Rastreos detrás de la COVID: un viaje sin esperar por la PCR, trabajadores con temor a perder el empleo o jóvenes sin percepción del riesgo

Playa de San Agustín, en el sur de Gran Canaria. (ALEJANDRO RAMOS)

Se esperaba en otoño, pero se ha precipitado en pleno agosto. El rebrote de COVID-19 ha obligado a redoblar esfuerzos en el Archipiélago en este periodo estival, en especial en Gran Canaria, el principal foco de un repunte que, con más de 2.000 casos activos solo en esta isla, ha superado con creces a los de la primera ola de la pandemia. A los noventa sanitarios que desde principios de mes ejercían en Atención Primaria de Gran Canaria como rastreadores para localizar a los contactos estrechos de los casos diagnosticados con la enfermedad, con el objetivo de aislarlos y evitar la propagación del virus, se le han sumado esta misma semana varias decenas. El equipo dedicado en exclusiva a esta tarea cuenta ahora con 158 efectivos. Ya no son solo médicos de familia y enfermeros. También hay fisioterapeutas, odontólogos, documentalistas o administrativos del Servicio Canario de Salud (SCS). En las próximas fechas se incorporará además un contingente de militares (100 en todo el Archipiélago), después de que el Gobierno regional aceptara el ofrecimiento del Ejecutivo liderado por Pedro Sánchez para incrementar por esta vía los recursos en una labor clave para contener la pandemia.

La intensa movilidad de los jóvenes por toda Gran Canaria y una  minoría poco colaboradora disparan la COVID-19 en la capital

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La doctora Yodalis Pérez, una de las coordinadoras del equipo de Gran Canaria, admite la saturación y cierto retraso en las labores de rastreo que espera solventar con las últimas incorporaciones.  El ritmo ha sido frenético en agosto. A principios de mes, de un solo positivo llegaron a aflorar 41 contactos estrechos. La media en estos días se sitúa entre 6 y 10. El cierre del ocio nocturno decretado por el Gobierno de Canarias el pasado 13 de agosto ha frenado uno de los principales vectores de transmisión del virus, pero la curva de contagios sigue creciendo. El foco de los brotes (50 solo en Gran Canaria), tal y como explicaba el presidente Ángel Víctor Torres en su última comparecencia, se ha desplazado hacia el ámbito laboral y las reuniones familiares, lo que ha obligado al Ejecutivo a imponer nuevas medidas como la obligatoriedad del uso de las mascarillas en el trabajo o la recomendación de limitar los encuentros sociales “al ámbito de la convivencia estable” para minimizar los riesgos de contagio.

Pérez sigue situando a los menores de 30 años, en su mayoría asintomáticos o con síntomas leves de la enfermedad (dolor de garganta, fiebre y tos seca), en el origen de “entre el 90 y el 95% de los casos” detectados. Se trata, en general, de jóvenes que, a pesar de la excepcionalidad de la situación, no han renunciado a la intensa actividad social propia del verano, que se han movido por toda la isla y que, además, lo han hecho, en un buen número, en un ambiente de “relajación” de las medidas de protección contra el virus (uso de mascarilla, distancia física entre personas y lavado frecuente de manos) debido a la “menor percepción del riesgo” por ser más infrecuentes los cuadros de neumonía grave en esta franja de edad.

“Lo que más predomina son los adolescentes, menores de 20 años. Los contagios se producen en muchos sitios. En ocasiones, ni ellos mismos saben dónde se han infectado. Algunos en reuniones en casas de amigos, otros en apartamentos en el sur de la isla o cuando se juntan en el parque sin mascarillas, a poca distancia, todos mezclados”, resume la doctora, que recuerda que en las primeras fases incluso llegaron a detectar casos de jóvenes que “se avisaban los unos a los otros, que sabían que tenías que aislarlos, que tenían que hacerse las pruebas, y no se ponían al teléfono”. “Son edades de difícil manejo. Ahora estamos viendo una mayor intervención de los padres, se están mostrando colaboradores, más concienciados, y ello, junto con las nuevas normas, nos está permitiendo vencer los obstáculos”, remarca.

La coordinadora de rastreadores percibe un mayor grado de irresponsabilidad en esta franja, pero advierte de que se producen actos incívicos en todos los colectivos. Para ilustrarlo, cuenta uno de los casos más recientes, el de una mujer que viajó por motivos laborales a la Península menos de 24 horas después de haberse sometido a la prueba PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa) tras haber compartido espacio por un tiempo prolongado con una persona diagnosticada con COVID-19 y sin conocer los resultados de ese test. Cabe recordar que los protocolos establecen que los contactos estrechos de un positivo (es decir, aquellos que han estado en el mismo lugar a una distancia menor de dos metros durante al menos quince minutos) deben permanecer aisladas, en cuarentena, aunque la prueba dé negativo. “El resultado le llegó estando ya allí. Es una irresponsabilidad, te llevas la enfermedad en el avión”.

La coordinadora de rastreadores incide en que la movilidad ha desempeñado un papel crucial en la diseminación del virus y señala que la mayor incidencia de casos entre los residentes en Las Palmas de Gran Canaria también guarda relación con su densidad de población.

A diferencia de la primera oleada, en la que la restricción de movimientos impuesta por el Gobierno central limitaba las posibilidades de interacción de los positivos y permitía cercar mejor el virus, en este repunte los rastreadores se están encontrando con dificultades para atajar todas las vías de propagación del virus. El ámbito laboral se está convirtiendo en una de las más preocupantes. Pérez apunta que en las últimas semanas se ha encontrado con varios casos de trabajadores que se saltan la cuarentena por temor a perder sus empleos. La médica de familia ya ha optado por contactar con los directores de las empresas para comunicarles la situación. “Sabemos la situación económica que estamos atravesando y somos conscientes de que hay familias e hijos que mantener, que necesitamos trabajar para vivir, pero estamos ante una emergencia, un problema de salud pública. Si hay un caso positivo o en cuarentena no puede ir a trabajar, ni tampoco quienes estuvieron en contacto con él, la empresa tendrá que buscar medidas alternativas”, remarca Pérez, que recuerda “el bien conocido caso” del Ayuntamiento de Ingenio, donde se produjo “una explosión de casos en un solo lugar”. 

“Estamos abogando por una mayor participación de la Policía ante las personas que se saltan la cuarentena”, añade la médica de familia, “hasta ahora, hemos hecho uso de este recurso cuando vemos que llamamos y no responden en tres días, o te das cuenta al hablar con ellos de que están mintiendo, que están trabajando, que van en un coche o que están con más personas. En ese caso, como última opción, recurrimos a la fuerza de la ley”. Las últimas medidas aprobadas por el Gobierno de Canarias para frenar el avance del coronavirus, que entran en vigor este sábado tras su publicación en el Boletín Oficial de Canarias (BOC), contemplan la activación “al máximo” de todos los efectivos de las policías locales, autonómica, Guardia Civil y Policía Nacional para trabajar de manera coordinada, en especial en aquellos lugares con mayor índice de contagio.

Otra de las grandes preocupaciones de los rastreadores son las reuniones familiares. “Hemos visto casos de parejas, mayores de 40 años, que van a la playa y después visitan a los padres o a los suegros para comer, no se ponen mascarilla, se dan besos y abrazos al llegar y al final se contagian todos. Tenemos que entender que estos actos, que nos parecen de lo más cotidiano y de lo más normal, ahora mismo son un riesgo para nosotros y para las demás personas. Habrá un momento en el que esto pasará y que tendremos que volver a ser como éramos, pero en estos momentos esos actos ya no son normales, ya son un riesgo”, redunda la doctora, que expone el caso de una joven de 20 años que “se echó a llorar” cuando le comunicaron que la amiga con la que había ido a tomar un café había dado positivo en la prueba PCR. “Vive con cuatro personas mayores (padres y abuelos) y temía infectarlos. Era asintomática y también ha sido contagiada”, relata la médica de Atención Primaria.

La situación se complica en los barrios con más vulnerabilidad social, como los situados en la zona sur de Las Palmas de Gran Canaria, en el área del Cono Sur, o en Jinámar, en las que hay una mayor prevalencia de familias con un elevado número de convivientes, más hacinados, y en los que se ha detectado en las últimas fechas un incremento de casos. Pérez recuerda el de una familia que estaba repartida en tres viviendas del mismo edificio (los padres en una y los hijos con sus parejas en otras dos) y que, tras el contagio de uno de ellos, terminaron todos afectados.

Por último, Pérez subraya la importancia no solo de respetar la cuarentena, de no salir a la calle sino también de cumplir las normas en el interior de las viviendas. “Cuando aíslas a una persona, le explicas todas las instrucciones. Tienen que estar en una habitación, su basura en una papelera aparte, sus cubiertos y utensilios aparte, la ropa hay que lavarla a más de 60 grados, la comida hay que llevarla a la puerta de la habitación, la estancia tiene que estar ventilada…. Todo eso se explica desde el primer momento y a veces llamamos y nos encontramos con que esas personas están al lado de otras, compartiendo espacio”, señala la doctora, que espera que la tendencia alcista de los últimos días comience a caer con la aplicación de las nuevas medidas.

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29 de agosto de 2020 - 07:00 h

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