Menores y redes: cuando la Ley llega tarde
Dice el prestigioso psicólogo social Jonathan Haidt, autor, entre otros, de La Generación ansiosa, que cualquier menor que pase seis horas al día en Internet, navegando por la red, viendo vídeos de unos 15 segundos de media, insulsos la gran mayoría, no llegará a aportar nada relevante al planeta. Vamos, que pasará sin más por la vida. Qué triste, ¿verdad?
Me angustia sobremanera saber que sabiendo que solo tenemos una vida, no la aprovechemos y la estrujemos al máximo. Con afán de trascender y sin esa pretensión, pero sí de dar lo mejor de nosotros y mismos en el ámbito que sea.
Ese es el mensaje que no me canso de trasladar a mis hijos que acaban de entrar en lo que en mi época se conocía como edad del pavo, ahora full drama. Yo entiendo que muchos progenitores entenderán lo que quiero trasladarles, y es, a veces, la frustración que genera no poder combatir el arrastre digital de nuestros menores. Todo hoy en día se mueve en el entorno de las redes, los grupos de WhatsApp, los canales de YouTube, y otras tantas plataformas que no sé ni pronunciar. No podemos poner puertas al campo dirían algunos. O sí.
Justo estos meses ha comenzado en nuestro país el debate sobre la edad mínima de acceso a los foros digitales. Es un tema delicado que incide directamente en el presente, pero sobre todo, en el futuro de nuestra generación zeta. Asegura Haidt que la tecnología digital ha provocado ya efectos devastadores no solo en el desarrollo de los menores, sino en las relaciones adultas, vamos, en la inteligencia general. Y con esa triste premisa debemos entender que a la hora de legislar sobre este asunto llegamos tarde.
El Partido Popular llevó el pasado mes de noviembre a la Asamblea de la Comunidad de Madrid la propuesta de limitar y prohibir el uso de redes sociales a menores de 16 años, pero que puedan acceder menores de entre 14 y 16 años con autorización y control paterno. Esta medida se enmarcaba dentro de un plan para reforzar la protección de los menores en Internet. Unos meses después salió el señor Sanchez anunciado esto mismo como si fuera una idea suya. Poca humildad política.
Pero bueno, como esto no es una cuestión de autoría sino de preservar el interés superior del menor y de proteger a nuestra juventud, quiero incidir en que se llega tarde. Europa cuenta con mecanismos, leyes, normas y reglamentos que, de haberse aplicado ya en España, estaríamos en otro punto del debate, pero en el gobierno central se está a otros menesteres menos interesantes y relevantes para el bien común.
En el Congreso se está debatiendo la Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales. Mi partido, muy involucrado en este asunto, ha presentado más de una veintena de enmiendas para mejorar este texto y que salga la mejor norma posible. Realmente esperamos que el PSOE tienda la mano y dialogue con todas las fuerzas políticas, y no haga como siempre: meter las propuestas del PP en el cajón o tirarlas directamente a la basura. Todo con tal de no dar su brazo a torcer porque la propuesta viene de la bancada popular. Eso no es hacer política responsable.
Todos entendemos que la tecnología ya es parte indisoluble de nuestra vida. A modo de hipérbole podemos casi decir casi que “érase un móvil a una mano pegado” y no estaríamos exagerando. Como madre siento que predico en el desierto, o que a veces llego a ser demasiado permisiva en cuanto al uso de Internet en casa. Por eso, debemos ir todos unidos a la hora de prevenir el deterioro cognitivo y mental de nuestros niños y niñas por el uso de las redes e Internet. Me niego a pensar que esta juventud no tiene nada que aportar al planeta, me niego a pensar que el día de mañana un niños de 11 años no sepan quién es Cervantes o quién pintó la Gioconda, o cuál es la capital de Noruega o, incluso, qué fue el Holocausto. Lo siento, me niego a ello. Y aunque no se le puedan poner puertas al campo, sí podemos poner coto a la ignorancia.
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