La historia de un menor que quedó tetrapléjico retrata 30 años de migraciones a Canarias
Gibbi Jallow sobrevivió a cinco días de travesía en cayuco desde Senegal hasta Canarias cuando tenía 14 años. El mar le perdonó la vida en la Ruta Atlántica, pero semanas después una ola en una playa de Fuerteventura le rompió el cuello contra la arena y lo dejó tetrapléjico.
Su historia, marcada por el dolor crónico, la adaptación a una nueva vida y la distancia con su familia en Gambia, centra el libro Olas como montañas, de la periodista Loreto Gutiérrez Prats, presentado este lunes en Casa África, en Las Palmas de Gran Canaria.
La autora ha explicado a los periodistas que comenzó a documentarse para escribir sobre los 30 años de la ruta migratoria canaria, pero el proyecto cambió cuando conoció a Jallow a través de Calixto Herrera, psicopedagogo de la Dirección General de Protección a la Infancia y la Familia.
“Tuve claro que era una historia que merecía ser contada y que había que contarla”, ha explicado Gutiérrez, quien ha definido la obra como “un periodismo reposado”, alejado de la urgencia informativa.
El libro entrelaza episodios de la vida de Jallow –su infancia en Gambia, sus sueños, su familia, el viaje en cayuco y su recuperación médica– con algunos de los principales hitos de la migración irregular hacia Canarias desde la llegada de la primera patera a Fuerteventura en 1994 hasta la última crisis migratoria en 2024, cuando llegaron más de 43.000 personas al archipiélago.
“Su historia no es solo la de un drama personal. Es también la expresión de muchas otras: la de quienes emprenden el viaje, la de quienes sobreviven y la de quienes, aun alcanzando la orilla, continúan enfrentándose a enormes dificultades”, narra la autora de 'Olas como montañas' en la introducción de la obra.
Jallow llegó en cayuco a El Hierro y luego fue trasladado a Fuerteventura, donde sufrió el accidente que cambió su vida mientras jugaba en la playa con otros menores del centro de acogida.
Ha pasado dos años hospitalizado en el Hospital Insular de Gran Canaria y actualmente reside en el centro de atención integral a las personas con necesidades especiales Ciudad San Juan de Dios, en Las Palmas de Gran Canaria.
Calixto Herrera, que lo conoció durante un programa de acompañamiento emocional en el hospital, ha asegurado que el joven ya forma parte de su familia. Jallow lo considera a él como su padre.
Preguntado por la realidad de Jallow, Herrera cuenta que “es difícil”: “Como él mismo dice: 'Mi vida no es fácil', porque tiene que llevar un dolor neuropático que es crónico y hay veces que el dolor gana, gana la partida y viene la desesperanza, viene la tristeza, pero ahí estamos. Y hay momentos en los que la valentía, la generosidad y la fuerza de Gibbi van ganando el partido”.
Bajo una de las fotografías que recopila el libro, Jallow, que por su dificultad para hablar no se ha dirigido hoy a la prensa, dice: “Sé que nunca volverá a caminar, pero a veces tengo que esforzarme para no pensar en ello”.
El viceconsejero del Gabinete del Presidente de Canarias, Octavio Caraballo, quien también fue una de las piezas del puzzle para que Loreto Gutiérrez conociera la historia del adolescente, ha declarado que historias como la de Gibbi ayudan a mostrar las realidades que enfrentan los migrantes.
“En su caso muy dramática, porque se queda tetrapléjico en Fuerteventura, solo, sin su familia, aunque con un hermano que vive aquí, y creíamos que era conveniente que esa historia se conociese”, ha agregado.
Caraballo ha señalado que el libro, además de intercalar la historia de Jallow con la historia de los 30 años de la llegada de la primera patera a las islas, también hace alusión a las migraciones canarias hacia América.
“Nos sentimos orgullosos de la épica del viaje de nuestros abuelos y, en cambio, cuando nos referimos a las migraciones actuales, utilizamos otro tipo de perspectiva, y nosotros creemos que esa perspectiva no se puede perder”, ha señalado.
Cuenta Gutiérrez en la introducción que el título procede de una frase pronunciada por el propio Jallow una tarde desde la cama del Instituto Guttmann de Neurorrehabilitación, en Barcelona, “mientras describía el viaje entre muros de mar que a sus ojos parecían montañas”.
La autora asegura que el libro se podría seguir escribiendo indefinidamente “porque la vida de Gibbi, como el devenir de la ruta migratoria atlántica, se escribe en presente continuo”.
Y es que, concluye, “la historia que aquí se cuenta no acaba en la última página, solo se detiene en un recodo del camino”.
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