PP y Junts, por fin juntos
He presenciado y participado en muchos debates parlamentarios en el Senado en los que el PP calificaba a Junts de “golpistas” y “socios” de Sánchez. No les quiero ni contar la que han armado el PP y sus brigadas judicial y mediática a cuenta de la amnistía. Aunque no es fácil determinar quiénes son la brigada de quiénes en este torbellino de defenestrar al Gobierno progresista desde que se constituyó en los términos previstos por la Constitución.
El PP y Junts, por fin juntos.
¿Ya no son golpistas? ¿Se han vuelto socios? ¿Y cuando Feijóo les pide que apoyen una moción de censura para investirlo a él presidente, es porque ya no son golpistas?
Más allá de la verborreas patrioteras, que no patrióticas, con las que llevan demasiado tiempo camuflando los verdaderos y coincidentes intereses conservadores que representan, más allá de las mareas de corrupción que obligaron a declarar amortizada a Convergencia i Unió (¿nos acordamos todavía del 3 per cent?), más allá de la ristra casi interminable de casos que viene arrastrando el PP, que lo puso al borde de que los poderes fácticos que lo patrocinan le dieran el finiquito (y se inventaran, promocionaran y pusieran a calentar en el banquillo a Ciudadanos, por si había que “refundar” la derecha siguiendo el ejemplo “CiU después Junts”), al final puede más, demasiado, lo que los une.
Durante la crisis financiera desencadenada desde 2008, ambos partidos aplicaron con verdadero deleite las fallidas e injustas recetas que sirvieron para descargar la crisis sobre los trabajadores de todas clases (que decía la Constitución Republicana), recortar las políticas del Estado Social y los derechos laborales e incrementar las desigualdades.
¿Se acuerdan de cómo M. Rajoy, ¡a través de un decreto-ley!, ejecutó la contrarreforma laboral?
Fue el Real Decreto-Ley 3/2012, que facilitó y abarató drásticamente los despidos y dio un golpe de muerte a la contratación colectiva y a los sindicatos dándole prioridad a los convenios de empresa (el descuelgue) sobre los convenios de sector…
¿Como tuvieron que inventarse la Ley Mordaza, recortando los derechos políticos para impedir que la gente se revolviera contra los recortes y las políticas antisociales?
Y durante toda esa ofensiva conservadora con la excusa de la crisis, el PP y Junts mantuvieron una conflictividad constante Cataluña/España porque les convenía política y electoralmente. Hasta que, como suele pasar, se les fue de las manos: el Procés, la declaración unilateral de independencia, la coacción federal prevista en el 155 de la Constitución para restablecer la legalidad y la normalidad democráticas…
Luego vino la amnistía, el informe en contra del Tribunal Supremo, el mismo que informó favorablemente amnistías e indultos a los golpistas del 23-F, que esos sí que eran golpistas; el boicoteo de Marchena and boys a la aplicación de la Ley de Amnistía utilizando todas las truculencias “argumentales” que les ha dado la gana, llegando a llamar “golpistas” a quienes había condenado por sedición y no por rebelión o reinventándose el concepto de malversación del Código Penal contradiciendo hasta la doctrina establecida por el propio Tribunal Supremo…
Parece mentira, pero es verdad, la inmensa sordina que han impuesto los poderes empresariales -luego mediáticos- al balance de gestión del actual Gobierno. Los mismos poderes que llegaron a calificar de ministro milagro a Rodrigo Rato, luego convicto de corrupción. ¿Ustedes se imaginan que un Gobierno PP pudiera exhibir los datos de crecimiento y de creación y de calidad de empleo del gobierno presidido por el demoníaco Perro Sanxe? Sólo esos, dejando a un lado sus políticas sociales que serían inimaginables en el caso de un Gobierno de la derecha. Y sin que hablemos tampoco de la proyección internacional de España y de su Gobierno en defensa del Derecho Internacional, de la Paz, de la lucha contra el cambio climático, de la denuncia del genocidio contra el pueblo palestino, que en caso del conservadurismo hispano -el mismo que secundó servilmente la ilegal Guerra de Irak- serían simplemente impensables.
A uno, que tiene convicciones progresistas y que ha tenido que afrontar señalados casos de corrupción (hasta acabar conociendo cómo son y cómo funcionan sus canales en estas Islas y sus complicidades y resortes mediáticos), le avergüenzan y le indignan los comportamientos de quienes, aprovechándose de su poder orgánico o institucional se han aprovechado y profanado los valores que han sustentado la centenaria estela humana del socialismo español.
Pero de igual manera mantengo que el Gobierno y sus políticas deben continuar adelante, a pesar de la oposición devastadora de los sectores conservadores que ya ni aceptan ni aceptarán en un futuro ningún Gobierno que no represente sus intereses insaciables. Los suyos de ellos, aunque traten todos los días de esconderlos manoseando el nombre de España.
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