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Chère Carla Bruni

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Busco tu imagen en las portadas de los periódicos. Tengo que apartar la vista de esa gente con mascarillas que caminan por las calles mejicanas para encontrarme tus bellos ojos verdes. Ignoro los titulares que me explican qué es el H1N1 y los males de esta gripe cochina. Me salto los mensajes tranquilizadores de los gobernantes y me concentro en tu elegancia, Carla. Ha pasado más de una década pero parece que sigues siendo aquella modelo que trabajó para Guess o para Versace, con esa sonrisa podrías vendernos cualquier cosa, incluso a ese aspirante a De Gaulle que te acompaña, ese Jefe de Estado que te echaste de marido y que al lado de tu altura se queda en un napoleoncito con zapatos de tacón.

Sigues cantando? Alguien nos dijo que el destino se burla de nosotros, que no nos da nada y que nos promete a todos que la felicidad está a nuestro alcance?La canción es antigua, por eso sé que no te refieres a Paulino Rivero, ese presidente que dedicó la mitad de la última semana a hablarnos de fútbol mientras el paro batía todos los records. Paulino metiéndonos goles y su número dos buscando facturas. No te quiero mentar a PP Manolo, Chère Carla, pero me pregunto ¿cómo podrá arreglarnos la economía a los sufridos súbditos ultraperiféricos un gobernante que no ha sabido guardar los recibos de tres vacaciones de verano? Ten cuidado Carla, que mi consejero de Hacienda, el de los 4000 euros en el minichó, está por Madrid. Cuentan que mientras tú paseabas tu belleza por el Prado, PP Manolo paseaba sus mentiras ante los periodistas que estaban en la sede de su partido.

Imagino a aquella niñita que salió huyendo de Italia con papá y mamá, aquellos años que las Brigadas Rojas buscaban multimillonarios para comprar la pólvora que iba a tumbar el capitalismo. Papá y mamá se refugiaron en Francia para proteger sus vidas y haciendas. Y la niña comenzó la adolescencia estudiando Arte y Arquitectura en la Sorbona. Pero te propusieron ser modelo, y ganaste millones poniéndote trapitos, y ganaste fama quitándotelos. Guess, Versace, con esas marcas era normal que Eric Clapton y Mike Jagger se enamoraran de tu sonrisa en las vallas publicitarias , y quisieran ser tus novios. Con ellos aprendiste a hacer canciones y otras cosas. Y pasaste de la moda a la guitarra, y escribías canciones con la misma facilidad que cambiabas de amantes. Y te convirtieron en una femme fatale como aquella que describió Baudelaire, el poeta maldito, en Las Flores del mal: "Esa virgen yerma y no obstante necesaria/ para el fluir del mundo, cree, está convencida,/que obtiene el perdón de cualquier infamia."

¡Qué tiempos estos, Carla, que mueren 2 millones de africanos de Malaria cada año y no sale en los periódicos ni se reúnen las autoridades del mundo! Pero si mueren tres europeos o un norteamericano de fiebre porcina, nos asustamos todos, convertimos al cochino en asesino mientras el mosquito de la malaria sigue volando libre y matando a niños negros. Sólo nos preocupan los hombres blancos o los turistas que visitaron las ruinas mayas, y repartimos mascarillas en los aeropuertos. Qué tiempos estos Carla que te traes a Madrid a tu marido, que pretende asociarse con Zapatero para combatir a los malos: ETA, jihadistas, narcotraficantes e inmigrantes. Ya ves, tú que encontraste refugio en Francia, tu marido, con familia húngara y judía que sufrió la persecución nazi. Y Nicolás se pone ahora perseguir a los inmigrantes, a meterlos en el mismo saco que a los terroristas. Y ZP monta un encuentro para decirle: vamos a ponernos de acuerdo. Sabes que tu esposo se crió escuchando de su abuelo historias de la resistencia francesa y del desembarco de Normandía. Pero la Francia que preside tu marido no permite que los pobres desembarquen en sus costas. Sin embargo ustedes desembarcan en la orilla del Manzanares uno días antes del Dos de mayo y los borbones hacen honor a su historia y se vuelven afrancesados, y saludan a tu Napoleoncito con la misma disciplina que sus antepasados abdicaron en Bayona. Pero dejémonos de historias y de Historia...Canta, Chère Carla. Cántame de nuevo eso que te dijo alguien... que nuestras vidas no valen gran cosa, pasan en un instante como la fragancia de las rosas...

Juan García Luján

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