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Desafíos del sector primario en La Palma

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La Palma se juega su modelo agrario en esta década. La isla más agraria de Canarias arrastra una paradoja insostenible: produce mayoritariamente para fuera mientras importa el 90% de lo que come. Vive del plátano, pero el plátano sobrevive de la subvención. Tiene agua de sobra, pero la pierde. Tiene marca, pero no comercializa unida. Tiene tierra, pero envejece sin relevo.

Este documento plantea cinco diagnósticos y una propuesta. Los diagnósticos describen un sector primario en declive, vulnerable y atrapado en estructuras heredadas que ya no responden a la situación actual.

La propuesta articula un Plan Agrario para La Palma sostenido en cuatro palancas: soberanía alimentaria, reindustrialización inteligente, comercialización platanera unificada y una política del agua que recupere lo perdido. No es una receta nostálgica de vuelta al pasado; es una apuesta por el futuro desde lo que ya somos y tenemos.

1) Situación actual: una visión rápida

La Palma es la isla más agraria de Canarias. El sector primario aporta el 12% del empleo insular y el 6% del PIB palmero, frente al 2,5% del empleo y el 1,2% del PIB en la estructura económica regional. Se cultivan 7.600 hectáreas, el 16% del total agrario canario, en una isla que apenas representa el 9,5% de la superficie del archipiélago. Son 3.800 explotaciones que no llegan a las dos hectáreas de media (frente a las 4,2 de la media regional). Con 5.000 empleos directos y 2.500 indirectos, la renta bruta agraria total (ventas más ayudas del Posei) asciende a 200 millones de euros.

El plátano ocupa 2.700 hectáreas, el 43% de la superficie cultivada, y representa el 84% de la producción agrícola total. Es el cultivo más importante en la isla. Sus 5.300 productores comercializan 140.000 toneladas al año agrupados en seis organizaciones de productores de plátanos (OPP) que compiten suicidamente entre sí, debilitando su poder negociador frente a la distribución.

Es una estructura comercial heredada de un tiempo en que el plátano de Canarias no tenía como rival a la banana en el mercado español, sostenida por los intereses de una minoría y que los productores no han sabido superar adoptando un modelo de unidad comercial y marca única que les permita capturar mejor margen.

El coste de producción oscila entre los 0,70 y 0,80 euros/kg. La remuneración al agricultor (antes de la ayuda Posei) en 2023 fue de 0,30 euros/kg (uno de los peores años en precios); en 2024 subió a 0,60 euros/kg, y en 2025 se ha comportado de forma muy volátil, por debajo de costes al inicio del año y de julio en adelante. Ha habido medias de 1,20 euros/kg entre abril y junio. Solo la ayuda Posei anual de 0,33 euros/kg hace viable, y no siempre, el cultivo. La propiedad está atomizada y envejecida: el 67% de los productores gestiona menos de 0,5 hectáreas, el 40% de los propietarios supera los 65 años y solo el 12% no llega a 40. Los abandonos ya han comenzado, y serán masivos si no cambia el escenario.

El aguacate, en plena expansión, no parece alternativa fiable. Ocupa 1.135 hectáreas con una producción de 8.500 toneladas. Aunque ofrece precios al agricultor entre tres y cinco euros/kg, muy superiores al plátano, sufre vecería (un año de cosecha excelente y, al siguiente, caída brusca). Algunas plantaciones nuevas están afectadas por Phytophthora y se están abandonando. Otras explotaciones, expuestas a vientos y lluvias en el corto periodo de floración, enfrentan problemas de polinización que comprometen su viabilidad sin cobertura del consorcio Agroseguro. 

Los mejores suelos para cultivos subtropicales están ya dedicados al plátano, y un giro masivo hacia el aguacate saturaría un mercado local protegido de las importaciones por la orden fitosanitaria básica de Canarias de 12 de marzo de 1987. Exportar a mercados más competitivos con las rentabilidades actuales se complica frente a la potente producción americana.

Los cultivos tradicionales van proa al marisco. La papa solo cubre el 10% del consumo insular (2.300 toneladas), cuando llegamos a producir 7.300. Verduras, forrajes, cereales y leguminosas prácticamente han desaparecido como cultivos comerciales.

La viticultura, en retroceso: de 749 viticultores y 610 hectáreas en 2015 a 566 viticultores y 388 hectáreas en 2024, sosteniéndose gracias a una buena diferenciación internacional en vinos de calidad.

La pesca artesanal ha perdido más del 50% de sus capturas entre 2015 y 2024, con apenas 215 toneladas.

En el sector ganadero, la industria quesera tradicional ha caído de 32 queserías en la DOP Queso Palmero en 2019 a solo 13 en 2023. Los elevados costes de producción y una intervención pública desnortada, tanto en el diseño de ayudas como en la no habilitación de suelo ganadero para nuevas granjas, condenan al subsector a la desaparición si no se actúa con urgencia.

El resultado es un sistema agrario en declive, vulnerable, dependiente de la ayuda pública y orientado en el 90% a la exportación, mientras importa el 90% de lo que consume. Una contradicción que ningún territorio puede sostener indefinidamente.

2) La sostenibilidad del subsector platanero

El Posei está amenazado por el nuevo Marco Financiero Plurianual 2028-2034, que se negocia ahora en Europa. Recortes en la ayuda o la pérdida de una sección específica al traspasar su gestión al Gobierno de España determinarán la viabilidad del cultivo. Y hay que desplegar una estrategia firme de defensa del Posei en los próximos años.

Pero lo que el subsector realmente necesita es dejar de depender de la subvención. El plátano de Canarias tiene marca, lo que no tiene es una estructura comercial a la altura de esa marca. Dispone de una certificación de calidad IGP Plátano de Canarias reconocida por el consumidor, una identidad visual consolidada, un producto que gana las pruebas de sabor frente a la banana y una notoriedad que ya querrían muchos productos con presupuestos publicitarios muy superiores. Y aun así, el agricultor canario lleva años viendo cómo se estrecha su margen, cómo la banana le gana cuota en el lineal y cómo se reduce su capacidad de negociación frente a la gran distribución.

Detrás de la imagen unitaria del plátano de Canarias hay múltiples organizaciones de productores operando de forma independiente, compitiendo entre sí en precio ante las centrales de compra de las grandes cadenas. Esta fragmentación no es un rasgo inevitable del sector; es un problema con solución probada. Decenas de sectores agrícolas en todo el mundo lo han demostrado: concentrar la comercialización bajo una estructura y una voz únicas, al servicio de los productores. Avanzar en este camino no es una opción, es una condición de supervivencia. Si no, los abandonos serán masivos.

3) Un Plan Agrario para La Palma

Más soberanía alimentaria

Hace falta un sector primario que produzca, transforme y consuma en La Palma. Más diversificado, más eficiente y más atractivo para los jóvenes. Apoyado en certificaciones de origen y sello palmero, en certificaciones ecológicas y en canales cortos de comercialización que dejen el valor añadido en la isla, no en el mayorista peninsular.

Recuperar los cultivos tradicionales (papas, hortalizas, leguminosas) requiere palancas concretas: compra pública responsable en comedores escolares, hospitales y residencias; alianzas firmes con hoteles, restaurantes y cafeterías; potenciación de los mercados públicos municipales. Y políticas activas de relevo generacional: bancos de tierra para facilitar el acceso al suelo, líneas de financiación específicas para el acceso al capital, formación profesional dual agroecológica para el acceso al conocimiento y un plan de vivienda rural para el acceso habitacional. Certezas de rentas y estímulos. Es lo que un Plan Agrario para La Palma debe articular en los próximos años.

Reindustrializar reinventando lo local

La Palma necesita reindustrializarse con inteligencia. Pequeñas industrias de transformación vinculadas al campo, la artesanía, la cultura y la digitalización. El queso, el vino, el ron, la seda, los puros palmeros: activos de gran valor añadido y reconocimiento mundial que esperan ser ampliados.

No se trata de volver al pasado, sino de reinventar lo local con herramientas del presente, combinando tradición, innovación y sostenibilidad. Un modelo que diversifique la economía, fije población y genere empleo de calidad, especialmente en las zonas rurales.

4) El agua: la prioridad absoluta

Sin agua disponible en cantidad, calidad y precio adecuados no hay desarrollo agrario, industrial, turístico ni poblacional posible en La Palma. La agricultura absorbe el 84% del consumo total insular.

Una caída del 28% en la disponibilidad hídrica en una década, combinada con pérdidas en la distribución del 57%, hace inviable cualquier plan estratégico serio. Y lo paradójico es que en la isla hay agua. Según el Plan Hidrológico, cuatro veces más de la necesaria.

Urge rehabilitar y mantener las galerías mediante cierres hidráulicos o tranques, reducir las pérdidas en la distribución rehabilitando los canales secundarios y las redes urbanas, y transitar hacia sistemas de regadío más eficientes. Y, en paralelo, seguir ampliando las dos bocas o galerías del Túnel de Trasvase Este-Oeste.

Urge también democratizar el Consejo Insular de Aguas de La Palma y empoderarlo como autoridad real en la gestión de galerías, pozos y redes de distribución. Hay que reforzar el interés general, revisando, si fuese necesario, la Ley de Aguas.

5) El futuro: lo que podría ser

El sector primario palmero tiene todo lo necesario para aumentar el autoabastecimiento; poner en producción gran parte de la superficie agrícola hoy abandonada; mejorar la seguridad alimentaria frente a las crisis bélicas, sanitarias y climáticas, cada vez más frecuentes; conservar el medio rural como aliado en la lucha contra el cambio climático; ofrecer productos frescos y de proximidad; asegurar la gestión sostenible de las semillas y la diversidad de las especies palmeras, y garantizar la comercialización sostenible de lo producido en la isla.

Una agricultura, en definitiva, que confíe en lo que ya somos, tenemos y podemos construir juntos.

Reducir la dependencia del exterior no es cerrarse al mundo, es ganar autonomía, estabilidad y resiliencia. Es apostar por circuitos económicos cortos que generan valor añadido en la isla y fortalecen el empleo local. 

Es elegir, por fin, un futuro propio.

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