Alfredo Díaz Moreno, el gran pionero olvidado del baloncesto palmero

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Alfredo Díaz Moreno.

Cuando se habla de los orígenes del baloncesto en La Palma suelen aparecer varios nombres imprescindibles: Carlos Yanes Carrillo, Miguel Bethencourt Arrocha, Severo Rodríguez y algunos otros jóvenes que participaron en los primeros encuentros o contribuyeron después a sostener la competición. Aquella fue, como casi todas las experiencias deportivas fundacionales, una empresa colectiva. Sin embargo, entre sus protagonistas hay uno cuya intervención resulta difícilmente equiparable, porque estuvo presente en casi todas las facetas necesarias para que una práctica desconocida terminara convirtiéndose en un deporte organizado. Ese hombre fue Alfredo Díaz Moreno.

No fue únicamente uno de los primeros en conocer el baloncesto ni uno de los que ayudaron a introducirlo en la isla. Lo enseñó, facilitó un lugar donde practicarlo, arbitró la mayor parte de los encuentros del primer campeonato, asumió años después la primera representación federativa y escribió sobre su historia cuando todavía vivían muchos de sus protagonistas. Por la variedad y continuidad de sus aportaciones, ocupa el lugar principal en la etapa fundacional del baloncesto palmero.

La primera experiencia conocida se remonta a 1928 y tuvo como escenario el antiguo convento de San Francisco, entonces ocupado por el Cuartel de Infantería. Allí, en el patio del acuartelamiento, comenzaron a jugar varios jóvenes que cumplían el servicio militar y procedían de La Palma, La Gomera, El Hierro y Gran Canaria. No se trataba todavía de una competición reglada ni de equipos civiles constituidos, sino de una práctica informal dentro del ámbito castrense. Al frente de aquella iniciación se encontraba Alfredo Díaz Moreno, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 25 de septiembre de 1910. Con apenas dieciocho años, preparó a los soldados y les enseñó las reglas más elementales del nuevo deporte.

Ese episodio convierte a La Palma, con la información disponible (y sin necesidad de esperar al primer partido cuasioficial de 1933), en el escenario de la experiencia baloncestística más antigua referida en Canarias y coloca a Díaz Moreno en el punto mismo de partida. En septiembre de 1945, cuando no habían transcurrido todavía dos décadas desde aquellos hechos, el periódico Aire Libre situaba en 1928 la introducción del baloncesto en la isla y señalaba expresamente a Alfredo Díaz Moreno y Carlos Yanes entre sus iniciadores. Tres años más tarde, Arriba España volvía a presentar a La Palma como cuna del baloncesto canario y recordaba a ambos como sus primeros propagadores.

El testimonio más expresivo es el ofrecido en 1951 por Elirerto Galván, jugador del Canarias de Madrid y uno de los baloncestistas palmeros de mayor relieve de la historia. En una entrevista publicada también por Aire Libre, Galván afirmaba que debía rendir tributo a Alfredo Díaz Moreno, quien, con un entusiasmo sin límites, había sido «el primero en darnos a conocer este bello deporte». Sus palabras muestran la huella personal que dejó en quienes aprendieron a jugar bajo su orientación: Díaz Moreno enseñó el juego y despertó el interés de los jóvenes.

La reconstrucción de su trayectoria militar permite precisar su presencia en la isla. Una noticia de julio de 1929 documenta su llegada a Santa Cruz de La Palma procedente de Las Palmas, aunque el basket-ball ya lo había ubicado en la capital palmera desde un año antes. En marzo de 1932 aparece como presidente de la Sociedad Colombófila de Santa Cruz de La Palma, convocando una reunión para aprobar el reglamento de la entidad. Antes de que se organizara la primera competición de baloncesto, ya contaba, por tanto, con experiencia en la dirección de una asociación deportiva. En octubre de 1932 recibió la orden de incorporarse al Regimiento de Infantería de Tenerife, después de haber prestado servicio en el destacamento de La Palma. 

El 17 de julio de 1933 la prensa registró nuevamente su llegada a la isla a bordo del Ciudad de Melilla, poco más de tres meses antes del primer encuentro civil del que tenemos noticia. Aquel partido se disputó el 30 de octubre en un huerto de Armando Yanes, en las inmediaciones del antiguo Parador. Sus protagonistas formaban parte de un grupo de jóvenes que se reunía en torno a la librería La Favorita y que había conocido las reglas del baloncesto, entre otras referencias, mediante un reportaje aparecido en el número 219 de la revista Algo. El terreno inicial resultaba insuficiente y pronto hubo que buscar un espacio más adecuado. La mediación de Díaz Moreno facilitó que los jóvenes accedieran al patio del Cuartel de Infantería, el mismo recinto donde se había practicado el juego en 1928. El baloncesto civil enlazaba así con aquella primera experiencia militar y Alfredo actuaba como puente entre ambas etapas.

El 14 de enero de 1934 comenzó el primer campeonato palmero, que se prolongó hasta el 25 de marzo. Participaron siete equipos: RayoZeusTerrorHérculesSpartacoArsenal y Palma. Las denominaciones, tan características de la época, muestran la espontaneidad de una competición creada desde abajo, sin instalaciones específicas, ni entrenadores en el sentido actual y con embrionarias estructuras federativas. Había que conocer las reglas, enseñar a aplicarlas, acondicionar el terreno, fijar los partidos y resolver las dificultades de un deporte que casi todos estaban descubriendo. En aquel campeonato la participación de Díaz Moreno fue esencial. Arbitró la mayor parte de los encuentros, mientras Miguel Bethencourt Arrocha se ocupó de algunos de ellos. En esos primeros momentos, arbitrar también significaba enseñar: explicar las infracciones, ordenar el juego y acostumbrar a los participantes a unas normas que todavía no dominaban. Fue así una figura central en una competición que apenas comenzaba a abrirse camino.

Alfredo Díaz permaneció destinado en el destacamento de La Palma durante toda aquella primera temporada. En agosto de 1934 fue trasladado al Regimiento de Infantería número 11, en Las Palmas, y pocos días después embarcó con su esposa y su hija rumbo a Tenerife y Gran Canaria. Sin embargo, cuando menos en abril de 1935 volvió a visitar La Palma. Durante la Guerra Civil sirvió como sargento del Segundo Batallón Expedicionario de Tenerife en el frente de Morata de Tajuña. Una crónica de operaciones publicada por La Prensa en abril de 1937 destacó su serenidad en el cumplimiento de una misión difícil. En junio regresó brevemente a La Palma y el 4 de marzo de 1938 se documenta otra llegada a Santa Cruz de La Palma. Para entonces ya había ascendido a alférez.

A finales de 1943 se encontraba nuevamente en la isla y fue nombrado primer delegado en La Palma de la recién creada Federación Tinerfeña de Baloncesto, acompañado por Pedro Martínez Rossi como secretario. En 1944 era ya teniente y ayudante del gobernador militar de la plaza de Santa Cruz de La Palma. La Delegación reorganizó la competición, movilizó a los clubes, estableció calendarios y designó árbitros. El baloncesto volvía a ponerse en marcha. Bajo la dirección de Díaz Moreno se celebró el campeonato de la temporada 1943-1944, en el que participaron TeniscaMensajeroEspañol y Palma, con victoria final del primero. También se impulsaron encuentros femeninos, partidos con participación militar y una Copa de Verano, al tiempo que aparecían nuevos equipos. La competición oficial no recuperaría esa estabilidad hasta la temporada 1951-1952.

Díaz Moreno ejerció como delegado entre 1943 y 1945. Lo sucedería Miguel Bethencourt Arrocha, otra de las grandes figuras de los primeros tiempos. Bethencourt fue decisivo en el arbitraje, la reorganización y la continuidad posterior, mientras Carlos Yanes estuvo entre quienes protagonizaron la introducción inicial. Alfredo Díaz, sin embargo, reúne en una sola trayectoria casi todas las funciones: iniciador en 1928, mediador en 1933, árbitro principal en 1934, primer delegado federativo en 1943, formador de jugadores y promotor de nuevas competiciones.

Es más, su actividad directiva no se limitó al baloncesto. En febrero de 1945 firmó como subdelegado insular de la Federación Tinerfeña de Fútbol el calendario insular de Liga de la temporada 1944-1945, y en diciembre de 1946 aparece como secretario del Real Nuevo Club. Estas responsabilidades se sumaban a la presidencia de la Sociedad Colombófila de Santa Cruz de La Palma que había ejercido en 1932 y completan su presencia en distintos ámbitos asociativos y deportivos.

Pero a todo ello añadió una faceta que hoy posee un valor extraordinario: la de cronista. Durante 1944 publicó numerosas informaciones deportivas bajo el seudónimo de Aldimo, formado con las primeras sílabas de su nombre y apellidos. Y el 7 de febrero de 1947 firmó en Diario de Avisos el artículo «Algo sobre la historia del baloncesto palmero», uno de los primeros intentos de reconstruir los orígenes de este deporte en la isla. Su relato coincide en sus aspectos esenciales con los recuerdos de Gabriel Gómez Forns y Carlos Yanes y con las referencias publicadas en 1945, 1948 y 1951. Alfredo Díaz Moreno fue, por tanto, protagonista y memorialista. Primero participó en la historia y luego trató de evitar que se perdiera. Esta doble condición explica que buena parte de lo que sabemos sobre los comienzos del baloncesto palmero haya llegado hasta nosotros, aunque su propio nombre no haya recibido un reconocimiento proporcionado. Su trayectoria solo adquiere toda su dimensión cuando se contemplan juntas sus distintas etapas.

Por lo demás, su carrera militar continuó después de abandonar la primera línea de la organización baloncestística. Consta como sargento en 1932 y 1937; alférez en 1938, teniente y ayudante del gobernador militar de La Palma en 1944 y capitán de Infantería en 1948. Posteriormente alcanzó el grado de comandante. Desde julio de 1959 ocupó un destino civil en el Servicio Especial de Vigilancia Fiscal del Ministerio de Hacienda, en Santa Cruz de Tenerife, en el que permaneció hasta causar baja por edad reglamentaria el 25 de septiembre de 1980. Casado con María Concepción García y García, falleció el 19 de mayo de 1982 en el Hospital General y Clínico de San Cristóbal de La Laguna. No obstante, sus restos fueron trasladados a Santa Cruz de La Palma, donde se celebró la misa de corpore insepulto en la iglesia de El Salvador.

Por lo tanto, cabe considerarlo el principal constructor del baloncesto palmero durante su fase fundacional, sin atribuirle en exclusiva una obra que fue colectiva. Cuando fue preciso enseñar el juego, estuvo allí; cuando los jóvenes necesitaron una cancha, facilitó el acceso al cuartel; cuando hubo que arbitrar el primer campeonato, dirigió la mayoría de sus partidos; cuando se creó una estructura federativa, fue su primer delegado en La Palma; y cuando aquellos comienzos corrían el riesgo de ser olvidados, escribió su historia.

La Palma ha reivindicado con razón su condición de cuna del baloncesto canario. Esa consideración exige recuperar a quienes lo hicieron posible. Entre ellos, Alfredo Díaz Moreno ocupa un lugar excepcional y su nombre merecería quedar unido a una cancha o una competición. No sería una concesión generosa, sino la reparación de un olvido: pocos hicieron tanto como él para que en La Palma comenzara a botar un balón.

J.J. Rodríguez-Lewis

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