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Ali Lmrabet, periodista marroquí: “¿Para qué sirven 70 años de independencia si hemos sido incapaces de gobernarnos?”

El periodista marroquí Ali Lmrabet, en la charla del Congreso de Periodismo de Castejón de Sos.

Naiare Rodríguez Pérez

Castejón de Sos —
1 de septiembre de 2026 21:22 h

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Ali Lmrabet conoce Marruecos desde dentro y también desde la distancia. Periodista, escritor y profesor, lleva décadas denunciando las restricciones a la libertad de prensa y ha sido represaliado por sus críticas al régimen. Desde la localidad oscense de Castejón de Sos, donde ha participado en el XXIV Encuentro de Periodismo de Altura, ha analizado el presente de su país y su relación con España en un contexto marcado por la inmigración, la seguridad y el creciente peso internacional de Marruecos.

Lmrabet sostiene en una entrevista a elDiario.es que el país vive una fractura social entre una imagen de modernización que se proyecta hacia el exterior y una realidad muy diferente para buena parte de la población. En este sentido, afirma que “hay dos Marruecos, el que se enseña a los extranjeros y el real” y, bajo su punto de vista, detrás de las grandes infraestructuras y del crecimiento de determinadas ciudades existe “una terrible ansia de abandonar el país”.

Además, asegura que “en Madrid y Bruselas creen que los marroquíes no somos aptos para disfrutar de las libertades tal y como se conocen en Europa”, ya que “nos consideran tontos brutos que hay que gobernar con mano dura”.

Lleva décadas ejerciendo el periodismo entre España y Marruecos. ¿Qué cree que deberíamos entender mejor hoy sobre lo que está ocurriendo en su país y sobre su papel en el escenario internacional?

Lo que está ocurriendo es que la brecha entre los que se han enriquecido de manera escandalosa y los que se han empobrecido se ha agigantado. Hay dos Marruecos, el que se enseña a los extranjeros y el real. Hay universidades carísimas, estaciones de tren modernas y una Casablanca muy europea y muy cara. Y no muy lejos hay derribos de casas, hospitales inhóspitos, falta de agua para beber y una terrible ansia de abandonar el país. Volvemos a la vieja idea colonial francesa que separaba el Marruecos útil del Marruecos inútil. En Europa y, sobre todo en España, quieren creer que todo va estupendamente bien hasta que ocurren estallidos como el de Ceuta, donde se descubre que todo el mundo quiere escaparse de Marruecos. Esa es la auténtica y verdadera proyección internacional de los marroquíes.

Marruecos aparece con frecuencia como un socio estratégico imprescindible para España en cuestiones como inmigración o seguridad. ¿Hasta qué punto esa importancia estratégica condiciona la capacidad de España y de Europa para exigirle responsabilidades en materia de derechos humanos y libertad de prensa?

Es un “socio estratégico imprescindible” porque lo han decidido los políticos europeos y no los expertos. Nuestros muy activos servicios secretos, el exterior en 2014 y el interior en 2026, han demostrado que son incapaces de proteger sus propios archivos y memoria, que han sido expuestos al público después de su robo por unos misteriosos hackers. Hoy en día conocemos hasta el número móvil personal, la copia del DNI, la cuenta bancaria y los bienes inmobiliarios de todos los jefes de esos servicios secretos tan “imprescindibles” para Europa. ¿Qué servicio secreto continúa siendo secreto cuando todo el mundo conoce sus secretos?

En cuanto a exigir responsabilidades a nuestro Estado por la situación de los derechos humanos y de la libertad de prensa, tengo la firme convicción de que en Madrid y en Bruselas están convencidos de que nosotros, los marroquíes, no somos aptos para disfrutar de las libertades tal como las conocen los europeos. Nos consideran tontos brutos que hay que gobernar con mano dura.

Conoce muy bien la relación entre Marruecos y España y también ha hablado de la existencia de vínculos entre sus servicios de inteligencia. ¿Qué cree que desconoce la ciudadanía sobre esa relación entre ambos países?

Creo que la ciudadanía española no sabe que el Centro Nacional de Inteligencia español no considera a sus homólogos marroquíes como una entidad amiga. Puedo hasta decir que hay un pequeño conflicto, opaco y poco visible, entre ellos. Especialmente algunos golpes bajos, de una parte y de otra de la frontera.

Hace apenas unas semanas fue detenido durante 72 horas después de regresar a Marruecos y calificó lo ocurrido de “secuestro ilegal”. ¿Qué fue lo que más le preocupó de aquella detención?

Hace tiempo que ya no me preocupo por las artimañas y complots de los servicios secretos de mi país. Las acusaciones eran tontas. Por ejemplo: “¿Por qué afirma usted que existe una estructura oculta que gobierna secretamente el país?”. Porque existe. Su sinónimo es “Estado profundo” y he dado los nombres y apellidos de sus principales miembros.

El trato recibido fue brutal al comienzo, sobre todo en el aeropuerto de Tánger. Sin embargo, en Casablanca, en la sede de la Brigada Nacional de Policía Judicial, se han comportado correctamente.

Marruecos sigue persiguiendo a los periodistas independientes que intentan solamente ejercer su labor de información. Para la “estructura oculta” somos el último reducto de lo que ella llama la oposición al régimen. Otra insensatez. Somos periodistas, no políticos.

¿Hay algo que un periodista no pueda negociar nunca, ni siquiera cuando está en juego su propia libertad?

Sí, el nombre de mis fuentes y el de los colaboradores que montan mis vídeos. Obviamente, no he respondido a ninguna de esas preguntas. Responder hubiera sido no solamente una traición a principios elementales, sino también un suicidio profesional. Y no tenía ganas de suicidarme.

Decidió volver a Marruecos pese a llevar 25 años viviendo en España y sabiendo los riesgos que podía asumir. ¿Qué tiene un país que puede llegar a expulsarte y, al mismo tiempo, seguir siendo el lugar al que quieres regresar?

Soy un ciudadano francés que reside en España, pero en realidad soy simplemente un tipo de allí, de Marruecos. De Tetuán. Mis abuelos paternos, mis padres, mi hermano y mi hermana están enterrados allí, en una colina desde donde se puede ver el lejano mar. Nadie puede privarme de visitar sus tumbas, que para nosotros son la prueba de que existimos. Sin tumbas no hay pasado.

La inmigración vuelve a estar en el centro del debate cada vez que se produce una crisis en la frontera. ¿Qué estamos dejando fuera cuando reducimos el fenómeno migratorio a mafias, fronteras y cifras?

Estamos dejando fuera una verdad que nadie puede acallar y es que el régimen de Marruecos ha sido incapaz de proporcionar a sus ciudadanos una vida digna y la esperanza de un futuro mejor. Todo el mundo quiere irse de Marruecos. Lo hemos visto el 30 de julio. Es un tremendo fracaso. Y no quiero culpar a nadie más que a nosotros mismos por esta situación. ¿Para qué han servido 70 años de independencia de Francia y España si hemos sido incapaces de gobernarnos correcta y eficazmente durante todo este tiempo?

Conoce personalmente las rutas migratorias y ha explicado que hace 26 años cruzó en una zodiac desde la costa marroquí. ¿Qué ha cambiado desde entonces y qué sigue exactamente igual para los jóvenes marroquíes que quieren marcharse?

Lo que ha cambiado es que las pateras o zodiacs son menos visibles y casi inoperantes. Los candidatos montan ahora motos acuáticas y asaltan, violenta o pacíficamente, los puestos fronterizos. En este último caso, esto se llama desesperación acumulada. Si las cosas no cambian, si nuestros dirigentes continúan mostrándose incapaces de gobernar el país y de solucionar los problemas de los marroquíes, vamos a ir hacia males mayores.

Una de las cifras que más llama la atención es la cantidad de jóvenes marroquíes que se plantean emigrar. ¿Estamos ante un problema migratorio o, en realidad, ante el síntoma de un problema mucho más profundo dentro de Marruecos?

Los dos. El segundo alimenta el primero. Los jóvenes dicen que, si no hay futuro para ellos en Marruecos, lo mejor sería abandonar el país y juntarse con las legiones de personas que avanzan hacia Europa, hasta el presunto El Dorado europeo.

Si tuviera que explicar a un español qué empuja hoy a un joven marroquí a jugarse la vida para llegar a Europa, más allá de la falta de dinero, ¿qué le diría?

Aparte de unas perspectivas de futuro mejorables, porque muchos quieren formar un hogar e independizarse de su familia, si añadimos un poco de dignidad, una seguridad social eficiente y menos policía política que conculca libertades supuestamente fundamentales, creo que muchos jóvenes marroquíes se quedarían en su país.

En un contexto en el que las redes sociales permiten a los ciudadanos informarse y movilizarse, pero también son objeto de vigilancia y manipulación, ¿quién controla hoy el relato sobre Marruecos?

Hay un doble control que se contradice continuamente. Desde Marruecos, donde el Gobierno no pinta nada y ya no tenemos prensa independiente, las redes son estrechamente vigiladas y manipuladas en su momento por la policía política, para fines propagandísticos, se entiende.

Por otro lado, desde el extranjero algunos youtubers arremeten de manera constante contra el régimen, contradiciendo sus afirmaciones y denunciando atropellos y escándalos. Como no residen en Marruecos, el régimen no puede alcanzarlos salvo casos concretos en que puso querellas contra ellos en Europa o América del Norte.

El problema reside en el hecho de que esos youtubers no son periodistas, no saben manejar y contrastar una información y algunas veces se dejan llevar por la facilidad de verter insultos e improperios. Muchos vituperan de buena fe o difunden información no veraz contra el régimen solamente porque “se lo dijo alguien”. Tienen éxito, pero es un problema porque imitan en muchos casos a los voceros del Majzén.

¿En algún momento ha sentido miedo suficiente como para pensar que quizá había llegado el momento de dejar el periodismo?

Hace tiempo que ya no me preocupo por las artimañas y complots de los servicios secretos de mi país. El trato que recibí fue brutal al comienzo, sobre todo en el aeropuerto de Tánger, pero sigo ejerciendo el periodismo.

Después de todo lo que ha vivido, ¿qué significa hoy para usted la palabra libertad de prensa?

Opinión libre e información veraz. Y siempre respetando esas reglas internacionales comunes para todos los periodistas. No tengo el derecho de opinar atentando contra el honor de cualquiera, sea rey o camarero. No puedo publicar o difundir una información a sabiendas de que es falsa aunque eso me traiga centenares de miles de visitantes y likes. Y si me equivoco, tiene que ser de buena fe.

Y mirando hacia adelante, ¿qué tendría que cambiar en Marruecos para que un periodista pudiera volver a ejercer allí sin miedo?

El régimen marroquí tiene que entender que, si no cambia su idiosincrasia, el país irá a peor. Tiene que sacarse esa mentalidad muy del siglo XX de que, “al que se mueve, le rompemos los huesos”. No le puedo decir lo que significa ese “peor”. Lo intuyo y me da terror algunas veces. En Marruecos necesitamos ideas, soluciones, reparto equitativo de las riquezas porque no somos un país pobre y una verdadera nueva era de democracia. En realidad, queremos lo que en Occidente tenéis, aunque sea el 10% o el 20% de lo que disfrutáis todos los días.

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