La vida es eterna en quince minutos

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Un querido familiar y no por ello menos querido amigo me reprocha amablemente mi falta de empatía con las caravanas, cosa que yo rechazo de pleno pues me cae de maravilla ese amor de los caravaneros por los espacios abiertos, por la libertad total de movimientos, por la aventura. El problema es cómo vamos a armonizar , o cómo va a armonizar el Cabildo Insular, la defensa y promoción del turismo de caravanas con la teoría de los quince minutos, es decir, que nadie en caso de emergencia en La Palma, viva donde viva, se encuentre a menos de quince minutos del lugar donde pueda ser atendido, y lo digo por nuestras carreteras, hechas para superar obstáculos orográficos y para la contemplación, y no para la prisa o es que nadie en el Cabildo ha ido alguna vez detrás de una caravana  kilómetros y kilómetros… ¿Quince minutos? ¿Hablan en serio? Bueno, en un buen día de tráfico podemos llegar a Urgencias en poco más de quince minutos desde los pueblos más cercanos batiendo récords de velocidad y luego ya tranquilamente esperar unas cuantas horas a que nos atiendan. A no ser que se refieran a atención telemática en que algún cirujano te diga a través del móvil cómo tienes que operarte la apendicitis, pongamos por caso, o cómo atender un parto por el camino. Me recuerda el tema a aquella hermosa canción del gran Víctor Jara ‘te recuerdo Amanda’ que decía “son cinco minutos, la vida es eterna en cinco minutos”, cambiemos simplemente cinco por quince, se nos va a hacer eterno ese camino de emergencias en La Palma. Hay demasiadas curvas en La Palma y no sean mal pensados, que hablo sólo de carreteras. En fin.

P.S. Sobre la visita del Papa, ok, dijo lo que tenía que decir, repartió en todas direcciones, pero es como si Cristo hubiese sido recibido en Jerusalén no sólo por sus seguidores, sino por fariseos, seduceos, escribas, Sanedrín en pleno y autoridades civiles y militares, con Pilatos y Herodes a la cabeza, todos más cristianos que Cristo, más tolerantes y humanistas que los apóstoles que lo seguían desde el principio. Bueno, es anacrónico, de acuerdo, y como creyente no se puede confundir a Dios con su representante, pero.

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