Canarias, ¿nueva Lesbos o Lampedusa 2?
Llega el Papa a las Islas. su visita viene inspirada por un mensaje explícito y rotundo de humanidad con los migrantes, sustentado en lo mejor de las tradiciones y valores del Cristianismo: “un nuevo mandamiento os doy”, con raíces en el Viejo Testamento (Levítico).
Cualquiera que observe estos días las acrisoladas actitudes de relevantes personajes de la derecha (sin conocerlos), que personifican un día sí y otro también lo peor de las tradiciones conservadoras hispanas, las de la naturalidad con la que practican hipocresía y cinismo, pensaría que nunca han roto un plato sembrando y agitando la xenofobia y el racismo contra los migrantes africanos pobres y de piel oscura. Podría decir negros, pero es que no son sólo negros.
Recapitulemos: el mapa de los Estados de África -trazado con escuadra y cartabón y sin la menor relación con la antigua distribución geográfica de las culturas y pueblos originarios del continente, Mamma África, que fue cuna de La Humanidad- reproduce con líneas rectas el reparto colonial que las potencias europeas fijaron a principios del siglo XX para la explotación de sus recursos y sus seres humanos, a los que en la peor tradición occidental -especialmente anglosajona, ya saben, wasap- se les negaba la titularidad de derechos sobre sus tierras ancestrales y sus recursos naturales y hasta la propia condición de seres humanos.
El expolio de recursos y las prácticas de trabajos forzados y de masacres fue algo habitual. La civilización occidental solía tener como agentes coloniales a lo peor de cada casa. Las inversiones en infraestructuras, cuando se ejecutaron, no tenían nada que ver con las potencialidades de desarrollo de aquellos territorios colonizados, sino con el transporte hasta las metrópolis de sus riquezas minerales, agrícolas, ganaderas, madereras..
Y después del logro de la independencia, todos las presiones imaginables para dejar gobiernos “medianeros”, que diría Clavijo, y perpetuar relaciones de dependencia neocolonial. Total, países sin el grado de cohesión interna imprescindible para hacer viable un Estado. Guerras, frecuentemente atroces, entre comunidades, tribus y etnias secularmente enfrentadas, empujadas por el proceso emancipador que reproducía las líneas de reparto colonial a convivir en el mismo país “independiente”. En fin, innumerables Estados fallidos cuya autoridad ha sido de inmediato ocupada por nuevos señores feudales armados hasta los dientes por las grandes empresas que continúan explotando minerales raros y “diamantes de sangre”, o por el yihadismo más agresivo, especialmente contra las mujeres africanas, como en el inmenso y cercano Sabel.
Y ahora, para más Inri, recortes salvajes de la cooperación y las ayudas humanitarias bajo inspiración trumpiana y de los intereses que este individuo aciago representa.
Y Canarias, en la Ruta Atlántica que recorren jugándose la vida y muriendo en desgarradoras circunstancias desesperados seres humanos, “les damnés de la Terre”, niños y menores solitos incluidos, en busca de la esperanza.
¿Cómo ha venido reaccionando aquí cierta clase dirigente (ya saben) ante lo que algunos desalmados llegaron a calificar de invasión? Que yo recuerde, con vergüenza como canario: convocando desde la órbita del mismísimo ayuntamiento en la primera oleada migratoria, allá por 2006, una inmunda manifestación en Santa Cruz de Tenerife. Fue jaleada por los editoriales de El Día a bombo y corneta. Pero fracasó, afortunadamente.
Luego fueron las proclamas desde Coalición Canaria (les ahorro señalar a los protagonistas) de que Canarias se iba a convertir en una Nueva Lesbos o en Lampedusa 2, islas mediterráneas donde las murallas despiadadas de la misma Europa que diezmó sus riquezas y sus poblaciones hasta la extenuación los concentraba en el más despiadado hacinamiento. Luego vinieron maniobras y mensajes racistas de José Manuel Soria, las actitudes de la alcaldesa de Mogán llegando a abrir expedientes sancionadores a los hoteles que alojaron temporalmente a las personas concentradas en espantosas condiciones en el muelle de Arguineguín.
Y, pa´ no ir más lejos, los infames panfletos que repartió Coalición Canaria en La Laguna, en los que llegaban a decir que a los canarios les vendría bien unas vacaciones pagadas con dinero público. Hacían llegar esos libelos jediondos especialmente en los entornos de los acuartelamientos de Las Raíces y de Las Canteras, donde hubo que alojar a los africanos después de una década de desmantelamiento de las instalaciones por parte de Gobiernos estatales del PP apoyados parlamentariamente, cómo no, por los de “el modo canario” de hacer las cosas. Y, más de último, la negativa y el boicot de los gobernantes autonómicos del PP y, cada vez más, de PP/Vox, es decir de los aliados genealógicos de nuestros “nacionalistas”, a la distribución solidaria de los menores no acompañados.
Ese rechazo a los migrantes, y lo saben, les sirve políticamente como reclamo hacia quienes -como decía E. Hobsbawn en La Era del Imperio- les puede servir el nacionalismo y la xenofobia “como vehículo perfecto para expresar los resentimientos colectivos” ya que “no pueden explicar con precisión su descontento” por las desigualdades, la pobreza y el desamparo que sufren en sus propios países desarrollados, descargándolo “sobre los malhadados extranjeros”. Siempre, eso sí, que sean pobres y de tez oscura.
Pero ahora se postrarán en hinojos ante el Pontífice, con retransmisión a los cuatro vientos por la fanfarria mediática del régimen aticoalicionero, que ha llegado a la bravuconada de boicotear desde la Dirección General de Trabajo del Gobierno de Clavijo la huelga de los trabajadores de los servicios informativos de la RTVC, en respuesta frente las salvajadas que vienen perpetrando en los medios públicos que pagamos todos los canarios.
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