan 50 escaños para el bloque de Netanyahu, lejos de la mayoría absoluta que está en 61. Los partidos del bloque de la oposición podrían sacar entre 52 y 56. Los dos partidos árabes –así se les llama en Israel– estarían entre 14 y 16 escaños.
En una reacción habitual en la política israelí, algunos de los partidos de la oposición han dejado claro que no aceptarían apoyar a un Gobierno que dependiera de los votos de los partidos árabes. Es una especie de apartheid político por el que los palestinos con nacionalidad israelí tienen derecho a votar, pero no a que sus partidos formen parte de una mayoría de gobierno. No porque sus propuestas sean demasiado radicales, sino porque no son sionistas. Es una especie de pecado original que deja fuera del juego político a en torno al 20% de la población del país.
Los sondeos conceden la primera posición a un nuevo partido, Yashar, fundado por el exgeneral Gadi Eisenkot, de 66 años, que sacaría una ventaja de entre dos y tres escaños sobre el Likud de Netanyahu. En un panorama político muy fragmentado para elegir un Parlamento de 120 escaños, ningún partido llegará a 30 diputados, quizá ni siquiera a 25, y las negociaciones se prolongarán durante algún tiempo. Ese veto a los partidos árabes podría hacer que tuvieran que repetirse las elecciones.
Ese periodo de transición supondría una nueva oportunidad que Netanyahu podría aprovechar para reanudar la guerra contra Irán si consigue convencer a Donald Trump. Medios de EEUU han informado de que Trump está dispuesto a volver a atacar a Teherán, pero no antes de las elecciones legislativas, que se celebran el 3 de noviembre. Eisenkot ya ha prometido que no formará parte de un Gobierno en el que esté Netanyahu, un compromiso que no está tan claro en los otros partidos de la oposición.
No hay políticos más diferentes en el estilo personal que Netanyahu y Eisenkot. Eso no quiere decir que sus ideas políticas sean completamente distintas. Sus conceptos estratégicos sobre Irán y Gaza son los que han imperado en Israel en las últimas dos décadas y, como es previsible, descartan el establecimiento de un Estado palestino. El carácter de Eisenkot es más cauteloso y no tiene la costumbre de vender ideas nada realistas sobre la respuesta a Irán. No cree que se pueda derrocar a ese régimen sencillamente con bombardeos aéreos. Fue jefe del Estado Mayor de las FFAA entre 2015 y 2019.
Su promesa de renovación de la sociedad pasa por el respeto a los tribunales, limitar los privilegios de la comunidad ultraortodoxa en cuanto al servicio militar y frenar la violencia de los colones ultraderechistas en Cisjordania. En definitiva, revertir el avance hacia el fundamentalismo más extremista que se hizo con el poder en las elecciones de 2022.