¿Acaso Sitges no era ya un festival de cine fantástico?
La última revelación que ha hecho que me salten todas las alarmas han sido las declaraciones del director del festival de cine de Sitges, Ángel Sala, durante la rueda de prensa de presentación de la edición del 2009. Durante dicho acto, Sala declaró: “Nos orgullece poder recuperar la palabra 'fantático' en el título del festival, ya que le pertenece como derecho y deja bien claro cuáles son nuestros objetivos principales; es decir, transformar Sitges en el festival fantástico más puntero, innovador y, por qué no, prácticamente líder del sector cinematográfico”.
Y ahora ustedes dirán ¿qué tienen estas declaraciones para que esté inmerso en un estado de ansiedad tan preocupante?... Pues por una razón muy sencilla. Después de más de veinte años acudiendo al festival no me había enterado que Sitges ya no era un festival de cine fantástico. Sabía que la palabra “terror” desapareció del título décadas atrás, pero del calificativo 'fantástico' no tenía ni idea. De qué cosas se entera uno.
Entonces, ¿a qué festival he estado acudiendo los últimos años? Dicen que el hombre es un animal de costumbres y, salvo desastres naturales, mientras las cosas permanezcan como están, dará la sensación de que todo sigue igual.
Vale, pero si me pongo a hacer memoria, la programación de todo este comienzo de siglo ha mantenido la misma tónica que antaño, con añadidos que no venían a cuento, cierto es, pero para mí el fantástico nunca había dejado de estar presente. Además, la consideración que por parte de los sesudos y doctos críticos se tenía para con el festival era la misma -trufada de los mismos prejuicios de siempre. Por todo ello, y si encima se añade la fauna propia que visita Sitges en esos días, tan convencido estaba de que nada había cambiado.
No obstante, el propio Sala explicaba más adelante que una de las razones por las cuales el festival había recuperado el calificativo de fantástico se debía a que ahora el género fantástico está de moda y a todo el mundo le gusta hablar de él.
En otras palabras que ahora mola hablar del género fantástico y está bien visto decir que se ha ido al cine a ver tal película o que se está siguiendo una determinada serie de televisión de marcado carácter fantástico. Algo así como que el fantástico está en el candelero, que no en el candelabro, y todo el mundo tiene derecho a nombrarlo entre su círculo de amigos.
Poco importa que buena parte de los periodistas acreditados en Sitges renieguen públicamente del género y lo destrocen con sus críticas. Ahora mismo es el género que salva los muebles de buena parte de las distribuidoras cinematográficas y ya no es un género de freaks.
La cosa no deja de tener su gracia, sobre todo para quienes hemos crecido profesionalmente asistiendo a las proyecciones, ruedas de prensa y lecciones magistrales desarrolladas en la localidad catalana.
Hace dos décadas, cuando logré asistir casi por casualidad y de pura chiripa ?me dieron el pase de prensa una hora antes del comienzo del festival-, Sitges era sinónimo de un encuentro de colgados, casi sin oficio ni beneficio, y al que pocos le daba una vida tan larga como la que ha demostrado tener. Es más, los periodistas acreditados eran, en su mayoría, de otros países, algo que con los años ha cambiado de manera drástica. Ahora todo el mundo quiere estar en Sitges, aunque, como ya he dicho anteriormente, ni les guste el género, ni muchos de los que por allí andamos. Sin embargo, el mundo ha cambiado y quienes antes solamente veían películas de serie B, pobladas de bichos, dementes, psicópatas y litros y litros de sangre, ahora ven taquillazos de los que hay que hablar y escribir, por mucho que les pese.
En el fondo, a ellos sí que les debió gustar que el festival perdiera el calificativo de 'fantástico' y ahora estarán disgustados por la recuperación. Quién sabe, a lo mejor le exigirán a la dirección del festival, cabinas estancas para ver las proyecciones o algún tipo de vacuna para no contraer algún virus pernicioso y maligno.
En mi caso particular tengo claro que Sitges nunca ha perdido el calificativo ni de'fantástico' ni de FESTIVAL, con mayúsculas, por muchos que algunos les pese. Paseando por sus calles, antes de ir a ver una película o hablando con un desconocido en una de las muchas colas a la puerta de un cine, he pasado algunos de los mejores momentos que recuerdo como profesional y como persona.
Sitges fue, es y espero que sea, un festival dedicado a todos aquellos que disfrutamos con una buena película de género fantástico, ya sea protagonizada por un Alien, un zombi, un psicópata o el piloto de una nave espacial. Lo que importa es que en Sitges todos, bueno, casi todos, hablamos un lenguaje común y eso es lo que más me gustó, durante mi primer festival, y lo que me hizo regresar después.
Enterarse de que el festival ha recuperado el calificativo de 'fantástico' me demuestra que hay personas y/o instituciones que mejor se dedicaran a pensar las cosas antes de hacerlas. Rectificar es de sabios, sí, pero ¿tanto les molestaba que Sitges fuera un festival de Cine Fantástico? A fin de cuentas, para salir en la foto, vale casi cualquier cosa.
Bueno, algo más tranquilo, he decidido que lo mejor será irme organizando para poder disfrutar, tal y como se merece, de la edición número 42 del Festival de Cine Fantástico de Sitges. Y, de paso, renovar mi pacto con el diablo, para, además de no envejecer, evitar decir y hacer memeces como las que los doctos y sesudos críticos se empeñan en cometer, una y otra vez.
Eduardo Serradilla Sanchis
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