Entrevista

Paloma Chen, el antirracismo y la existencia híbrida como inspiración para crear poesía

Paloma Chen reivindica la oralidad de la poesía

Paloma Chen, periodista y poeta, esconde dos caras detrás de sus gafas. Aparentemente tímida, risueña al conocerla de cerca, se transforma en tormenta al recitar sus poemas. Firme sobre el escenario, sus palabras salen con la fuerza de un misil y la reivindicación por aliada. La exploración identitaria como chino-española y la existencia híbrida son lo que actualmente caracteriza su obra. Con un fuerte componente antirracista, las piezas que compone la hicieron ganadora del II Premio Poesía Viva, celebrado en 2020. Entre otros, recitó los poemas Obscenidad y Colorblind. También forma parte de proyectos como Tusanaje o el I Encuentro de la Diáspora China en Matadero Madrid, en 2019.

Dedica buena parte de su poesía a explorar la identidad como chino-española. ¿Es la poesía una herramienta que usa para conocerse y que la ayuda a expresarse?

Para mí la poesía son muchas cosas. Me gusta todo tipo de poesía y escribo muchas veces cosas que no tienen que ver con lo que recito públicamente, que es más bien el tema de la identidad. Según el contexto o el sitio en el que estoy, veo necesario hablar de estos temas. Significa muchas cosas pero, por supuesto, una de ellas es la de comunicar, la de expresarme, conocerme mejor a mí misma o crear cosas nuevas a partir de todo lo que me inspira.

¿Le da miedo que el tema de la exploración identitaria como chino-española marque su trayectoria o visibilidad como poeta y periodista?

Sí, me da mucho miedo. De hecho, es una cosa que pienso bastante. Cuando llega la hora de hacer la selección de lo que voy a leer en un recital, cuando pienso en qué voy a escribir, siento una especie de presión o de que hay ciertas expectativas entre la gente. De que sí o sí tengo que hablar de identidad o de que yo nunca voy a poder ser la poeta y ya está, sino la poeta china o la poeta chino-española. Sí que es verdad que no me avergüenza para nada, porque esto es lo que soy. Yo entiendo la necesidad de mucha gente de decir “soy poeta a secas”, pero a mí no me importa porque estoy orgullosa, y no puedo borrar ni mi aspecto, ni mis orígenes, ni la posición súper política que tiene mucha de mi obra poética. No me importan esas etiquetas, y creo que al final escribiré lo que quiera y da un poco igual lo que la gente piensa.

Crecer en un chino fue su Trabajo de Fin de Grado, que después se publicó en El Salto. ¿Era su intención desde el principio o se le fue de las manos?

No fue para nada mi intención, así que podemos decir que se me fue de las manos. Yo sí tenía muy claro lo que quería hacer, lo que quería comunicar, pero nunca pensé que llegaría a hacer talleres o charlas y que se presentara a más gente que no fuera de la universidad.

¿Cree en la fusión entre la literatura o poesía con el periodismo?

Digamos que nunca me ha interesado especialmente una división muy rígida de los distintos géneros. Evidentemente son lenguajes diferentes que yo utilizo para transmitir cosas distintas. Viendo el periodismo y la poesía que hago, se ve claramente cuáles son los temas que a mí me interesan y atraviesan mi vida o a mí como persona. Yo siempre, de manera natural, lo que he querido es comunicar, trasmitir unos mensajes, escribir sobre todo. Ahora bien, siento que el periodismo sí que debe comunicar, pero la poesía no tiene por qué. La veo mucho más libre y creativa. Puede tener una función comunicativa, y muchos de mis poemas son así, pero no es necesario.

A raíz del II Premio Poesía Viva recitó en la Real Academia Española, donde se celebró la entrega de premios. Allí, mandó un mensaje a contundente a través del poema “Toda la vida”, en el que cuestionaba el “lenguaje atado” y reivindicaba el feminismo y antirracismo en la lengua. ¿Cómo surgió esa idea?

Surgió de la comunidad o los espacios antirracistas en los que me muevo. Este festival podría ser uno de ellos. Yo hablo con muchísimas personas (feministas, migrantes…) que mencionan mucho la RAE. Es verdad que nos adaptamos a los espacios y, evidentemente, en la RAE no voy a recitar lo mismo que aquí. Pero sentía que “no, yo voy a recitar lo mío, que es lo mismo que recitaría aquí, y es lo mismo que recitaría en los espacios antirracistas en los que normalmente me muevo”. Yo escribí ese poema especialmente para recitarlo en la RAE. Para mí era muy importante hacer eso porque se me dio la oportunidad de estar en un espacio súper blanco, súper institucional, súper mainstream.

En ese poema habla del lenguaje como un privilegio. ¿Cómo desarrolla esa idea?

Está escrito desde la concepción de que la Palabra es algo que no ha tenido todo el mundo, a que no se le escucha en todos los espacios posibles. Cuando hablo de la Palabra, con mayúsculas, me refiero a tener voz, a poder decir algo. En un espacio, insisto, tan institucional, tan blanco, de edad, tan rígido como es la RAE, veía importante que se dieran cuenta de lo que significa la institución. Ha regulado desde siempre la lengua y no reconoce muchísimas formas de comunicación que se están utilizando hoy en día. Por ejemplo, hay personas queer que están utilizando elle. Pero no, da igual, eso no se va a reconocer con la excusa de que no se utiliza, cuando no es verdad. Y, también, recoge un montón de significados que activistas y asociaciones están pidiendo corregir, pero lo ignoran. Como puede ser que el negro es un infausto, un desventurado, o ese tipo de cosas. Ya sabemos quiénes componen lo top de la RAE. Se trata de intentar hacerla un espacio que también fuera para nosotras.

Entonces, el hecho de que haya podido recitar en la RAE, ¿la convierte en privilegiada dentro de esa comunidad excluida, o significa que hay algún cambio gestándose?

¿Cómo de disruptivo se puede ser, estar ahí y hacer ese poema? Pues a lo mejor un poco, porque es la RAE, pero a lo mejor nada, porque es la RAE. Me hago mucho ese tipo de preguntas y en qué espacios estar porque, igual que estoy en lugares antirracistas y alternativos, estoy en otros muy institucionales. Es verdad que como vengo de un contexto de restaurante, yo soy muy de coger la oportunidad si me dan ese espacio. Pero ya no soy una persona, como decía Spivak, subalterna. ¿Puede hablar un subalterno? Pues evidentemente no. Una vez puedes hablar, ya no lo eres, y yo ahora mismo puedo. Mis padres sacrificaron muchas cosas para que yo fuera una persona privilegiada y poder estar aquí. Ya no soy una persona subalterna, pero mis padres sí, porque no pueden estar en estos espacios. Eso es un privilegio, pero también me da cierta responsabilidad.

Otro de los premios fue la publicación de su primera antología. ¿Tiene en mente publicar algo más?

De momento, solo tengo publicada la antología. Diría que en todo este tiempo, que he estado pensando mucho, no me preocupa no haber publicado nada porque pienso que la poesía que hago es muy oral. La literatura no tiene por qué ser solo escrita. La poesía me parece, además, mucho más dada a mezclarse con los géneros escénicos. Ahora bien, sí que voy a publicar y seguramente publicaré en febrero del año que viene. Ahora mismo estoy trabajando en un poemario, y sí me hace mucha ilusión porque yo soy amante de la literatura y de la palabra escrita desde siempre. Estoy reivindicando la oralidad ahora cada vez más, y cada vez más forma parte de mí, pero es verdad que es algo más reciente. Me hace mucha ilusión publicar mi primer libro.

¿Cree que existe elitismo en el mundo de la poesía y en el lenguaje que debe utilizarse?

Hay un elitismo muy grande pero, a parte, desconocimiento acerca del género. También a niveles elitistas. La poesía, el verso libre, muchas formas súper experimentales o que la poesía deje de rimar y de escribirse en sonetos son cosas que vienen del siglo XIX, de Baudelaire, de las Vanguardias. En el colegio o en el instituto, generalmente solo nos enseñan que la poesía es Bécquer y sonetos. Pues no es así. Hay muchísima gente que, desde muchos espacios, reivindica otras formas poéticas que a lo mejor no forman parte del canon, pero forman parte de la poesía. Lo que hago, honestamente, no lo veo muy nuevo, porque el slang de Estados Unidos del que yo bebo lleva ya muchos años. Además, ha sido también un espacio donde personas queer, negras o racializadas han podido disputar espacios, conquistarlos y hacerlos propios. También, mucha gente ve la poesía como algo muy adolescente, como una etapa, y están esperando a que llegues a la novela porque es y sigue siendo el gran género. O los ensayos, que son más serios. Aún no se te ve como a una escritora formada. Yo, por supuesto, soy muy joven y estoy empezando, pero hablo por muchas poetas y escritoras reconocidas, pero que no son lo suficientemente reconocidas hasta que no hacen una novela.

En 2019 formó parte del I Encuentro de la Diáspora China en Matadero Madrid. ¿Habrá una segunda edición?

-Sonríe-. Nos gustaría mucho, así que lo dejo ahí.

Habla de los restaurantes y bazares como espacios de resistencia. ¿Qué puede decir al respecto?

Yo los concibo así por mi experiencia personal, porque yo vengo de eso, y además me parecen ambientes que son totalmente disruptivos en el sentido hegemónico de la sociedad. Nunca se conciben como espacios donde se pueda hacer la resistencia ni nada artístico, cultural o intelectual, y no es verdad para nada. Son espacios donde yo he aprendido muchísimas cosas, donde yo, y sobre todo mi familia, que migró, pudo construir un restaurante y resistir. Yo creo que si lo llamo resistencia es porque lo que hacen las familias migrantes en general, y en particular las chinas, es resistir. Y me parecen además espacios que son muy violentos porque vienen las personas españolas con todo su orgullo, por ser autóctonas, y tú, que eres una persona migrante, les tienes que servir con esos juegos de poder de inferioridad, superioridad y prepotencia. Tienes que desarrollar cierta resistencia.

Con la pandemia, se avivó un racismo hacia la comunidad asiática que ya estaba presente. ¿Cómo lo vivió y cómo lo vivieron otras personas de su entorno?

Un montón de amigos que trabajan en restaurantes o bazares, o en atención al público en general, por supuesto que sintieron cómo aumentaban los ataques. En mi caso, lo sentí, pero levemente. Me miraban súper raro. Yo en esa época estaba resfriada y estornudaba y a la gente le parecía horrible. O escuchaba un montón de comentarios o bromas pesadas sentada en un bar. Mis padres lo notaron un montón. Me llamaban por teléfono y me hablaban de que la clientela ya no venía y, si venía, no paraba de hacer preguntas súper extrañas. Fue una época terrible, que, por supuesto, todavía sigue. Pero creo que es importante decir que esto no fue la gran sorpresa. Me lo llevo esperando siempre. Toda la vida nos han dicho que somos sucios, que comemos perros, no sé qué, no sé cuántos.

¿Cómo lo ha plasmado en su obra poética?

Lo he incluido en varios poemas porque yo creo que una cosa muy importante es que, por la razón que sea, mucha gente sintió el racismo por primera vez. A parte de eso, hubo un movimiento muy fuerte, sobre todo a través de redes sociales, como #NoSoyUnVirus o #StopAsianHate en Estados Unidos. Para mí fue inspirador, fue un hito. La gente que sí había vivido el racismo, por primera vez, veía su rabia y sus sentimientos legitimados. Porque los sentimientos de las personas asiáticas en países occidentales están muy invisibilizados. El racismo hacia la comunidad asiática está súper aceptado, con una persona china se puede ser racista. Es lo que pasa en la sociedad, las bromas que se oyen todos los días. También, amigos míos se dieron cuenta por primera vez de que las personas asiáticas también sufrimos racismo. El virus ha sido una cosa más que está siendo muy dura para muchas personas, pero no ha sido lo único.

¿Cómo le gustaría concluir?

En mi caso, hay muchos rumores o información errónea en internet pero, honestamente, me da igual, porque tampoco es que tenga ninguna necesidad de proyectar una imagen real o verídica de mí. Empatizo mucho porque soy periodista y la he cagado muchas veces, pero al mismo tiempo me hace gracia la cantidad de cosas falsas que hay por ahí. Mi máxima aspiración es crear caos y confusión en internet. En mi casa no, pero en internet sí. Muchas de las cosas que hago van en la dirección. Es genial que nadie pueda saber la versión real de mí. No soy una personas especialmente activista o disruptiva, pero me gusta eso porque me interesa que la gente se haga preguntas. Por supuesto, hay opiniones que puedo tener claras, pero hay muchísimas cosas muy complejas sobre las que no, y no voy a ir por ahí con mi superioridad moral a decir nada. Por eso, hagámonos preguntas.

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