Covid-19: ¿Qué dicen los datos?

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Europa sufre una segunda ola de coronavirus que encabeza España. Somos el país con más contagios desde verano, pero también el que notifica más ingresos hospitalarios y más muertes.

Los repuntes de contagios se traducen en muertes que como sabemos llegan con dos o tres semanas de retraso, pero los fallecimientos crecen. Nuestro país notifica más muertes que nadie, unas 100 diarias o 2 por millón de habitantes. Tenemos la peor letalidad.

Las 100 muertes diarias es un “goteo” constante. Y estas cifras siguen subiendo. A este ritmo en un mes estaremos hablando de unos 4 mil muertos por Covid. Y tengan claro una cosa: el número de muertes no depende solo del pico, también depende de la duración de la ola.

¿Por qué España va encabeza? 

Nadie lo sabe con certeza. Los expertos científicos apuntan a que es debido a los problemas en el manejo de la crisis por parte del Gobierno, las Autonomías y los diversos organismos de ambas administraciones. No es debido a la densidad de población (por ejemplo, Nueva York tiene más densidad y la curva la tiene contenida); no es debido al desconocimiento de lo que vendría (los científicos tenían evidencias de la 2ª ola); no es debido a que los españoles seamos más sociales (los italianos son más sociales que nosotros y tienen una curva contenida). 

Todo parece apuntar a la descoordinación y la incompetencia de los gestores y políticos. Han tomado medidas sin base científica, un poco a “lo loco” y a remolque de presiones de todo tipo. Un ejemplo paradigmático es el absurdo cierre de parques, jardines y playas; otro ejemplo es al absurdo, y ruinoso, de las reducciones de aforos en bares o teatros, cuando la evidencia sobre los espacios nos indica que todas estas actividades deben hacerse en exteriores.

Las comunidades autonómicas y el gobierno no pueden ir cada una por su lado y por su cuenta. No es útil, ni eficiente. 

Parte de las decisiones desafortunadas, erróneas y que siguen sin corregirse, tienen que ver con los siguiente:

1. No hay claridad, ni transparencia en los datos. Ha mejorado bastante, con respecto a marzo, la comunicación de datos; pero esta sigue siendo manifiestamente mejorable. Con malos datos es difícil tomar buenas decisiones.

2. No hay suficientes rastreadores. No los hay y así no hay forma de seguir los brotes y de romper las cadenas de contagios. Tarde, muy tarde se está incorporado a esta labor el Ejército para permitir que los sanitarios vuelvan a Atención Primaria y puedan atender a los pacientes. Y no se ha incorporado desde hace meses por absurdas cuestiones ideológicas.

3. No se hacen suficientes análisis de aguas fecales y los que se hacen no se publican. Sabemos que esta es la manera más eficiente de predecir un brote. Y se puede predecir con semanas de antelación. Es incomprensible que no se haga.

4. No se hacen suficientes test. La tasa de positividad es alta, la más alta de Europa. Solo un par de autonomías (Asturias y Canarias) tienen una positividad aceptable (por debajo o al rededor del 5%)

5. No se están haciendo los test de antígenos. Test que son eficientes, de alta sensibilidad y especificidad; y que no requieren de personal especialista para analizarlos.

6. No se analiza a nadie en puertos y aeropuertos. Y el virus, por ejemplo, a lugares como Canarias, que son islas, llega en avión.

7. No hemos hecho una evaluación independiente de la gestión de la epidemia. Tenía que haberse hecho una evaluación de la gestión hace meses para analizar lo que sucedió en marzo, para no repetirlo en otoño y para prepararnos para la 2ª ola. No se hizo, no hay intenciones de hacerla. De hacerla debería estar hecha por científicos independientes del gobierno, hacer posible que trabajen en el extranjero y que sean reconocidos expertos en su especialidad. Sino es así, la evaluación no servirá para nada.

8. No hay contrapesos ni contrapoderes. Todo gobierno debe tener un sistema, un organismo que les contradiga. Esta labor es clave en cualquier ámbito. Una voz informada, independiente del poder político que cuenta las cosas como son. El político en el gobierno siempre cuenta que todo va bien, que todo lo hace perfectamente y no es cierto. Y esta labor NO la ha hecho Fernando Simón, que ha sido un portavoz, pero nunca ha sido una voz independiente, ni un contrapeso al poder político. Ha sido un autoengaño. Necesitamos gente que meta el dedo en la llaga, que haga de abogado del diablo. Y en este país con todo, o casi todo, intervenido por el poder político de turno NADIE se atreve a hablarle al poder político y menos a contradecirlo. 

El político debe ser un facilitador, alguien que facilite el trabajo de los demás, de los que saben, de los que quieren emprender, y, sobre todo, un político nunca debe entorpecer y molestar con normas, leyes y burocracia absurda, que no valen ni el papel en el que las redactan, y dejar que los que saben trabajen con libertad y recursos.

Y esto, según evidencia disponible, es uno, quizás el más importante, de los factores que hacen que España esté tan mal en esta segunda ola. 

Las gráficas son del Ministerio de Sanidad

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Publicado el
30 de septiembre de 2020 - 11:57 h

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