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Aires de cambio

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Somos, hablando en plata, un grano en el culo. Mojo las galletas (las que no se ponen blanduchas) mientras voy de un periódico a otro viendo videos, fotos y titulares. Están escocidos. A unos se les notan más los picores que a otros, pero, básicamente, bajo todas las palabra se repite el mismo discurso, aunque con excepciones. Todo pasa por las urnas, nos dicen por activa o por pasiva, y sería extraño que no lo hicieran, cuando los medios de comunicación responden y representan los intereses de las clases más poderosas de cualquier país. Evidentemente el sistema necesita de los votos. Lo que nos preguntamos muchos es por qué mi voto tiene que legitimar al sistema que sostiene a los poderosos y no al que me debe sostener a mí. Llevamos años y años oyendo quienes nacimos a finales de los 70 y principios de los 80 que votar es un derecho que costó mucho trabajo conseguir. Lo hemos oído en boca de nuestros abuelos, de nuestros padres. Votar tenía para ellos un significado de libertad y de dignidad reivindicada durante cuarenta años que no es exactamente el mismo que tiene para las nuevas generaciones. Estamos cansados de tanto bando, de tanto bipartidismo, de tanto rojo y tanto nacional, de tanta derecha que viene y de tanta izquierda que olvida sus principios. No es nuestra realidad, no son nuestros temores. Qué lastre el de la dictadura para los que ya nacimos en una España libre. Nuestra libertad y nuestra dignidad hoy están amenazadas por un sistema servil que no responde a nuestras necesidades, sino a las de la clase poderosa. Paro, recortes en los servicios sociales, imposibilidad de acceder a una vivienda y tantas otras dificultades que han acaparado las portadas de los diarios esta semana son suficientes para plantarse. Qué nos importará lo de las dos Españas si hay una tercera que está parada. Quienes nos gobiernan parecen llegar a los santos cielos cada vez que hablan de la Transición. Se les llena la boca de orgullo. Fue un momento histórico, su momento histórico. Tal vez, con todo el movimiento 15-M, haya llegado el nuestro. En uno de los diarios nacionales se publicaba la foto de Francisco Camps ejerciendo su derecho en un colegio electoral. Una imagen como esta habla por sí sola. Esa es la democracia contra la que hay que luchar, contra ese tipo de democracia, que, entre otras cosas, permite a los imputados presentarse a las elecciones. Zapatero y Rajoy insisten en pedir el voto. Uno afirma con toda la poca vergüenza del mundo que su partido no ha recortado derechos sociales. El otro llena una plaza de toros de corrupción e inmoralidad, "Paco, Paco, te quiero un taco". Gritaban el otro día las juventudes de uno de estos partidos, con sus banderitas de España por pulseras y los cuellos de sus politos levantados, que esto, lo que hacían ellos, era democracia real y no lo de la Puerta del Sol, idea repetida en medios de comunicación en los que trabaja, curiosamente, un ex banquero y ex presidiario Igual que la foto de Camps, todas estas palabras hablan por sí solas.

José María García Linares

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