Iván, el tenor que convirtió la calle Triana en un teatro de ópera

Iván cantando en Las Canteras, Gran Canaria

Carlota Martínez

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Jugar al fútbol le sirvió a Iván para redescubrirse. Lo que para los demás eran apenas gritos habituales en un campo de balompié, para él acabó siendo una revelación. Allí, entre carreras, insultos y voces que se atrevesaban entre sí, comprendió que su vocación era la ópera. Su voz y su temple lo llevarían años más tarde hasta la emblemática calle de Triana de Las Palmas de Gran Canaria para regalarle a los transeúntes un pasatiempo inasible del que disfrutar. Ellos se sientan en las terrazas. Iván canta y, durante unos minutos, la calle evoca el Teatro alla Scala de Milán.

Muchos lo conocen como el Pavarotti de Triana, algo que para él es “un gran honor y una responsabilidad”, confiesa en una entrevista concedida a Canarias Ahora. Aunque no es el único cantante en su radar de referentes e influencias musicales. Entre ellos, disfruta escuchando a tenores como Franco Corelli, Mario del Monaco, Giuseppe Giacomini y, cómo no, Alfredo Kraus, la voz eterna de Gran Canaria. Iván lo califica como “un cantante brillante, apasionado y maravilloso” y reivindica, además, la necesidad de mantener viva su figura en la tierra que lo vio nacer: “¡Mucha gente lo conoce y lo recuerda! Creo que Gran Canaria definitivamente debería tener un concurso y un festival con el nombre de Alfredo Kraus en el futuro. Podría ser un gran evento cultural”, propone.

Antes de sumergirse en la ópera, estudió lingüística y filosofía. Después llegó el canto lírico y, con él, una nueva forma de entenderlo como “un fenómeno sociocultural”. A Gran Canaria no lo trajo únicamente el avión. También lo hizo la pandemia. Cuando miles de teatros cerraban sus puertas y el mundo entero se encerraba en casa por miedo a una nueva plaga, a Iván no se le ocurrió mejor idea que abrir la ventana y cantarle a todo el vecindario. Pero después vino el silencio. Muchos de sus colegas cayeron en una profunda depresión y abandonaron para siempre la profesión. El fin de la pandemia seguía sin atraer contratos ni trabajo y entonces dio el salto. “No podía quedarme más tiempo sentado en casa”, cuenta.

La pandemia, el punto de partida

Fue en ese preciso instante cuando apareció Mischa, amigo y creador de @operaonthestreet. Le propuso algo que, en otro momento, le habría parecido una excentricidad. Sacar la ópera a la calle, sin micrófono, con un altavoz para la música y la voz desnuda por delante. Cantar para quien pasara por allí, sin escenario ni butacas, y comprobar qué ocurría cuando un cantante lírico se plantaba en mitad de la calle y empezaba a cantar. Iván aceptó. Ahí decidió permanecer en el anonimato y darse a conocer como Storm Opera. Desde entonces, ambos analizan qué despierta la ópera en la gente cuando no ha pagado una entrada para escucharla. Quién se detiene, quién se emociona, quién se marcha y quién, quizá, descubre que aquello también es para él o ella.

Escuchar a Iván cantar O sole mio desde la otra punta de Triana, sin micrófono ni amplificador, es uno de esos momentos que obligan a girar la cabeza. La voz llega antes que él. Se mete entre las conversaciones de las terrazas, los coches e incluso el ruido de la calle. Algunos siguen caminando; otros se paran; y hay quienes se quedan hasta el final.

Él guarda unas cuantas anécdotas de esos encuentros. Como, por ejemplo, cuando una mujer después de una actuación se acercó para pedirle un abrazo. O cuando un hombre en situación de calle cayó de rodillas delante de él y le dijo que no tenía nada que darle, pero que “cantaba a la perfección”. Otro que le pidió el Ave María por su esposa fallecida y, después de estrecharle la mano, empezó a llorar.

Son experiencias que no ocurren en todas partes. Y quizá por eso insiste en cantar ahí, aunque reconoce que le gustaría interpretar “canciones más dramáticas y serias”, pero que “no son adecuadas para la calle; eso requiere un auditorio y un concierto”. Aun así, asegura que prefiere darle a la gente “una emoción brillante y radiante aquí y ahora”.

Pero también sabe cuándo no cantar. El vocalista cuenta que “a veces hace falta parar para descansar y no convertir aquello que uno ama en una obligación”. “Cantar sale del alma”, explica. Cuando no lo hace, lee, hace ejercicio, pesca y dedica tiempo a obras de caridad.

La misma idea aparece cuando se le pregunta por el escenario en el que le gustaría actuar. No tiene uno en mente. “No importa dónde, sino cómo cantas. Cantar en Triana delante de personas que simplemente pasaban por allí puede significar más que hacerlo ante miles de espectadores si al otro lado no hay emoción”, cuenta a este periódico.

Y es que no parece demasiado interesado en esa carrera hacia ninguna parte que suele acompañar a la palabra éxito. Habla, en cambio, de conservarse. “Hoy en día, nos dicen que el éxito es lo que importa, pero esa es una búsqueda inútil si te sientes vacío por dentro”. Lo demás, relata, tiene más que ver con encontrarse a uno mismo, no perderse por el camino y rodearse de amigos y personas con las que compartir una forma parecida de entender la vida.

En Gran Canaria, además, ve posibilidades. Le gustaría cantar con una orquesta en la Filarmónica y volver a interpretar Rigoletto, un papel que ya conoce. No quiere quedarse en O sole mio. “Me gustaría mostrar toda mi capacidad como cantante y actor”, explica.

Storm Opera, el futuro de Iván

Aunque, por el momento, sus planes se centran en Storm Opera. Junto a Iván, su manager, Luigi (Marcanaria), está poniendo en marcha una agencia de conciertos para ayudar a otros cantantes con talento a encontrar un público. Buscan patrocinadores, inversores y mecenas para sacar adelante el proyecto y seguir defendiendo esa idea de hacer ópera en directo, sin micrófonos, delante de personas que quizá nunca comprarían una entrada para escucharla.

Habla entonces de las guerras, las pandemias y las nuevas tecnologías y se pregunta cómo seguir siendo humanos en medio de todo eso. Su respuesta es la empatía. En ese sentido, cree que la ópera puede ayudar a desarrollarla.

La isla no sabe todavía cuándo volverá a escuharle. Iván ya ha regresado a su ciudad de origen, aunque quizá vuelva en diciembre. Sostiene que aquí encontró una atmósfera que le resulta difícil de explicar: “Como en la infancia, cuando la gente es amable contigo y el sol brilla”.

Y quizá sea eso lo que busca cuando se planta en mitad de Triana. No exactamente un escenario. Tampoco un público. Solo gente que pasa por allí y, durante unos minutos, decide quedarse.

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