Las radios en portugués y la poesía

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En estas lomadas ha llovido bastante, la laurisilva y los barrancos ofrecen su mejor esplendor, el aire es fresco y hasta los alemanes de 80 años disfrutan sobremanera recorriendo los senderos, bajando al fondo del Barranco de los Poleos, trepando como cabras salvajes por las veredas. Ah, si la vida fuese eterna estos lugares estarían repletos de gente que no quiere irse a otra parte. Pues a pesar de que hay pocos vecinos, muy pocos en verdad, la carretera nos transmite una sensación de plenitud.

Los montes estallan en una gama de verdes, en estos días los almendreros han perdido sus últimos pétalos. Estas carreteras suelen tener poco tráfico en estos meses de invierno, en que quienes más se movilizan son los senderistas.

La radio comarcal es la única que te llega con buena señal. Pero son las radios en portugués de Madeira las que te lanzan sus mensajes comerciales y sus noticiarios, la señal es tan clara como si tú mismo estuvieras recorriendo la isla de Funchal.

Debe ser la querencia por los antiguos colonos que poblaron buena parte de la isla desde el siglo XVI, cuando los ingenios de azúcar tuvieron grandes rendimientos y todo se exportaba hacia Flandes. Desde entonces se han quedado en el habla popular cientos de vocablos que definen el lenguaje campesino, el lenguaje marinero, el lenguaje coloquial de cada día. Incluso se diría que la vieja saudade lusitana se instaló en la magua insular, en el sentimiento de añoranza cuando los emigrantes abandonan el suelo natal.

Estos caseríos del norte están casi vencidos, solo quedan unos cuantos ancianos que todavía resisten con sus cultivos de supervivencia. Hay algunos puntos de reunión, en los que las instituciones ofrecen ayuda. Las iglesias y las ermitas permanecen cerradas salvo que se acerque la fiesta conmemorativa del santo o la santa que tutela esos pagos.

Mientras circulamos por estas carreteras norteñas recibo una ampliación del poeta Ricardo Hernández Bravo sobre sus dos libros presentados en Gran Canaria. Se trata de Papi, no se puede pagar sin aliento (El sastre de Apollinaire, 2021) y Porque tú me has hablado (Ediciones La Palma, 2025) que parten de anécdotas de sus hijos y pueden considerarse dos caras de una reflexión sobre el lenguaje y la memoria con la mirada infantil como protagonista.

En el primero entabla una juguetona conversación con el niño interior que todos seguimos siendo, ese que se resiste a dejarnos y que nos tira de las orejas para que nunca perdamos la inocencia y la capacidad de asombro que nos permite ver y nombrar las cosas como la primera vez. Cada palabra de esa frase, le da pie a insistir en la pregunta chinchosa de cómo se puede pagar o cumplir con la vida y con nosotros mismos sin ese aliento, sin ese desparpajo.

“Porque tú me has hablado”, la respuesta de su hija de tres años que de pronto recuerda a su abuelo que ya no está y a quien no ha conocido. Se trata de un libro lleno de preguntas sobre la capacidad del lenguaje para diluir las fronteras del espacio y del tiempo, sobre el poder de la inocencia para ensanchar los límites del mundo. El libro escarba en las raíces de nuestra memoria y sus vínculos con la naturaleza a través de un diálogo en que la historia familiar más íntima aflora en las voces de varias generaciones que se superponen y entrecruzan en un juego de presencias.  

Cree Ricardo que la poesía debe reflejar la música de la palabra hablada, de la oralidad. Tomar prestada la frescura de la voz infantil y la naturalidad y espontaneidad de los cuentos, y anécdotas de vida, para hablar de las cosas pequeñas, los detalles cotidianos en los que anida la poesía. Sin duda, un poeta que profundiza.

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