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¿Quién será el tolete?

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La interrogación no es para menos ya que el Real Decreto que acaba de aprobar el Ministerio de Medio Ambiente propone la erradicación de numerosas especies "exóticas invasoras y con potencial invasor" que ya forman parte de nuestro paisaje y de la vida económica y social de las islas. Y tienen tanto ojo clínico, por Dios, que no se les ocurre otra a esas autoridades medioambientales, pobres de nosotros, que informar de dicho decreto, como un dechado de oportunidad, justo en los días en que precisamente en la cumbre (este año le toca a Tejeda y el pasado fue a Valsequillo) se estaba celebrando la fiesta del almendro en Flor y, con la que está cayendo, cuando se tiene la mirada puesta en la recuperación de una actividad agroindustrial y artesanal que tanta riqueza generó en épocas pasadas y actuales, cuando los productos derivados de la almendra en Tejeda reciben pedidos de numerosos rincones del mundo entre otros Suecia y Alemania, y cuando el crecimiento y valoración de sus productos, aparte de los de repostería, el aceite muy apreciado para fines terapéuticos y cosméticos, incluso las cáscaras, empleadas como combustible o abono ecológico, ha llevado a los municipios cumbreros a la reciente plantación de frutales. Se da la sinrazón, además, de que el Gobierno central pide ahora la erradicación del almendro cuando en los últimos años se ha potenciado su producción y su industria paralela por los motivos ya reseñados.

Pero el Decreto no sólo se para en los almendros y las tuneras, se refiere también a los castañeros, las cañas, las mimosas, las calas, la retama, la pita, el madroño, el geranio rojo y rosado, la madreselva, ciertas amapolas? Además no se anda con chiquitas, exigiendo la prohibición de su introducción en el medio natural y adopción de medidas para ir erradicándolas. Como es evidente que los que trabajaron en la elaboración de este decreto no tienen claro qué son plantas invasoras, robo la definición a mi buen amigo y eficaz biólogo del Jardín Canario, Juan Manuel López Ramírez: "Una especie invasora es aquella que desplaza de su hábitat natural a las poblaciones de especies endémicas", característica esta que no cumplen las referidas especies.

¿Quién fue el tolete?? Pues la lista fue elaborada hace un año por la anterior ministra del PSOE de medio Ambiente, asesorada por un par de biólogos de Tenerife a propuesta, en su momento, de la Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias a demanda de dichos biólogos. A mí no me gusta contribuir para nada al pleito insular, pero ante tremendo desatino cabe preguntarse si en este decreto Tenerife sale tan malparada como Gran Canaria y exigirle al Gobierno Canario que explique por qué ante una cuestión tan crucial no se apoyaron también en el conocimiento y experiencia de técnicos de esta isla.

Si queremos conservar la vida que ahora tiene nuestro paisaje, al rechazo que han presentado los alcaldes de Tejeda, Valsequillo, San Mateo y Santa Brígida, técnicos y reputados biólogos como Bramwell, el Cabildo y otras instituciones, tenemos que unirnos todos los habitantes de nuestra isla, exigiendo, como lo ha hecho la Mancomunidad de las Medianías, la inmediata derogación del dichoso decreto. Tenemos que demostrarle a la Viceconsejera actual de Medio Ambiente que no admitimos ese documento por mucho que ella lo vea como "una herramienta viva y desde su departamento vayan a instar a Madrid a modificarlo", que la erradicación que queremos no es la de esas plantas, sino la de ese documento.

Tenemos que decir bien alto que no queremos ver nuestra isla sin los castañeros que tanta sombra y solaz conceden en las fiestas del Pino y sí queremos que, aunque no nieve, nuestras cumbres y medianías en enero luzcan engalanadas de blanco y rosa por sus almendros; y queremos que en primavera las mimosas y la retama amarilla doren la piel de nuestros campos y caminos, los perfumen las madreselvas y pinten notas de color las amapolas; que en otoño podamos pisar esa especie de erizos vegetales y saborear las castañas que nos ofrecen; que en las Navidades nos embelese el fino aroma de nuestra retama blanca. Debemos interrogar con firmeza qué sería de nuestros campos de futbol y de golf sin césped, del Madroñal sin madroños.

Tenemos que comunicar bien claro que nos negamos a perder todas estas especies, a no poder disfrutar del sabor de nuestros tunos. Nos negamos sí, a podernos imaginar Gran Canaria sin cañas en sus barrancos, sin pitas en sus veredas, sin geranios y sin calas en sus campos. Así de contundente. Nos negamos.

Coca de Armas Fariña

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