La otra cara del proyecto 'estrella' de la alcaldesa de Zaragoza: quejas por ruido, vibraciones, ratas y falta de aparcamiento
Las obras de renaturalización del río Huerva han cambiado el paisaje de la avenida Manuel Lasala desde que comenzaron a finales de 2024. Sin embargo, junto a la transformación de la calle, algunos vecinos aseguran que los trabajos están provocando problemas que afectan a su vida diaria. Vibraciones en los edificios, filtraciones en garajes, ruido desde primera hora de la mañana y la presencia de ratas son algunas de las quejas que denuncian.
Para el Ayuntamiento de Zaragoza la regeneración del Huerva representa la mayor obra de transformación urbana y medioambiental de la ciudad en las últimas décadas. Concebido como uno de los proyectos 'estrella' de la alcaldesa, cuenta con una inversión superior a los 30 millones de euros –financiamiento en parte impulsado por la Fundación Biodiversidad a través de fondos europeos NextGenerationEU–. El Consistorio defiende que los trabajos devolverán la biodiversidad a un cauce históricamente degradado. La intervención contempla la creación de un gran corredor verde de más de 100.000 metros cuadrados que conectará barrios desde la zona Universidad hasta Tenerías, la instalación de colectores para sanear el agua y la plantación de miles de árboles destinados a reducir el efecto de isla de calor.
Mientras, los vecinos de Manuel Lasala aseguran que las molestias han aumentado durante los últimos meses. Según asegura Balbina García, vecina afectada por las obras del Huerva, el movimiento de la maquinaria pesada provoca vibraciones que llegan a sentirse en el interior de los edificios. “Mi madre vive en Manuel Lasala, al principio de la calle, y yo vivo en La Ripa, al final. Vibraciones hemos tenido continuamente”, explica para subrayar que el problema se percibe en distintos puntos de la zona. Según comenta, el paso constante de la apisonadora hace que “las vibraciones se noten en todas las casas” y reconoce que “siempre te queda la duda”, aunque le han asegurado que no existe riesgo para la estructura de los edificios.
A estas molestias se suman, filtraciones de agua en varios garajes del entorno. García asegura que, en su comunidad, una filtración “duró casi dos meses” después de que se produjera un problema con unas tuberías durante las obras. “No puedes tener una filtración sacando cubos y cubos de agua de un garaje durante tanto tiempo”, lamenta. La vecina afirma que la incidencia no tuvo solución hasta que varios residentes pidieron al encargado de la obra que comprobara personalmente lo que estaba ocurriendo.
Otro de los aspectos que destacan es el ruido generado por la maquinaria. Los trabajos comienzan desde primera hora de la mañana y el descanso se ve alterado prácticamente a diario. “Desde las seis y media de la mañana empiezan ya a preparar los vehículos y las máquinas, y a las siete ya empiezan a toda marcha”, explica Balbina García. Aunque comprende que el horario se haya adelantado por las altas temperaturas, considera que “a las siete de la mañana es demasiado pronto para empezar a hacer tanto ruido”, especialmente para las familias con niños pequeños.
Los vecinos también alertan de un aumento de la presencia de ratas en la zona de sus garajes, tras las intervenciones. Esta vecina afirma que en su comunidad fue necesario realizar un tratamiento extraordinario de desratización y asegura que “no lo habíamos tenido nunca en el garaje”.
Los vecinos afectados aseguran haber trasladado algunas de estas incidencias a la comunidad del edificio y al Ayuntamiento. En el caso de las filtraciones, Balbina García explica que el administrador y la presidenta de la comunidad presentaron la correspondiente información, aunque sostiene que el problema no se resolvió hasta que varios vecinos avisaron directamente al encargado de la obra. “El Ayuntamiento decía ya lo arreglaremos, pero no puedes tener una filtración durante tanto tiempo”, afirma. Pese a las quejas vecinales, desde el Ayuntamiento de Zaragoza reconocen que unas obras de estas características pueden generar molestias, pero insisten en que su objetivo es recuperar una zona degradada y transformarla en un espacio verde.
A las protestas por el ruido, las vibraciones o las filtraciones se suma también la falta de aparcamiento. En una petición de la Plataforma zona 7 de Zaragoza aseguran que las obras han supuesto la eliminación de numerosas plazas de estacionamiento en calles como Cervantes y Zumalacárregui para facilitar el paso de camiones. Según sostienen, esta situación ha dificultado encontrar aparcamiento para los residentes y reclaman al Ayuntamiento la conversión de varias zonas azules en zonas de estacionamiento para residentes con el fin de compensar la pérdida de plazas durante las obras.
Denuncia por el “maltrato” al arbolado
A estas voces vecinales se sumó la denuncia que la Asociación Naturalista de Aragón (ANSAR), Ecologistas en Acción y la Plataforma Salvemos los Pinares de Venecia presentaron ante el Ayuntamiento de Zaragoza. Los colectivos señalaron la calle Manuel Lasala como ejemplo del maltrato al entorno, criticando a la alcaldesa Natalia Chueca por tildar de “demagogos a los que denunciaban la situación del arbolado”. Frente a las promesas de nuevas plantaciones, las agrupaciones recordaron que existen “hechos y datos que corroboran la falta de cuidado del arbolado existente”, respaldados por protestas ciudadanas que denunciaban la tala continua, “el incumplimiento permanente” de la ordenanza municipal, “podas agresivas que desestabilizan los árboles y les provocan heridas irrecuperables” o la presencia de “miles de alcorques vacíos” en la ciudad.
En el caso concreto de las obras del Huerva a su paso por Manuel Lasala, los ecologistas denunciaron que se levantaron las aceras sin adoptar medidas de protección para las plantas, lo que “ocasionará un daño a las raíces” y “la desestabilización de los árboles” que, “como en otras ocasiones, los podrá volver inseguros, con lo que terminarán siendo talados”. Asimismo, criticaron que las replantaciones anunciadas incluyan especies exóticas no recomendadas o desaconsejadas por riesgo invasor, reclamando “otra concepción de la jardinería” y recordando que la prioridad debe ser “conservar el arbolado existente”, ya que las nuevas plantaciones “tardarán muchos años en producir sombra” para combatir las altas temperaturas.
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