Valsequillo concede a título póstumo el nombramiento de Hijo Adoptivo al periodista Adolfo Santana
Nació en una cueva y nunca lo olvidó. En esa cueva hoy guarda los voladores una empresa de pirotecnía, hecho que al eterno reportero le parecería una suerte de realismo mágico del que siempre bebieron sus escritos (o no). Adolfo Santana (1950-2015) recibe a título póstumo el título de Hijo Adoptivo del municipio de Valsequillo.
“Con la aprobación de estas distinciones, Valsequillo rinde un merecido y justo homenaje a aquellas personas y entidades que, con su vocación de servicio, su compromiso profesional o su entrega altruista, han contribuido de manera decisiva al progreso, bienestar y prestigio del municipio”, explica el Consistorio en un comunicado, en el que comunica esta distinción a 21 personas, de las que dejan huella.
El eterno reportero
Adolfo comenzó a ejercer en el Diario de Las Palmas y se echó a la espalda la tarea de rescatar del olvido las tradiciones y las historias de la gente más humilde, sabedor de que son las únicas que conforman el relato completo y más rico de la identidad de una sociedad canaria que estaba perdiendo, en la segunda mitad del siglo XX, los últimos testimonios que podían arrojar luz sobre la identidad, que es pasado y también faro. Cuidó y difundió la tradición del Rancho de Ánimas, especialemnteel de Valsequillo, del que su abuelo fue patriarca, y entrevistó en Guayadeque al último testigo presencial del baile del Pámpano Roto, hecho que reflejaría Alfredo Ayala en el programa de RTVE en Canarias, Raíces Isleñas.
Santana, que entraría en la definición del periodista total, escribió sobre Política, Región y fue jefe de Derpotes en el Canarias7 a principios de los años 90. En la radio, locutó en programas como La Guagua, en Antena3 Radio y, más tarde, en emisoras como Radio Atlántico, Radio Tagoror, Radio Independiente de Gran Canaria o Canarias Ahora Radio. Dirigió su propio programa de Televisión, La Cantonera, rodado en la Casa de Postas de Ingenio y emitido por el canal de ese municipio.
Entre los reconocimientos recibidos a título póstumo figuran el Roque Nublo del Cabildo de Gran Canaria en 2015, la denominación de un merendero en el espacio protegido del Barranco de los Cernícalos y el nombre de una plaza junto a la casa de sus padres y hermanos en Las Puntillas, Ingenio. Muy amigo de sus amigos, considerado maestro por algunos compañeros de oficio, Adolfo está presente, once años después de su muerte, en el recuerdo de quienes le conocieron.
En el año 2016, un año después de su muerte, su familia recopiló en el libro Retazos de Zafra, de la editorial Canarias Ebook, los últimos escritos que el periodista dejó plasmados en su blog homónimo.
Su última crónica, sin firmar, un legado de profundo amor al oficio de contar las historias de los condenados a no tener espacio en las portadas y a cien años de soledad.
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