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Mientras Aragón arde, la ciencia busca cómo evitar el próximo gran incendio: “Son fuegos mucho más complejos”

Incendio forestal

Naiare Rodríguez Pérez

20 de julio de 2026 00:47 h

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El incendio declarado en Orés, en la comarca zaragozana de Cinco Villas, ha entrado en una fase más favorable tras más de 15.000 hectáreas calcinadas. Mientras cientos de efectivos afrontan la recta final de la emergencia, varios investigadores intentan comprender por qué estos incendios son cada vez más intensos y qué puede hacerse para evitar que vuelvan a repetirse.

La pregunta ya no es únicamente cómo apagar un gran incendio forestal, sino cómo impedir que llegue a convertirse en uno. Por eso, con esta filosofía nace FireCycle, un proyecto liderado por el investigador Marcos Rodrigues Mimbrero, del grupo GEOFOREST del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA) de la Universidad de Zaragoza, que durante más de dos años ha desarrollado nuevas herramientas para identificar qué territorios son más vulnerables al fuego, evaluar el riesgo y ayudar a planificar actuaciones antes de que aparezcan las llamas.

“Cuando vemos un incendio como el de Cinco Villas lo primero que analizamos es la causa, aunque todavía esté en investigación, y también las condiciones en las que se está propagando, como el tipo de vegetación, la velocidad del fuego, la longitud de las llamas o la influencia del viento. Todo eso nos ayuda a entender por qué determinados incendios terminan escapando a la capacidad de extinción”, explica Rodrigues.

De hecho, cada gran incendio deja una gran cantidad de información que, analizada posteriormente, permite mejorar la prevención futura. “Es la materia prima que utilizamos para desarrollar herramientas que permitan evaluar el riesgo y actuar sobre el territorio antes de que el fuego vuelva a producirse”, resume. Además, el investigador apunta que comprender cómo se está propagando por el paisaje permite entender por qué en determinados momentos estos incendios quedan fuera de la capacidad de extinción, al menos durante sus primeras fases.

Los grandes incendios ya no son una excepción

Durante años, los grandes incendios forestales se consideraban episodios extraordinarios. Ahora, sin embargo, la comunidad científica empieza a asumir que forman parte de una nueva realidad. “Estamos asistiendo a un cambio de paradigma. Entramos en un territorio hasta hace poco desconocido porque comienzan a darse condiciones meteorológicas y ambientales que antes eran mucho menos frecuentes”, advierte el investigador.

A su vez, advierte que “estamos empezando a entrar en un territorio hasta ahora inexplorado”, ya que se dan condiciones que hace unas décadas no eran habituales y eso nos lleva a una nueva generación de incendios, “mucho más complejos tanto desde el punto de vista de la gestión como de la extinción”.

Aunque la superficie total quemada no ha aumentado necesariamente de forma constante durante las últimas décadas, sí lo ha hecho el peso de los incendios más devastadores. “Los incendios que sobrepasan nuestra capacidad para contenerlos son cada vez más frecuentes. Ya lo vimos en el verano de 2022 y esta campaña vuelve a confirmarlo”, asegura.

El mapa de los incendios activos en España en 2026

Superficie quemada detectada por satélite y focos activos captados por los satélites de la NASA en las últimas 24 y 48 horas.

Áreas quemadas Últ. 30 días Anteriores
Incendios activos Focos 24 h Focos 48 h
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Fuente: EFFIS (Copernicus) y NASA FIRMS

Como apunta, esta realidad no es casualidad. El investigador agrega que “no es un único factor” lo que produce estos incendios, sino la combinación de baja humedad, combustible acumulado, fuertes vientos y determinadas condiciones atmosféricas lo que termina generando incendios “extremadamente difíciles de controlar”.

“Cuanto mayor es la longitud de las llamas, mayor capacidad tiene el incendio para propagarse y mucho más peligroso resulta intervenir directamente. Eso obliga a depender de medios aéreos, mucho más costosos y que además no siempre pueden actuar”, explica.

Del mapa rojo al cálculo de cuántas viviendas pueden arder

FireCycle nació con el ánimo de responder a una limitación que existía en la planificación tradicional. Hasta ahora, buena parte de los mapas de riesgo clasificaban el territorio en categorías como riesgo bajo, medio o alto. Aunque, tal y como señala Rodrigues, son herramientas útiles para el día a día, se consideran “insuficientes para decidir dónde invertir en prevención”.

Según reconoce, hasta este momento trabajaban con indicadores “muy útiles para el corto plazo”, como los mapas diarios de riesgo, pero, para planificar a largo plazo, asegura que necesitaban herramientas que permitieran cuantificar realmente qué consecuencias puede tener un incendio sobre las personas o las infraestructuras.

“Nosotros queríamos dar un paso más. No decir únicamente que una zona tiene alto riesgo, sino estimar, por ejemplo, cuántos edificios podrían verse afectados cada año si se inicia un incendio en ese punto o qué lugares tienen mayor capacidad para generar fuegos que alcancen zonas habitadas”, agrega.

El proyecto integra por primera vez todo el ciclo del incendio, desde su posible origen hasta su propagación, la capacidad de extinción y las consecuencias sobre personas, viviendas e infraestructuras.

Ese enfoque cuantitativo permite identificar los llamados “puntos calientes” del territorio, es decir, lugares donde una actuación preventiva puede reducir de manera considerable el impacto de futuros incendios.

Aragón tampoco está a salvo

Aunque Aragón cuenta con una densidad de población inferior a la de otras comunidades, eso no significa que esté menos expuesto. “Cualquier población situada junto a masas forestales presenta riesgo. Son las zonas que denominamos interfaz urbano-forestal, donde conviven viviendas, actividad humana y monte”, apunta.

Precisamente uno de los territorios estudiados con mayor detalle ha sido la comarca del Matarraña. Allí, la combinación de agricultura, masas forestales y abandono progresivo de tierras ha favorecido la expansión del combustible vegetal.

“Hemos comprobado que el abandono agrícola incrementa el riesgo porque antiguos campos de cultivo terminan siendo colonizados por vegetación continua que facilita la propagación del fuego”, afirma.

A ello se suma otro elemento característico de Aragón y es que muchos incendios se producen en zonas poco pobladas, alejadas de grandes ciudades y donde la llegada de medios de extinción resulta más compleja.

“Paradójicamente, aunque haya menos población, los incendios siguen muy ligados a la actividad humana y a pequeños núcleos rodeados de monte”, sostiene.

Asimismo, advierte que “la desconexión territorial también dificulta muchas veces la llegada de los medios de extinción”, ya que se trata de incendios que afectan a pequeños municipios alejados de los grandes núcleos, pero rodeados de vegetación continua.

Invertir en apagar, pero también en prevenir

Cada verano la imagen más visible es la de hidroaviones, helicópteros y centenares de bomberos luchando contra las llamas. Sin embargo, la comunidad científica insiste desde hace años en que la prevención continúa siendo la gran asignatura pendiente.

En palabras de Rodrigues, esta situación no hay que plantearla como una elección entre ambas estrategias. “No hay que invertir menos en extinción. Hay que seguir invirtiendo en extinción, pero también mucho más en prevención”, admite.

Los estudios demuestran que actuar previamente sobre el territorio resulta mucho más rentable que intervenir cuando el incendio ya está fuera de control. Además, tal y como recuerda, detrás de cada operativo hay personas que trabajan en condiciones muy peligrosas.

“No debemos olvidar que quienes apagan los incendios son personas. Son profesionales muy preparados y eficaces, pero trabajan en situaciones enormemente peligrosas y cuanto más extremos son los incendios, mayor es también el riesgo al que se enfrentan”, recuerda.

Al mismo tiempo, reconoce que “existe un consenso creciente dentro de la comunidad científica en que hemos llegado prácticamente al límite de lo que puede conseguirse únicamente reforzando los dispositivos de extinción”, por lo que ahora es “imprescindible” actuar antes de que el incendio empiece“.

El incendio forestal de Orés, en la comarca de las Cinco Villas (Zaragoza), sigue activo este viernes y el número de hectáreas afectadas ha subido a 12.600, con un perímetro aproximado de 60 kilómetros. EFE/ Javier Cebollada

La ciencia al servicio del territorio

Uno de los principales objetivos de FireCycle ha sido trasladar el conocimiento científico a quienes toman decisiones. Por eso, todos los resultados del proyecto se han publicado en acceso abierto mediante un geoportal interactivo, cartografía específica y una memoria científica para que administraciones, gestores forestales e investigadores puedan utilizarlos.

Entre otras herramientas, el equipo ha identificado parcelas estratégicas cuya gestión permitiría frenar la propagación del fuego o reducir la exposición de zonas habitadas. De esta forma, y a través de productos sencillos, las administraciones pueden priorizar actuaciones.

“No pretendemos sustituir las metodologías que ya utilizan las administraciones, sino aportar información complementaria que ayude a priorizar actuaciones y optimizar los recursos disponibles”, destaca Rodrigues.

Mientras los medios continúan trabajando para estabilizar el incendio de Cinco Villas, el investigador lanza un mensaje claro tanto a las administraciones como a la ciudadanía: “Tenemos que asumir que estos incendios van a seguir ocurriendo. El fuego forma parte de nuestros paisajes y, con el cambio climático, estas situaciones probablemente serán más frecuentes”.

No obstante, también recuerda que existe un margen importante para reducir su impacto debido a que muchos incendios tienen origen humano y, por lo tanto, “tenemos capacidad para prevenirlos”. De este modo, detalla que algunas de las actuaciones pertinentes serían mejorar la planificación, reforzar la vigilancia y seguir apostando por la investigación científica. “No podremos eliminar el fuego, pero sí hacer que cuando llegue no tenga consecuencias tan devastadoras como las que estamos viendo estos días”, suma.

“No buscamos predecir el incendio de mañana. Lo que intentamos es responder a que, si sabemos que estos grandes incendios van a seguir produciéndose, ¿en qué lugares debemos actuar hoy para que dentro de diez años tengan un impacto mucho menor?”, concluye.

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