Aprender a mirar con la mirada diferente
¿Te has visto alguna vez en una fotografía? No tu rostro, no tus ojos, no tu sonrisa, sino el estado de tu alma, el latir de tu corazón, el recuerdo que te acompaña, lo que eres tú y que también soy yo, aunque seamos diferentes.
Lo que miramos y fotografiamos habla de quien toma la fotografía, de cómo estábamos en ese instante. Por eso son instantáneas, por eso vemos las fotografías antes de tomarlas, porque algo llama la atención de nuestras pupilas y nos hace volver, girar, mover el brazo, la mano, los dedos y hacer un clic con algo externo a nuestro cuerpo: una cámara fotográfica. En ese momento, sin embargo, la cámara es un apéndice del latido de nuestro corazón que no habla, pero que sí resuena de nuevo con un poderoso tam tam cuando observamos después de un tiempo lo que hemos capturado en esa instantánea. El nuevo instante se guarda en nuestro corazón como testimonio vivo de nuestro paso por este mundo.
La cámara no nos juzga, carece de un pensamiento propio o crítico, la cámara es la misma para ti que para mí, o que para este grupo único y extraordinario del Proyecto EnfocaT.
La cámara fotográfica no ve a nadie diferente, somos nosotras quienes nombramos con palabras lo que es la diferencia. Ellas y ellos miran a través del objetivo en este proyecto para enseñarnos a observar nuestras emociones a través de sus fotografías y nuestros pensamientos, esos que se cuelan cuando llamamos a la diferencia, pero que no encuentran rendijas cuando se impone la belleza de una imagen de la naturaleza. Por eso este proyecto quiere regalar palabras nuevas que abran grietas y permitan dar paso al amor, que ayuda a ver con el corazón, el que nos permite reconocer y admirar la belleza de la diferencia y la deja ser con paciencia, sin esfuerzo.
El corazón mira porque sí, y siente porque no puede evitarlo, los ojos son niñas y el tam tam en cada imagen nos ayuda a comprenderlo, a recordarlo. Por eso sus palabras son pequeños cuentos que nos regalan para no volver a olvidar que el mundo que nos rodea está repleto de belleza como la de sus fotografías, como la suya, como la de estar paseando un día soleado por la playa, en el parque, al aire libre, bajo el cielo azul en un día diferente sin más problemas que tomar una instantánea de ese instante repleto de estos pequeños cuentos que nos cuentan.
A lo mejor tenías prisa y no los viste, y no tenías tiempo y no te diste cuenta. Recuérdalo. Aquí te lo cuentan con palabras nuevas, suyas y mías. Por mi parte, solo les hice preguntas y añadí algunos verbos, y en algunos pequeños cuentos ni siquiera fue necesario. Como verás, ellos y ellas tenían todas las respuestas.
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