Qué ver en Asilah: una guía de la pequeña medina amurallada de la costa norte de Marruecos

Las murallas de Asilah desde el Santuario de Sidi Ahmed Ben Mansour.

La pequeña ciudad de Asilah se encuentra a poco más de 46 kilómetros al sur de la internacional Tánger. Apenas a un paso de la puerta de acceso por mar del norte de Marruecos, ese país que no nos cansamos nunca de visitar y de recomendar a todos cuantos nos preguntan por nuestros destinos preferidos. Asilah es una de esas sorpresas de la costa atlántica del país alauita. Ya te hablamos hace algunos meses de Esauira, una de las excursiones y escapadas recurrentes desde Marrakech. Hoy nos vamos al norte para descubrir una medina preciosa que pasa inadvertida entre las poblaciones del norte. Una ciudad, por cierto, con muchísima vinculación histórica con España, ya que formó parte del protectorado español hasta la independencia de Marruecos en 1956. Pero los lazos que unen a Arcila, como se la conoce en la historiografía hispana, es mucho más antigua de lo que se podría pensar.

Merzouga, la puerta marroquí al desierto del Sáhara

Merzouga, la puerta marroquí al desierto del Sáhara

La expansión atlántica de España y Portugal que se inició en el siglo XV llenó esta parte de la costa africana de las denominadas ‘Plazas Fuertes’; esto es, pequeñas fortalezas que trataban de servir de punta de lanza para la conquista del territorio. Pero en el caso de Asilah, los vínculos son muy anteriores y se remontan a los tiempos de Roma que trajo hasta estas costas a multitud de familias de origen íbero para poblarla. Cosas de la historia. Pero el momento clave es la llegada de los portugueses en 1471. Ellos fueron los que crearon el imponente sistema de murallas y torres que encierra, desde entonces, a una de las medinas más bonitas del Magreb.

COMO LLEGAR A ARCILA.- Como te decíamos, la ciudad se encuentra en la costa atlántica norte marroquí. Por carretera, el acceso desde el norte es la Autopista A-1 (a 47 kilómetros desde Tánger). Desde el sur, la vía de acceso a la ciudad es la A-5 (212 kilómetros de Rabat y 298 kilómetros desde Casablanca). Desde Fez, el acceso por carretera es más complicado, ya que buena parte de los 265 kilómetros que la separan de Arcila son por vías de doble sentido (N-4; R-413 y R-406 hasta el empalme con la A-5 a la altura de Merdja Zerka). Por tren, hay posibilidad de llegar, de manera directa, desde Tánger y Rabat-Casablanca. La otra opción es el autobús. La empresa ALSA conecta de manera directa Asilah con Tánger.

QUÉ VER EN ASILAH.- La ciudad es pequeña y casi todo lo que hay que ver se apelotona dentro del recinto amurallado. La medina de Arcila es pequeña y, al contrario de lo que sucede en otras ciudades marroquíes, se encuentra muy bien cuidada. Los edificios pulcros y pintados de blanco y azul y el buen arte callejero –hay murales de gran calidad artística- son la seña de identidad de una pequeña población que sin tener la monumentalidad de otras medinas es muy bonita y pintoresca. La muralla se abre a la zona de tierra por tres puertas: Bab Bhar –que da al puerto-; Bab Al Kasbah –que era la entrada principal- y Bab Homar -que es la más cercana al centro de la ciudad nueva-. Entra por cualquiera de ellas. Como todas las antiguas kasbahs marroquíes, esta medina es un intrincado laberinto de callejuelas y pasadizos en el que errar el camino previsto es fácil. No tengas ningún miedo a pasar tres o cuatro veces por el mismo sitio. Arcila es chiquita y si ya te dijimos que hay que lanzarse a recorrer Fez, con sus 9.000 callejuelas, sin guía pues imagínate aquí.

Si entras por Bab Al Kasbah te vas a encontrar con buena parte de los grandes edificios de la medina: la Mezquita Mayor (que lamentablemente está vetada a los no musulmanes –algo que no entendemos-); el Centro Cultural Hassan, que sirve de palacio de congresos y exposiciones artísticas; la Mezquita de Bab Bhar –o mezquita de la Puerta de Mar que ocupa el espacio de una iglesia portuguesa-; la Torre Alqamra, una soberbia fortificación de estilo tardo gótico construida por los portugueses a finales del siglo XV y la puerta de Bab Bhar. No te dejes llevar por la tentación de sumergirte en el laberinto y sal por la puerta hacia el antiguo puerto. Desde ahí puedes ver la torre desde otra perspectiva y, al mismo tiempo, admirar el increíble sistema de murallas diseñado por los lusos.

Internarse por la medina es una auténtica gozada. Nos recordó mucho a la Kasbah Udaya de Rabat. Es un lugar relativamente tranquilo –dejar atrás el bullicio es complicado en Marruecos- y muy bien cuidado.  Las tiendas de artesanía ocupan buena parte de los bajos de las calles que rodean la Place Abdallah Guennoun. Las vías comerciales por excelencia son Attijara y Alkadira, dónde se suceden las tiendas de artesanías y las galerías de arte local. Si quieres algo más auténtico y bullicioso, sal de las murallas por Bab Homar y visita el Zoco Afhir, que ocupa buena parte de la Avenida Hassan II. Aquí te vas a encontrar con el mercado que usa la gente local; un lugar dónde puedes encontrar desde frutas y verduras hasta cacharros de cocina. Aprovecha que estás por los alrededores de Bab Homar para ver uno de los alfizes (puertas decoradas) más bonitos de la medina en la Calle Bab Rmel –dónde también hay un buen número de tiendas mucho menos turísticas que las de Attijara y Alkadira-.

Otro lugar que hay que ver sí o sí es el Palacio Raisuli, una casona de inspiración andalusí de finales del XIX situada junto a las murallas marítimas y hoy germen de un incipiente museo de la ciudad. Las murallas que dan al mar culminan en el extremo sur de la ciudad junto al Mausoleo de Sidi Ahmed Ben Mansour. Una de las cosas más frustrantes de Marruecos es que estas verdaderas joyas religiosas y arquitectónicas están cerradas a los no musulmanes, una norma que, curiosamente, viene de los tiempos del protectorado francés para evitar problemas de orden público. Junto a este pequeño templete de paredes blancas está el único cementerio a intramuros: apenas un pequeño patio cubierto de tumbas con losas de cerámica. Una verdadera maravilla. El paseo por la medina de Asilah puede terminar por esta zona. Las murallas se acercan al mar a través de dos torres albarranas que fueron construidas por los portugueses para barrer fácilmente el puerto con artillería en caso de problemas. Al norte del Palacio Raisuli tienes la Torre de San Francisco, con buenas vistas sobre el puerto y la zona de la Alqamra. En el extremo sur, la medina culmina en la conocida como Torre Krikia (junto al mausoleo y el cementerio) con vistas sobre el lienzo de murallas, la playa y las primeras líneas de casas de la medina. Desde aquí se toma la foto paradigmática de la ciudad.

MEGALITOS NORTEAFRICANOS.- Si vas con coche de alquiler y te gusta la arqueología puedes darte un salto hasta el Cromlech de Mezora, una de las escasas muestras de arte megalítico prehistórico en esta zona del mundo y también de las más importantes del norte de África –otra opción es ir con un taxi-. 167 monolitos de piedra rodean un enorme túmulo funerario que supera los 50 metros de diámetro. Aunque la mayoría de las piedras se sitúan entre uno y metro y medio de altura, hay algunos grandes bloques que superan los cinco. Este lugar es único en el contexto norteafricano por lo que no es mala idea ver a verlo si vas con tiempo y te gustan estas cosas. Está a unos 18 kilómetros de Asilah aunque hay que conducir por rutas secundarias.

Fotos bajo Licencia CC: Andrzej Wójtowicz; Ramón Cutanda López; Pedro Lozano; Maxim Massalitin; paigeproduction2012; Uwe Brodrecht

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Publicado el
21 de abril de 2021 - 20:14 h

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