Meletlidis, geólogo del IGN: “Siento admiración por el comportamiento de la gente evacuada por el volcán de La Palma”

Stavros Meletlidis, investigador del IGN. ALEJANDRO RAMOS

Los científicos de Instituto Geográfico Nacional (IGN) están plenamente integrados en la sociedad palmera después de veinte días de erupción volcánica en Cumbre Vieja y reciben continuas muestras de afecto, desde no cobrarles productos farmacéuticos para tratar la irritación en ojos y fosas nasales producida por las cenizas y los gases del volcán, hasta cederle el turno en una gasolinera para limpiar el vehículo del Ministerio de Fomento en el que se desplazan. Sus rostros son ya conocidos por los habitantes de La Palma y esperan de ellos palabras de sosiego y tranquilidad para alejar la incertidumbre en la que viven inmersos tras la acción destructiva de las coladas de lava.

Barajan casas prefabricadas como alojamiento provisional para los afectados por el volcán

Barajan casas prefabricadas como alojamiento provisional para los afectados por el volcán

Al griego Stavros Meletlidis, investigador del IGN, nacido en Salónica hace 54 años y residente en Canarias desde hace más de dos décadas, le gusta explicar a la población, de forma didáctica y cercana, qué es lo que está ocurriendo en Cumbre Vieja. Y responde a cualquier pregunta en plena calle y hasta en un semáforo. Un día antes de producirse la erupción, acudió al terrero de lucha de Las Manchas para dejar claro a los habitantes de la zona cómo sería la evacuación en caso de que finalmente tuviera que llevarse a cabo. Hacía una semana que había llegado a la Isla como integrante del equipo de la Red de Vigilancia Volcánica del IGN, porque sospechaban, por los datos recabados desde el inicio del enjambre sísmico del 11 de septiembre, que algo se movía en el subsuelo de la geografía palmera.

“Los evacuados por el volcán de La Palma tuvieron un comportamiento admirable; si hay una palabra por encima de ejemplar, hay que emplearla”, ha asegurado a este periódico. “No sé si se debe a que muchos de ellos han vivido El Teneguía y otros el de San Juan”, agrega, y recuerda que “llegué a La Palma casi una semana antes de la erupción, he vivido todas las fases, desde informar a la gente en la calle o en la jornada que se organizó en el terrero de lucha de Las Manchas, y en la mañana del 19 de septiembre, durante la evacuación, estuve en la carretera moviéndome entre Jedey y Las Manchas, y puedo decir que el comportamiento de los evacuados es admirable, muy disciplinados, muy ordenados, sin miedo, quizás incertidumbre; siento admiración por esta gente”, afirma Stavros, que también vivió la erupción submarina de El Hierro.

No cree que el volcán cogiera a la gente desprevenida. “Por la mañana ya se empezó la evacuación de la gente con movilidad reducida o algún otro problema, y tanto en la

primera evacuación como en la segunda, no hubo heridos, no hubo fallecidos, la gente, en general, ya estaba preparada de acuerdo con lo que había comunicado el  Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca), a través de su director técnico, Miguel Ángel Morcuende”, explica. “Teniendo como referente en la memoria El Teneguía, que salió en el sur de la isla, en un sitio deshabitado, y ahora este volcán casi a 150 metros de la última casa del núcleo, hay una diferencia importante”, remarca. “Hasta ahora creo que se han hecho las cosas bien y es verdad que hay destrucción, viviendas y fincas afectadas, pero lo más importante son las vidas humanas. El camino de la lava y cómo se comporta el volcán es impredecible a largo plazo, se ha evacuado, se ha delimitado el área de exclusión y esperamos que no tengamos que intervenir de nuevo”, resalta.

Este vulcanólogo, que inició sus primeros pasos en vigilancia volcánica en la isla griega de Santorini, se sorprende por las muestras de afecto que están recibiendo de la población palmera. “Como vamos en el vehículo del Ministerio de Fomento y llevamos los chalecos del IGN, la gente nos reconoce”, dice, y cuenta que “hasta en los semáforos en Los Llanos de Aridane los conductores bajan la ventanilla y nos preguntaban cómo va el volcán; en las farmacias tampoco nos han cobrado los productos para tratar la irritación de las fosas nasales y los ojos, y en la gasolinera nos cedieron el turno para lavar el coche, no es poca cosa, comportarse así indica la calidad humana que tiene el palmero”, subraya.

“Una cosa es vivir el volcán desde la experiencia de un científico que viene a recoger muestras y otra desde la visión de un profesional de la Red de Vigilancia Volcánica y de Alerta Temprana, saber que los datos que se manejan en esta institución van a ser la base para que el Pevolca tome acciones sobre el terreno; no es lo mismo, hay una responsabilidad tremenda”, insiste.

Sobre la evolución de la erupción, es claro: “Mentiría si digo qué es lo que va a pasar mañana, hay que ser honestos con la gente, estamos intentando hacerlo lo mejor posible, siempre se habla de pronósticos muy a corto plazo, y ahora mismo no tenemos datos que nos puedan indicar la duración de la erupción o el comportamiento en los días siguientes; hay que tener paciencia y, sobre todo, atender cualquier comunicado del Pevolca, que es el órgano gestor”.

“Para atender bien una erupción hay tres actores importantes: la parte científica, los datos; la gestión de la erupción, y las personas, y sin esa disciplina que he dicho de los palmeros, da igual los datos que tengamos nosotros o la gestión de la protección civil”, concluye.

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