Cómo Zaragoza se convirtió en una ciudad de cines: de los pabellones provisionales a los multicines
Hubo un tiempo en el que la ciudad de Zaragoza llegó a tener decenas de salas de cine repartidas entre el centro y los barrios. Hoy muchas han desaparecido o han cambiado completamente de uso, pero su historia permite recorrer más de un siglo de la ciudad, desde los primeros pabellones donde se proyectaban películas hasta la llegada de los multicines que acabó transformando la ciudad.
Antes de que existieran grandes salas como el Palafox o el Elíseos, el cine llegó a Zaragoza de forma improvisada. A finales del siglo XIX, las películas se proyectaban en pabellones provisionales instalados en sitios como la Plaza Salamero o el Paseo de Independencia, cuando todavía todo esto del cine era una novedad para los zaragozanos.
El 23 de febrero de 1905, abría sus puertas el Palacio de la Ilusión, considerado el primer cine estable de la ciudad. Diseñado por Ricardo Magdalena, marcó el paso hacia una nueva etapa, donde las películas empezaban a tener espacios propios.
Durante las décadas de los cuarenta y cincuenta llegó una gran expansión de las salas zaragozanas. La ciudad multiplicó sus cines con espacios como el Elíseos, el Coso o el complejo en aquel entonces Palafox-Rex.
El Elíseos, inaugurado en 1944 y diseñado por Teodoro Ríos Balaguer, se convirtió en uno de los edificios más singulares de la ciudad por su arquitectura y diseño. Cerró en 2014, pero todavía conserva parte de su valor histórico como Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés.
En los años cincuenta llegaron nuevos referentes, como el cine Coso y el Palafox- Rex. El primero terminó desapareciendo tras su cierre en 1982, mientras que el Palafox logró adaptarse a los cambios y continúa siendo a día de hoy una de las pocas salas históricas que siguen abiertas en Zaragoza.
El cine también llegó a los barrios
El crecimiento de Zaragoza también llevó el cine a los barrios. La ciudad inauguró nuevas salas y duplicó su capacidad de proyección, con locales repartidos entre el centro y barrios como Delicias, Torrero o Las Fuentes. Cines como el Delicias, el Venecia, el Victoria o el Torrero acercaron las proyecciones a miles de vecinos y consolidaron el cine como uno de los principales espacios de ocio de la ciudad.
Muchos de estos cines de barrio programaban reestrenos a precios más asequibles y eran conocidos por sus populares sesiones dobles, mientras que los grandes estrenos solían reservarse para salas como el Palafox.
Pero aquella ciudad llena de cines fue desapareciendo poco a poco. La llegada de los multicines y los cambios en la forma de consumir películas acabaron cerrando muchas de aquellas salas. Hoy quedan pocas, como el Palafox, pero su historia todavía permite recorrer cómo Zaragoza cambió al mismo tiempo que sus cines.
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