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La generación perdida no quiere perder

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Esa generación de la que hablan, que ha sido sobreprotegida de la realidad hasta ocultársela, ha terminado por estallar ante la plasmación de la cruda realidad. Esa que no sale en la televisión, salvo como espectáculo, pero que se refleja en el día a día, y más aún en el pasar de los años. Por eso, la realidad salta y se rebela contra la realidad impuesta/falseada, porque esa es la virtud de la verdadera realidad, su fuerza para salir de las murallas de cartón piedra que el poder levanta para dominar a la mayoría de las personas.

Ayer esa generación (dicen que) perdida saltó para exigir justicia social, porque otra realidad es posible. Catarsis que era más que necesaria para salir del bloqueo interior, y avanzar para construir democracias reales, no meros simulacros. Y es que, la reclusión en el yo del malestar social, sin salir a la calle para expresarse con la multitud y empezar a tender puentes, no llevaba a otro camino que el de una crónica de una muerte anunciada.

Ayer empezó algo nuevo, porque algo se mueve. Quizás ese algo sea sólo rabia o algo mejor todavía, eso que Cortázar decía que había que ir a verlas porque ellas no se molestan en venir: las esperanzas. Las esperanzas de que las facturas de esta crisis no las termine por pagar esta generación.

(*) Licenciado en Sociología

David Veloso Larraz *

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