Crónicas bananeras

El mundo delirante de Salvador Alba

Carlos Sosa

Las Palmas de Gran Canaria —

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No está establecido con precisión el momento en el que el exjuez corrupto Salvador Alba se instaló en una realidad paralela, en un mundo delirante sólo comprensible por él. Puede que haga mucho, seguramente cuando se creyó que con su fina trayectoria jurisdiccional podía llegar a ser magistrado de la Audiencia Nacional, vocal del Poder Judicial o presidente del TSJ de Canarias, siempre, eso sí, con la ayuda de José Manuel Soria. Quizás ahí haya estado el problema, que se emborrachó de poder antes de tenerlo.

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Que Soria cocinara para él en su casa de Madrid, que lo pusiera en contacto con lo más granado del periodismo cavernícola nacional, que fuera recibido en el Tribunal Supremo como una autoridad y que el todopoderoso Manuel Marchena, presidente de la Sala Segunda, admitiera sus escritos plagados de falsedades orientados a encontrar la mejor y más sucia manera de acabar con la carrera política y profesional de Victoria Rosell eran, evidentemente, signos que pueden nublar la mente de cualquiera con más ambición que luces.

Que esté condenado en firme desde hace diez meses y que todos sus recursos, sus escaramuzas, sus recusaciones y sus querellas hayan fracasado, no le han persuadido en absoluto. Al contrario. Hace unos días, en la Comisaría de la Policía Nacional en la ciudad de Telde dijo al funcionario que lo atendió que este periódico le persigue porque, siendo juez, “desmanteló un supuesto caso de corrupción” de la que fue autora precisamente su víctima.

Alba ha denunciado a Canarias Ahora por publicar fotografías suyas en la playa y en un paseo marítimo en el litoral de Telde. Dice que lo acosamos, que lo perseguimos, que tenemos montado un sistema de vigilancia que lo tiene acogotado a él y a su familia hasta el punto de que apenas ninguno de sus miembros sale de casa. Ha reiterado una petición de alejamiento y prohibición de comunicación ante una jueza de Madrid, donde le han admitido a trámite una rocambolesca querella por diversos delitos, entre otros el de pertenencia a organización criminal, por las noticias referidas a sus delitos publicadas todos estos años en este periódico.

Le han irritado las fotografías que lo presentan como un ciudadano libre pendiente de cumplir seis años y medio de cárcel, que alega desde la playa que tiene unas enfermedades que le impiden ingresar en prisión y que persigue a la carrera, en chanclas y pareo, a la persona que lo fotografía precisamente para fotografiarla y grabarla en vídeo. Como grabó a sus compañeros magistrados, al presidente del TSJ y a algún abogado cuando se supo descubierto en la grabación que puso en evidencia sus tejemanejes y la falsedad de sus acusaciones contra Victoria Rosell.

El torero de Vox

Y lo hace luciendo una camiseta con el rostro del polémico torero de Vox Morante de la Puebla, con una de sus fotos más representativas, la que lo presenta fumándose un puro en un gesto desafiante que precisamente fue objeto de polémica en febrero pasado por haber sido utilizado para promocionar una feria taurina en Castellón. Las autoridades levantinas ordenaron retirar las vallas publicitarias con la imagen del diestro fumándose un puro por contravenir la ley anti tabaco, lo que indignó a los taurinos y exaltó a la ultraderecha.

Alba lleva esa camiseta a la playa en compañía de su esposa, la letrada de la Administración de Justicia Teresa Lorenzo, que fuera dirigente provincial de Vox en Las Palmas hasta que la dirección nacional de ese partido decidió que lo mejor es que no hubiera tanta descentralización del poder centralista que emana de Abascal y Ortega-Smith.

En Vox tiene depositadas muchas esperanzas el exjuez corrupto Salvador Alba. Su esposa ha cursado una petición de indulto que ambos esperan pueda ser aceptada por el gobierno entrante, si este finalmente está conformado por el PP y Vox. Por eso trata de dilatar al máximo su ingreso en prisión. De momento, el expediente de indulto se ha topado con el primer obstáculo: el informe negativo del tribunal sentenciador (la Sala de lo Penal del TSJ de Canarias) que no apreció el más mínimo atisbo de arrepentimiento en el penado tras la comparecencia que hizo en abril pasado ante la misma comisaría de la Policía de Telde en la que se prodiga con tantas denuncias. A la pregunta de si se arrepentía de los hechos que habían ocasionado su condena, su respuesta fue así de elocuente: “Siempre he cumplido con mis deberes judiciales y lamento cualquier daño o perjuicio que haya podido ocasionar con mis decisiones judiciales”.

Vive en otra realidad.

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