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Otra estrategia turística para La Palma

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Vista la iniciativa, que no debate ni participación, que, a poco más de un año de las próximas elecciones (mayo de 2027), Coalición Canaria (CC), desde el Cabildo insular, ha abierto en La Palma en relación con el turismo y cuál seguirá siendo el modelo elegido por los tres partidos de siempre (se añaden el PP y el PSOE) para el desarrollo de esa actividad productiva, creo que llega el momento de reflexionar y aportar algunas alternativas; o sea, de disentir con manifiesta claridad y espero que con argumentos, porque otra estrategia turística es posible, y además necesaria, en nuestra isla de La Palma.

Construir un modelo turístico de éxito

La Palma se enfrenta a una decisión que marcará su futuro durante décadas. Mientras el modelo turístico canario muestra signos evidentes de agotamiento, con récords de visitantes que conviven con salarios estancados, vivienda inaccesible y servicios públicos al límite, en La Palma se intenta replicar precisamente ese modelo en declive. La pregunta no es si la isla debe apostar por el turismo, sino qué tipo de turismo queremos y para quién. Lo que está en juego es mucho más que un sector económico: es la forma de vida, el paisaje y el futuro de quienes vivimos aquí.

Mucha planificación y pocos resultados

El primer Plan Insular de Ordenación Territorial de La Palma, de 1974, configuró los dos núcleos turísticos que hoy siguen siendo principales en la isla: Los Cancajos y Puerto Naos, ambos concebidos bajo el paradigma del destino de sol y playa.

Después de aquello, poco más... Los sucesivos planes insulares, parciales y especiales no alcanzaron sus objetivos. El Plan Territorial Especial del Turismo (PTET, 2011), tras tres aprobaciones parciales entre 2007 y 2010, nunca llegó a aplicarse.

La Ley de las Islas Verdes, en su versión de 2019, constituye el marco normativo actual. Se articula en torno al Sistema Motriz Turístico Insular (SMTI), integrado en la tercera revisión del Plan Insular (R3PIOLP), que habilita las Actuaciones Estructurales de Trascendencia Insular (AETI) mediante los Instrumentos de Planificación Singular Turística (IPST), de los que más adelante hablaremos.

El resultado: sesenta años de planificación baldía y un sector marginal cuya aportación máxima al turismo total canario fue del 2,8% en 2017.

La imposibilidad de materializar lo planificado suele atribuirse a causas estructurales como la debilidad inversora, la fragmentación de la propiedad del suelo, la escasez de playas y las limitaciones de conectividad aérea. Lo que está claro es que por falta de planes no ha sido.

¿Qué ha pasado en islas similares?

Lanzarote y Fuerteventura, que hace sesenta años partían de una posición incluso más marginal que La Palma, han desarrollado una industria turística potente. Hoy, conjuntamente, acumulan el 35% de las pernoctaciones canarias. La Palma no llega al 2%.

Pero es un modelo que empieza a agotarse. Solo funciona mientras nadie lo haga más barato, y cuando alguien lo consigue, podemos estar perdidos. Nuevos destinos, sobre todo los más cercanos como Marruecos y otros países del Mediterráneo oriental, comienzan a poner en jaque aquel modelo. Y no solo el de Fuerteventura y Lanzarote, sino el de toda Canarias.

La respuesta basada en más volumen es una premisa equivocada, y la realidad empieza a ser muy incómoda: récord de visitantes con un consumo desmesurado de territorio y de recursos, salarios que no suben, vivienda inaccesible, servicios públicos tensionados y una fuga constante de valor. Buena parte del dinero que entra sale igual de rápido: solo entre el 30% y el 40% del gasto del turista se queda en las islas. Más dependencia económica y más desigualdad. El modelo no sirve para la isla.

Cambio de paradigma

Se hace necesario revisar la forma en que evaluamos el éxito turístico. Esta debe centrarse en los impactos positivos que la actividad puede y debe generar en el destino: su eficacia en la generación de medios de vida, su contribución a la economía local, la creación de empleo decente y el respeto por el medioambiente y los equilibrios naturales, sin desplazar a quien vive aquí ni degradar lo que nos hace únicos. Un turismo al servicio de la isla y de su gente.

El perfil del que nos visita

La principal motivación de quien llega a La Palma es explorar y conocer la isla. Valora los paisajes, la tranquilidad y la ausencia de masificación; muestra una alta sensibilidad ambiental y disposición a pagar tasas de compensación, y reporta niveles de satisfacción superiores a la media canaria. Es un turista de valor, que mejora los ingresos unitarios y, por tanto, la productividad por empleado.

La Palma reúne un conjunto de activos turísticos sin equivalente en los mercados europeo y mundial de destinos diferenciados: Reserva Mundial de la Biosfera que abarca la totalidad del territorio insular, el Roque de los Muchachos (uno de los mejores emplazamientos del planeta para la astronomía, protegido por la Ley del Cielo de La Palma), el geopatrimonio volcánico del Tajogaite, los bosques de laurisilva (relictos o vestigios de la flora terciaria europea), los fondos marinos y un largo etcétera.

La Palma, un destino diferente

La Palma no puede ni debe competir en el turismo masivo de sol y playa. La estrategia correcta es la diferenciación radical en nichos de alto valor: científico, ecológico, cultural y gastronómico, compatibles con nuestro patrimonio natural y cultural y capaces de generar mayor valor añadido por visitante con menor impacto.

La combinación volcán, cielo y biosfera constituye el atractivo más potente para experiencias del visitante: astroturismo y geoturismo, geopatrimonio volcánico, paisajes agrarios únicos, arquitectura atlántica, mar, turismo regenerativo, turismo slow. Todo ello es compatible con nuestro territorio y nuestra forma de vida, que son los activos diferenciales más valiosos y, paradójicamente, los más infrautilizados en la elaboración de la estrategia actual.

Retos estructurales del nuevo modelo

La mejora de la oferta alojativa en calidad y cantidad debe estar vinculada a la activación completa y operativa del patrimonio construido: casas solariegas, conjuntos históricos, haciendas y edificaciones vernáculas, junto con nuevos hoteles tipo boutique o emblemáticos. Y regular inteligentemente la vivienda vacacional para que distribuya el valor localmente sin tensionar la vivienda residencial.

Se trata de mejorar los efectos multiplicadores del turismo sobre el resto de la economía insular: gastronomía, artesanía, transportes, servicios culturales... El turista que viene a La Palma debe gastar en La Palma; debe generar ingresos, renta, riqueza, a los palmeros.

A lo anterior se une la mejora de la calidad del empleo turístico mediante formación específica, contratos estables y retención del talento local. El turismo de calidad requiere profesionales de calidad, y mucha enseñanza de idiomas.

Pero hay más, y es la mejora de la conectividad, pero no solo con más asientos disponibles en rutas internacionales directas, sino también a través de mejores conexiones con el aeropuerto del sur de Tenerife y con Gran Canaria. El poder de negociación frente a las compañías aéreas es considerablemente mayor para un destino diferenciado, de alta demanda y valor añadido que para un destino fácilmente replicable y sustituible en un mercado tan competitivo.

También hay que dotar al destino de instrumentos de gobernanza participativa capaces de coordinar e implantar un plan de transformación y un plan de marketing y comercialización.

Pacto por el Turismo: error político y económico

Lejos de analizar los datos y las tendencias del sector y de valorar la oportunidad de cambiar de estrategia, los partidos políticos de La Palma (CC, PSOE y PP) firmaron en 2023 un acuerdo para impulsar las infraestructuras turísticas y apoyar la creación de nuevas camas contempladas en el viejo y estancado modelo.

El Pacto por el Turismo en La Palma es ampliamente rechazado por la sociedad palmera. Promueve modelos especulativos, la instalación de cadenas hoteleras extractivas y sobredimensionadas e infraestructuras anexas inasumibles, como son los campos de golf. Se consume mucho paisaje, mucho territorio y muchos recursos, que son de todos, solo para beneficiar a unos pocos.

Instrumentos de Planificación Singular Turística

Con ese objetivo, La Palma ya cuenta con tres IPST autorizados: Ecoresort La Pavona (Las Breñas), 1.400 camas, un proyecto inicialmente vinculado a un campo de golf; La Dichosa Wellness (Las Manchas), 564 camas, y el Parque Astronómico Cultural Llano de las Ánimas.

En tramitación se encuentran Puerto Naos (2.604 plazas), Golf Fuencaliente (1.024 plazas) y Las Hoyas-Tazacorte (900 plazas). En el cajón de los estudios de arquitectura hay otros muchos a punto de ver la luz, como el Complejo Residencial Bioclimático de Roque del Faro (Garafía) o el Complejo Turístico-Residencial y de Ocio de La Fajana de Barlovento, con hotel, charcos intermareales, club de mar, caravaning, cubiertas apergoladas para soláriums panorámicos y quioscos de playa. Todo ello al más puro estilo de resort de sol y playa, por mucho adjetivo de eco, bio o sostenible que se les quiera añadir. 

Es justo lo contrario del objetivo declarado por la Ley de Islas Verdes, que supuestamente nace para cambiar la estrategia y convertir el paisaje y el patrimonio en el recurso turístico principal, no para incentivar el turbocrecimiento depredador.

Ciertos movimientos, por su oportunidad, resultan cuando menos sospechosos. La Comisión de Evaluación Ambiental del Cabildo de La Palma aprobó el inicio del expediente del IPST de Puerto Naos el 30 de abril pasado. En el pleno del Cabildo del 9 de abril de 2026, apenas tres semanas antes, se destituyeron y a la vez designaron nuevos miembros de esa misma Comisión.

No es ajeno a esta operación territorial el proyecto del túnel El Remo-La Zamora: 5,5 kilómetros de obra de alta complejidad técnica y elevado impacto medioambiental, presupuestada inicialmente con la friolera cifra de 328 millones de euros de dinero público y pensada únicamente para llenar de la mayor cantidad de turistas posible el sudoeste costero palmero (El Remo, Puerto Naos, Las Hoyas, Tazacorte).

Las reacciones contra los que se oponen

Los promotores de este desarrollo anacrónico, fundamentalmente el grupo de Gobierno de Coalición Canaria en el Cabildo de La Palma, donde esta formación política tiene mayoría absoluta, han reaccionado con rapidez contra quienes nos hemos atrevido a señalar que seguir con esa estrategia turística es, por todo lo expuesto, un grave error para la isla. El Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, firmantes del Pacto por el Turismo de La Palma, se mantienen en silencio. Entendemos que otorgan.

Tratan de ofrecer a la opinión pública un escenario intencionadamente polarizado: ellos, los buenos, los que generan economía, los que atraen inversión, los que crean empleo, y nosotros, los malos, los que estamos en contra de todo, los que no queremos nada bueno para La Palma. Han hecho un gran despliegue en medios y redes sociales. Pero ese relato carece de credibilidad y la oposición en la calle es mayoritaria. Y bien que lo saben. De ahí el empeño en la propaganda pagada con dinero público.

En La Palma lo que se enfrentan son dos modelos. Uno, empantanado, en recesión, implantado en Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote y Fuerteventura: el de sol y playa, el hotelero extractivo, de baja remuneración laboral, que, lejos de traer bienestar para todos, está rompiendo la vida cotidiana. Barrios y pueblos convertidos en algo irreconocible, parques temáticos y vecinos obligados a marcharse porque no pueden pagar un alquiler con precios disparados por la especulación turística. Trabajadores que se levantan a las cinco de la mañana para cruzar la isla y servir desayunos en hoteles de cinco estrellas, pero que no pueden permitirse vivir cerca de su lugar de trabajo. Colas en los centros de salud, carreteras colapsadas, servicios públicos desbordados.

Esto no va de estar contra el turismo. Va de ser sensatos y de no aceptar una dependencia impuesta por intereses foráneos. Va de un modelo turístico que esté al servicio de la isla y de su gente, no al revés. Un turismo que genere empleo digno y estable, que aporte valor real a la economía local y que distribuya sus beneficios de forma justa.

Creemos en un turismo sostenible e inteligente, que respete la capacidad de carga del territorio y con ello proteja el paisaje. La conservación del entorno es la base de una experiencia turística auténtica y duradera. Un turismo que invite a vivir en La Palma, no solo a visitarla.

No podemos permitir que las decisiones se tomen de espaldas a los palmeros. Es hora de actuar con responsabilidad y valentía. Estamos a tiempo.

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