MacDonald's en La Palma a la Isla no le conviene
La llegada de MacDonald's a La Palma, en lugar de abrirnos al mundo, de formar parte de la globalidad, es un retroceso para la Isla, es la forma más sutil de perder empleo, de perder nuestras singularidades, de empobrecernos. Entre otras razones porque al formar parte de esa cadena de distribución internacional, los productos locales quedarán relegados.
Algunos de los argumentos escuchados son los siguientes: “Se crean empleos”, “la empresa que está ejecutando las obras es una empresa local?” Estos argumentos tienen fácil respuesta, como mínimo los puestos de trabajo que se ganan en el MacDonald's los pierde la restauración y el comercio local, y no tanto entre los turistas, más bien entre los locales y las tripulaciones de los cruceros. Estos últimos creerán que es más barato comer en el MacDonald's que en los bares de Santa Cruz de La Palma, evitando el divagar por las calles de la capital cuando necesiten satisfacer alguna necesidad. En cuanto al trabajo de las empresas de construcción de la Isla, dada la falta de trabajo que hay, evitan indemnizar a los trabajadores y desaparecer, asumiendo contratas bajo presupuesto real, por tanto, esto no cambia; apretamos al débil para fortalecer al poderoso.
Otras cuestiones de cierta relevancia son las siguientes: por una parte, la famosa Ley de Costas y la protección del dominio público marítimo-terrestre, que obviamente en una infraestructura portuaria y en un casco urbano no deben de ser de aplicación, se contrapone a la injusticia que significa instalar un MacDonald's en terrenos ganados al mar, cuando esa misma Ley obligó a desmantelar el kiosco de la playa de El Faro en Fuencaliente, que se encontraba en tierra firme. Por otra parte, me pregunto si era necesario hacer un edificio nuevo, si no se podrían utilizar algunos de los locales vacíos de La Marina, porque yo he visto MacDonalds en todo tipo de edificios ya existentes, pero eso sí que resta empleos. Otro aspecto derivado de mi ignorancia, es relativo al empresariado promotor, deseando por todos los medios, que ese empresariado sea local y que los beneficios de alguna manera repercutan en la Isla. La última cuestión dentro de este bloque es la relativa al modelo de negocio de este tipo de establecimientos, donde los usuarios, a pesar de su coste, hacemos de camareros, esperando por nuestras viandas después de pagar, y recogiendo los envases de nuestras consumiciones al finalizar, evitando contratar a más personal. En síntesis, a la Isla no le conviene.
Pero es que a los adolescentes y no tan adolescentes les gusta. Evidentemente que les gusta, igual que les gusta el Madrid y el Barcelona, igual que a las chicas les gusta la ropa de stradivarious, o les gusta el último modelo de móvil, sencillamente cuestión de marketing. Yo mismo repito el slogan “I´m loving it”, y ese marketing me ha llevado a visitar los MacDonald's. En su día le pregunté a un numeroso grupo de adolescentes, cuáles eran las cataratas más espectaculares y bonitas del mundo, y de las tres grandes cataratas del mundo, las Cataratas Victoria entre Zambia y Zimbawe, las Cataratas de Iguazú, entre Argentina y Brasil, y las Cataratas del Niágara, entre Canadá y Estados Unidos, los jóvenes indicaron que las más espectaculares eran precisamente las más feas y menos espectaculares, obviamente eligieron las Cataratas del Niágara, porque son las que los medios de comunicación han reproducido en mayor número de ocasiones. El ejemplo es demoledor.
Y como en algunos establecimientos de La Marina no te sirven un café porque la máquina está apagada, siendo un borrego más, acudiré al MacDonald's. Para el resto de los que acudan, bienvenidos al borreguismo.
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