Rab Adrift 36, una mochila polivalente para cualquier situación

Por Salvador Martínez

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Hay mochilas de montaña, mochilas de viaje y mochilas para ir a trabajar. La Rab Adrift 36 intenta vivir precisamente en el espacio que queda entre las tres. Y después de usarla en el día a día, esa mezcla nos parece mucho más interesante que intentar buscarle una actividad concreta.

La situación que mejor explica esta circunstancia sería: salir de casa con el portátil y la ropa de trabajo, llevar además unas zapatillas, material para entrenar, neceser y algo de ropa para cambiarse, pasar el día fuera y terminar en el gimnasio o en el rocódromo.

No obstante, también puede ser perfecta para meter el equipaje de un fin de semana. Para nosotros, ahí es donde realmente empieza a tener sentido esta mochila. No la entendemos como una mochila de montaña de 36 litros a la que Rab ha añadido un bolsillo para el ordenador. Es, ante todo, una mochila de viaje y uso diario construida con bastante ADN outdoor.

La herencia de Lowe Alpine

Hablamos de un enfoque que no aparece de la nada. Equip Outdoor Technologies, la compañía propietaria de Rab, adquirió Lowe Alpine en 2011, una marca con una enorme tradición en el diseño de mochilas. Con los años, buena parte de ese conocimiento ha terminado conviviendo dentro del universo de productos de Rab, y en modelos como la Adrift se reconoce especialmente bien esa forma de entender una mochila de viaje.

La apertura principal es un buen ejemplo. En lugar del acceso superior típico de una mochila de montaña, la Adrift 36 utiliza una gran cremallera YKK que permite abrirla prácticamente como una maleta. Para viajar es magnífico y, aunque en el uso diario no siempre necesitamos desplegarla completamente, poder ver de una vez todo lo que llevamos dentro resulta muy cómodo.

Además, las hombreras y el cinturón pueden recogerse para dejar el conjunto más limpio durante un viaje, y dispone de asas en varios puntos para manejarla como equipaje. Rab la plantea con dimensiones compatibles con la mayoría de compartimentos superiores de avión, aunque, como siempre, conviene comprobar las restricciones concretas de cada compañía.

36 litros para un día largo

Los 36 litros son probablemente una de las claves del producto. No estamos ante la típica mochila urbana de 20 o 25 litros en la que meter unas zapatillas obliga a jugar al Tetris.

Aquí cabe portátil, ropa, neceser, material de entrenamiento y todo aquello que normalmente termina repartido entre dos bolsas. En nuestro caso hemos llegado con facilidad a cargas de alrededor de 8 kilos y puntualmente podemos acercarnos a los 10 sin que la mochila deje de resultar cómoda.

El sistema de transporte Contour utiliza acolchado de EVA y una espalda con canales de ventilación. Las hombreras tienen una densidad muy bien resuelta y la espalda resulta confortable. El cinturón lumbar es deliberadamente más sencillo que el de una mochila de trekking ya que tiene algo de superficie acolchada en los laterales, y luego termina en una cinta y una hebilla relativamente finas. Todo esto nos parece coherente ya que la Adrift no está pensada para caminar durante horas con 15 kilos. Para las cargas propias de un viaje corto, un desplazamiento urbano o una jornada que termina entrenando, el conjunto funciona muy bien sin convertir la mochila en algo innecesariamente aparatoso.

Un modelo muy robusto

Otro de los aspectos que más nos ha gustado es la sensación de resistencia. Rab está haciendo un trabajo especialmente bueno con los tejidos de sus últimas mochilas y aquí vuelve a ocurrir.

El cuerpo utiliza nylon ripstop de 420 deniers con recubrimiento protector, combinado con otro nylon 420D con recubrimiento de PU. En la práctica, más que las cifras, lo que percibimos es una mochila hecha para dejarla en el suelo del gimnasio, meterla en un maletero, apoyarla en cualquier rincón del rocódromo o utilizarla continuamente sin estar pendientes de tratarla con delicadeza.

Con 1,3 kilos no pretende competir con una mochila ultraligera, pero buena parte de ese peso está precisamente en la construcción, el acolchado, las cremalleras, la organización interior y la capacidad de proteger un portátil y el resto del contenido. En este caso preferimos valorar el peso en relación con su función: para una mochila de viaje y uso diario de 36 litros con este nivel de estructura y resistencia, nos parece razonable.

El portátil está donde tiene que estar

El compartimento de trabajo es uno de los elementos que realmente justifican el carácter híbrido de la Adrift 36. Dispone de una funda acolchada para portátiles de hasta 15 pulgadas, espacio para tablet y diferentes zonas destinadas a organizar cargadores, documentación y pequeños accesorios.

Esto permite salir por la mañana con todo el material de trabajo protegido y, al mismo tiempo, mantenerlo separado de la ropa y del equipo que utilizaremos después. Si la jornada termina en el gimnasio o el rocódromo, no tenemos que llevar una mochila para trabajar y otra para entrenar.

También incorpora un alojamiento específico para un AirTag. Conviene aclarar qué significa esto ya que no es un sistema electrónico propio de la mochila, sino simplemente un lugar discreto donde colocar uno de estos localizadores si queremos poder encontrar el equipaje en caso de pérdida.

¿Demasiado organizada?

Precisamente aquí aparece nuestra principal crítica, y es bastante personal: la Adrift 36 tiene muchísimos compartimentos. Sobre el papel es difícil criticar que una mochila ofrezca posibilidades de organización. Hay bolsillos interiores, divisiones, compartimento de trabajo, funda para tablet, bolsillo superior, zonas independientes dentro de la apertura principal y pequeños espacios para mantener cada cosa en su sitio.

Para una persona muy ordenada puede ser una maravilla. Para nosotros, no siempre. En más de una ocasión sabíamos perfectamente que algo estaba dentro de la mochila, pero no recordábamos en cuál de todos los bolsillos lo habíamos guardado. Y eso resume bastante bien nuestra sensación: la organización está muy bien ejecutada, pero probablemente haya más de la que necesitamos.

No lo consideraríamos un defecto universal, de hecho, para quien viaja con ordenador, cables, documentación, ropa y material deportivo y quiere que cada cosa tenga un lugar fijo, puede convertirse precisamente en una de sus mayores virtudes. Pero si eres de los que prefieren dos grandes espacios y tirar las cosas dentro, puede resultar excesivo.

Más viaje y ciudad que montaña

La Adrift 36 tiene detalles que recuerdan constantemente de dónde viene Rab: puntos exteriores de anclaje, sistema integrado para transportar casco, enganche para una luz de bicicleta y una construcción que soportaría sin problemas un uso bastante más duro que el habitual en una oficina.

Eso no significa que nosotros la elegiríamos como mochila de senderismo o trekking simplemente porque tenga 36 litros. Para caminar muchas horas existen sistemas de espalda, cinturones y distribuciones de carga mucho más específicos dentro del propio catálogo de Rab.

La Adrift juega a otro juego. Es la mochila que llevamos al trabajo y después al rocódromo. La que podemos meter en una furgoneta para un fin de semana. La que admite un casco si la escapada incluye escalada. Y la que podemos utilizar como equipaje sin que parezca que acabamos de bajar de un trekking de una semana.

Conclusión Campobase

La Rab Adrift 36 nos ha gustado precisamente porque no intenta ser una mochila de montaña tradicional. Sus 36 litros, la apertura completa tipo maleta, el compartimento acolchado para portátil, la posibilidad de esconder hombreras y cinturón, las diferentes asas y una construcción muy resistente la convierten en una mochila especialmente buena para quien mezcla trabajo, deporte y viajes cortos.

Es cómoda con las cargas para las que está concebida y, de hecho, nosotros hemos manejado alrededor de 8 kilos sin problemas, con margen para acercarnos puntualmente a los 10. No la cargaríamos mucho más ni la elegiríamos para una larga jornada de trekking.

Lo mejor, para nosotros, está en su versatilidad, su comodidad y una sensación de robustez que invita a utilizarla sin contemplaciones. Lo que menos nos convence es casi lo contrario: Rab ha querido organizar tan bien esos 36 litros que, para nuestro gusto, hay demasiados compartimentos. Pero también ahí está la gracia de esta mochila. Para alguien metódico, que quiere saber exactamente dónde está el portátil, los cables, las llaves, la ropa limpia, el material de entrenamiento y cada pequeño accesorio, probablemente esa crítica se convierta en virtud.

Con un PVP de 180 euros no es una mochila urbana barata. Tampoco está construida como una. Es una pieza pensada para durar, con materiales propios del mundo outdoor y soluciones de viaje muy bien resueltas.

Si nuestra semana consiste en trabajar, entrenar, pasar por el rocódromo y escaparnos fuera en cuanto aparece un hueco, la Adrift 36 tiene bastante sentido: una sola mochila para días en los que resulta difícil saber dónde termina el trabajo y empieza el fin de semana.