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La opinión de otros

La opinión de otros en ocasiones es el latigazo que aviva el fanatismo y la violencia por la falta de tolerancia y comprensión.

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No sabemos convivir con la opinión o la perspectiva de lo demás. Somos críticos para encontrar errores y desestabilizar el punto de vista de otros, pero no somos autocríticos para intentar encontrar fallas en nuestro punto de vista. En cuanto una opinión o un argumento o una perspectiva no gustan, o no se está de acuerdo con ellas, o echa abajo la pirámide elaborada de creencias e ideologías, ultraja todos los símbolos y los dioses a los que se adora, entonces, nace la cólera, la rabia y el odio, brota el fanatismo y todo acto de violencia y desprecio. En lo que a la especie humana y su comportamiento como especie dentro de una sociedad de convivencia se refiere, no ha sido tanto el cambio en siglos.

No hay verdades ni certezas que cierren el círculo. Lo que encontramos son flechas lanzadas que no acaban en ninguna diana, se pierden en el recorrido. Ni siquiera regresan. Toda opinión, perspectiva, creencia o no creencia, es a veces un nudo que no se libera para evolucionar, al contrario, se anuda y enreda aún más.

Creemos residir en el territorio de toda perspectiva perfecta, ideal, coherente, real y verdadera, y sin embargo, solo es otro punto de vista, otro balcón desde donde sostener la mirada de lo que sucede afuera y desde el que tomamos la conducta o postura que consideramos más conveniente, pero en ningún caso, el trazo loable y certero, inequívoco y sin errores.

La opinión de otros en ocasiones es el latigazo que aviva el fanatismo y la violencia por la falta de tolerancia y comprensión.  Eso ocurre con quienes albergan la carencia de poder ir más allá, de sostener otros paisajes que articulen otras opciones. Y esto, es una pauta bastante aprovechada por los líderes que sostienen el poder, o por los argumentos promocionales de muchas empresas que residen en esa misma cadencia de supremacía.

La opinión de otros es un lugar al que deberíamos acercarnos con mayor asiduidad, sin que, por ello, prescindamos de nuestra opinión. Solo con la intención de vernos dilucidando toda mirada desde otro balcón.                                                                 

Andrés Expósito

( www.andresexposito.es )

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