La ola feminista rompe con el aborto ilegal en Argentina

Feministas argentinas celebran la legalización del aborto.

Natalia Ramos

Las Palmas de Gran Canaria —

Ese día volvía de viaje desde Bahía Blanca (al sur de la provincia de Buenos Aires) y mi whatsapp no paraba”. Y no era para menos. Majo Parra regresaba a la capital argentina el pasado 13 de junio para unirse a las miles de personas que frente a las puertas del Congreso de los Diputados apoyaron el proyecto de ley para la legalización del aborto al grito unánime de “que sea ley”. Majo se organizó a través de las redes sociales para encontrarse con sus amigas y compañeras: “Tengo que pasar por mi casa, hace 3 días que no veo a mi niño. Pero iré con él, aunque haga frío. A la plaza voy, como sea”. Así lo hizo.

La militante feminista de Nuevo Encuentro, que se integra en Unidad Ciudadana (partido de la expresidenta Cristina Fernández Kirchner), admirada por la inmensa cantidad de jóvenes y la marea de pañuelos verdes (emblema de la legalización) que llegaban de todas partes, buscó en las calles el abrazo con ellas, con las nuevas y con las que desde hace muchos años ha peleado este tema. “Hubo emotividad a flor de piel, pero también mucho de reflexión, de conciencia del tiempo histórico, de criterio político y sororidad”.

Al anochecer la movilización feminista se mantuvo en vigilia mientras los diputados nacionales debatían y votaban por primera vez el proyecto de ley para que las mujeres puedan interrumpir el embarazo hasta la semana 14. La joven universitaria de 21 años, Camila Marino, lo vivió como una fiesta: “La gente bailaba en la calle, charlaba y ponía cosas en común, dormía, tocaba música en directo… porque sabíamos que estábamos más cerca de poder decidir sobre nuestros cuerpos. Me indigna que no se pueda”.

Majo se fue a casa con su niño convencida de que “haber llegado hasta allí ya era un triunfo”. Cintia Luján, compañera de partido en el que es responsable nacional del Frente de Mujeres, destaca un momento de mucha fuerza para las activistas cuando un grupo de diputadas decidió salir en medio de la sesión y cogidas de los brazos avanzaron entre la multitud cantando hasta llegar al escenario. Allí proclamaron: “La ley la ganamos en las calles”. Luego regresaron a sus puestos en la Cámara.

Tras más de 20 horas sin descanso con argumentos contrapuestos y algunos no tan definidos sobre el aborto, en la mañana del 14 de junio se aprobó el proyecto, con 129 votos a favor y 125 en contra. En la calle el triunfo estalló en una celebración de más aplausos, lágrimas, abrazos y cantos: “Ahora que estamos juntas, ahora que ya nos ven, abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer, arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer…”.

Siguiente paso

Este logro es histórico y se debe a la perseverante lucha feminista. Ahora tiene que superar un proceso para convertirse en ley. Lo siguiente será su paso por la Cámara del Senado que, aunque sin fecha prevista, se estima será a corto plazo.

Actualmente el aborto es ilegal y contempla penas de cárcel para las mujeres, salvo en los casos de peligro para la vida o salud y de violación. Estas políticas que cercenan el derecho de las mujeres están vinculadas al lamentable incremento de los índices de mortalidad materna, sufrimiento, clandestinidad y discriminación. Países próximos, como Ecuador, Colombia, Chile o Bolivia también adolecen de este tipo de legislación restrictiva. En cambio, Uruguay o la Ciudad de México son claros ejemplos de disminución de casos de mortalidad materna a raíz de la despenalización del aborto.

Este nuevo avance en Argentina puede inspirar a otros movimientos. Así lo manifiesta Zoe Verón, abogada del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA): “La marea feminista está impulsando el cambio tanto en la sociedad como en la legislación y se está moviendo por Latinoamérica”.

Lilian Celiberti, feminista uruguaya, valora la marea verde como una expresión de la masiva diversidad “que trae nuevas voces y presencias, forjadas desde otras experiencias y culturas, y que proponen múltiples categorías y epistemologías de conocimiento y acción”.

El espanto de la clandestinidad

Cintia, que ahora tiene 38 años, pasó por un aborto clandestino cuando tenía 19. Lo decidió con más de dos meses de embarazo después de que su pareja la golpeara fuertemente en la calle: “Ese hecho me hizo ver en un segundo la vida que me esperaba si tenía un hijo con ese hombre”. Su madre y su abuela la ayudaron para reunir el dinero y cubrir el elevado costo de este tipo de intervención.

Recuerda que fue una situación muy traumática para ella porque aunque tuvo el “privilegio de clase” de contar con el dinero para un aborto más seguro, sufrió el acoso del médico que además era muy conocido en su ciudad: “Me encerró con llave en la sala de operación, me ató las piernas y me puso miorrelajantes. Como nota nefasta, en los momentos en los que me desvanecía por el dolor notaba cómo el tipo se ponía encima de mí de manera abusiva con un contacto que no era para nada el de médico-paciente”.

Ella nunca se ha arrepentido de abortar porque sabe que de no hacerlo su vida habría sido muy distinta a lo que desea. Pero sí hubiera preferido no conocer el “espanto al que te expone la clandestinidad”.

Dentro de la ilegalidad es imposible obtener estadísticas concretas y menos oficiales, pero las organizaciones involucradas en este tema estiman que al año se producen aproximadamente 350 y 450 mil abortos clandestinos en el país. Según Amnistía Internacional las chicas jóvenes y con menos recursos es el perfil que más se somete a abortos inseguros porque no les queda otro remedio.

Lucha histórica

Con el regreso de la democracia en 1983 se inicia un proceso de articulación de los distintos colectivos de mujeres (sindicalistas, artistas, amas de casa, militantes de partidos políticos, etc.). Desde entonces se organiza el Encuentro Nacional de Mujeres de carácter anual, autogestionable y que supone una valiosa herramienta para el constante crecimiento feminista. En las últimas ediciones han participado unas 70.000 mujeres.

En este contexto se crea en 2005 la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, cuyo objetivo se define como “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”. De aquí nace el proyecto de ley para la despenalización del aborto aprobado en el Congreso.

Lucía del Carmen Soria es de las históricas en la lucha y militancia feminista en la provincia del Chaco, al norte de Argentina, donde es secretaria de Género e Igualdad de Oportunidades de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y forma parte de la red de Trabajadores de la Educación para América Latina. Una de las actividades que se propuso, junto a su compañera Teresa Cubells, con el fin de difundir la recién lanzada campaña nacional fue instalar mesas informativas en la plaza: “Como anécdota recuerdo que venía un pastor evangelista a leernos la biblia y a santiguarse delante de nosotras para hacernos ver que estábamos equivocadas”.

En aquel entonces eran las dos únicas activistas de la provincia, a las que a veces se unían sus hijas y algunas amigas de ellas, pero no eran más de 10 personas.

Lucía ha dedicado más de 30 de sus 70 años a trabajar en la capacitación de jóvenes y profesorado sobre todas las temáticas de género, violencia y abuso infantil.

“La educación es clave para que desde la infancia las niñas y los niños aprendan todo lo que tiene que ver con sus derechos sexuales y reproductivos, a cuidar y amar su cuerpo”, defiende. Por eso considera tan importante la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral, aprobada en el 2006, que según comenta bajó de presupuesto con el actual gobierno de Mauricio Macri.

Un tema extabú

Animada por su hijas recorrió los mil kilómetros que la separan de Buenos Aires para plantarse con la reciente marea verde. Piensa que “logramos la aprobación por la presión de estar todo el tiempo ahí y los diputados no podían salir y decirnos que no”. Ahora sigue la lucha hasta lograr que se ratifique definitivamente, porque “no podemos bajar los brazos, seguimos movilizadas y organizadas para salir en cualquier momento”.

El feminismo ha peleado también por los derechos sexuales, reproductivos y la protección integral de la mujer. Argentina fue pionera en aprobar la Ley de Matrimonio Igualitario, en 2010, y la ley de Identidad de Género, en 2012. Ambas durante la presidencia de Fernández de Kirchner. Aunque la actual senadora nunca fue partidaria de legalizar el aborto, ahora su bloque al completo ha expresado que votará a favor en la Cámara Alta, según cuenta Cintia.

Hasta hace no mucho tiempo el aborto era un tema tabú, del que no se hablaba. Ahora con iniciativas como el Movimiento #NiUnaMenos (2015) la activista dice que “el feminismo comenzó a instalarse en la sociedad y si hasta hace un año no se mencionaba la palabra aborto en la televisión, hoy el transporte público está lleno de pañuelos verdes”. El sector de las artes, actores, actrices, músicos, etc. también se han sumado a romper el silencio y suelen participar activamente.

Llegó el debate

Hasta que por fin, y con la lucha constante de muchos años al hombro, al octavo intento el proyecto de legalización no se quedó en comisión y el actual gobierno del conservador Macri (que está en contra) aceptó llevarlo a debate y no solo en la Cámara.

Alrededor de 700 ponentes desde distintos ámbitos disertaron en el plenario de comisiones durante los dos meses previos a la votación. Para Majo los argumentos que defendieron el derecho de las mujeres al aborto demostraron ser “fuertes y contundentes y definitivamente desarticularon a los contrarios”, que se denominan “pro vida”.

En su intervención, Martha Rosenberg, feminista histórica: “… Nadie puede sustituir, penalizar o dictaminar qué hace una mujer con un embarazo no, no buscado, no deseado, no previsto, no evitado, no pensado, no consentido… en cualquier caso la decisión es de la mujer… lo que humaniza al embrión es el deseo materno que anhela que ese embrión sea un hijo…”.

Ahora que todo se prepara para el Senado, donde se votará el 8 de agosto, Majo comparte que su hijo está hablando muchísimo, tiene casi 3 años, y ya se sabe una consigna feminista. “Si le preguntas: ¿qué es lo que se va a caer, Jano? Él te contesta: el patialcado, mamá (se refiere al patriarcado, claro está, por la canción que dice: ahora que estamos juntas, ahora que ya nos ven, abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer…). Ése es un gran desafío de la vida doméstica, el de criar a estos nuevos varones desde una práctica maternal feminista.

"Con mis amigas estamos conversando bastante ese tema”. Mientras se destierra el aborto ilegal en Argentina.

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