Castillos, bosques centenarios y pueblos blancos en el Alto Vinalopó
El Río Vinalopó nace en las alturas de la Sierra de Mariola (una maraña de peñascos y abismos situada en la frontera entre las provincias de Valencia y Alicante) y se desploma en apenas un centenar de kilómetros hasta las orillas del Mediterráneo en las Salinas de Santa Pola. Todos los ríos pequeños suelen tener juventudes tempestuosas. Y el Vinalopó no es una excepción. Y gracias a este ímpetu ha excavado grandes desfiladeros entre las masas calizas de una sierra que pese a no llegar a los 1.500 metros se muestra escabrosa y hasta vertical en el entorno del Montcabrer. El nombre lo dice todo (Monte de las cabras).
A los pies del roquedo, con un río aún impetuoso y encajonado, se alternan los pinares y las encinas en un paisaje puramente mediterráneo donde podemos encontrar algunas rarezas como el bosque de tejos más meridional de Europa (en la Teixera d'Agres). En el suelo reinan el zorro, el jabalí o la gineta y en las alturas vecinas ilustres como el buitre leonado y el milano real. Pero más allá de sus riquezas naturales, La Mariola es también un espacio humano. Muy cerca de esos tejos sureños podemos ver varias Cavas, grandes estructuras circulares excavadas y reforzadas con muros y techos de madera que serían para almacenar la nieve durante los tórridos veranos levantinos.
Hombres y mujeres. Su huella está por todos lados. Y se va incrementando a medida que el Vinalopó deja atrás esos primeros kilómetros de infante recién nacido y va serenándose con la calma que dan los terrenos más fáciles. En este caso un enorme valle de amplias llanadas muy fértiles que desde siempre han atraído al trabajo de las gentes. Pero lo que vemos hoy es el resultado de las centurias de dominación musulmana del levante peninsular. En esos tiempos se extendieron los regadíos; se multiplicaron las aldeas y pueblos y se levantó una de las mayores concentraciones de atalayas y castillos de toda la Península Ibérica. Pero castillos, castillos.
Villena, capital de la comarca.- Desde tiempos medievales anteriores a la conquista cristiana, Villena ejerció de cabeza de estas tierras como el Iqlim (municipio) de Medina Bilyāna. Desde aquí se administraba un gran territorio que incluía a las actuales Yecla, Caudete, Sax y el valle de Benejama. De aquellos tiempos, hereda Villena su porte de villa monumental. El corazón de Villena es El Raval, antigua medina árabe que se deja ver en un trazado de calles imposibles que forman uno de esos laberintos tan bonitos que tanto nos gusta. El punto de partida de cualquier paseo por este antiguo arrabal árabe debe ser la Plaza Mayor, una de las más antiguas de España y punto de partida de la cristianización de la villa tras la conquista aragonesa a mediados del XIII. Los otros dos grandes símbolos de la Villena Cristiana son la Iglesia de Santa María (Plaza de Santa María, 10), una maravilla que alterna los últimos momentos del preciosista gótico valenciano con esos cielos llenos de nervaturas y filigranas que recuerdan a los frondosos palmerales de la región y los primeros momentos del Renacimiento y la espectacular Arciprestal de Santiago (Plaza de Santiago, sn). Esta iglesia es una de las grandes joyas monumentales de la Comunidad Valenciana y destaca por su espacio interior dominado por grandes columnas torsas, esto es, retorcidas en sí mismas (al igual que Santa María presenta una estructura gótica con elementos del primer Renacimiento).
El Rabal se retuerce en callejuelas imposibles desde la ciudad cristiana a través de cuestas como la Subida de Santa Bárbara (para acceder a ella desde la Plaza mayor hay que pasar bajo el sencillo arco de ladrillo de la Puerta de Santa Bárbara). El gran premio de perderse por la maraña de cuestas, escaleras y veredillas es el Castillo de La Atalaya (Plaza de las Embajadas, sn). Esta imponente fortaleza es de origen árabe (siglo XII) y su robustez fue mítica en los tiempos de las guerras de conquista cristiana en las tierras de Valencia. Lo que podemos ver hoy es el resultado de varias reformas y restauraciones que le han devuelto su gloria. Es uno de los mejores castillos para visitar de toda España.
Los famosos ‘moros y cristianos’, el Tesoro de Villena y el oso y el madroño.- El Palacio de la Familia Selva Mergelina acoge el Museo Festero de Villena (Plaza de Santiago, 3) donde se hace un recorrido histórico y estético (los trajes son una pasada) en torno a una de las fiestas más características del Levante español. Una ciudad con el pasado de Villena amerita un buen museo histórico y arqueológico. En el Museo de Villena (Madrid, 1) se exhiben colecciones arqueológicas, históricas y artísticas que sirven para explorar la biografía de la villa. Las colecciones prehistóricas son muy buenas destacando el Tesoro de Villena, un gran ajuar de piezas de oro y plata fechadas en el siglo X antes de Cristo y constituye el segundo mayor tesoro de la Edad del Bronce de Europa (el primero es el de Micenas). Otro museo destacado de la localidad es el dedicado a la figura del escultor Navarro Santafé (Navarro Santafé, 46) autor, entre otras piezas icónicas de toda España, del Oso y el Madroño de la Puerta del Sol de Madrid.
Camino del nacimiento del Vinalopó.- Más allá de Villena se extiende El valle del Alto Vinalopó con dos pueblos muy interesantes para ver. El primero es Biar que se encuentra a apenas nueve kilómetros de Villena (CV-799). Como sucede con otras localidades de esta comarca histórica, lo que define a la población es su castillo y el origen árabe de su casco histórico, aunque en este caso hablamos de un pueblo bastante más pequeño que Villena. Pero aún así, el Castillo de Biar (Explanada del Castillo, sn) es una obra maestra de la arquitectura militar medieval que merece la pena ir a verse. Esta fortaleza del siglo XII muestra más claramente su pasado islámico que puede verse en murallas y torres elaborados con el característico encofrado de tapial (barro apisonado, piedra y cal). El castillo fue reformado tras la conquista aragonesa para defender la cercana frontera con Castilla. El otro gran monumento de Biar es la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (Plaça de la Constitució, 4), una preciosa construcción que alterna origen renacentista con añadidos barrocos (siglos XV al XVII). La portada renacentista es de las más interesantes de la Comunidad valenciana.
Y el viaje hacia las fuentes del río, previo a internarse en los montes de la Sierra de Mariola culmina en Banyeres, localidad marcada por un río aún impetuoso que desde hace muchos siglos sirvió para mover las ruedas de molinos que sirvieron para asentar una de las primeras industrias papeleras de la vieja Iberia. En el cauce del río aún puedes ver muchos de aquellos molinos y el curioso sistema de canaletas y sifones que servían para acelerar las aguas (Ruta de los Molinos de Agua) y en pleno casco urbano está el curioso Museo Valenciano del Papel (Parque Villa Rosario, 2).
Como sucede en toda la comarca, el origen del pueblo es árabe y el elemento que lo articula es otra de las muchas fortalezas que hay por toda la zona. El Castillo de Banyeres se levantó en el siglo XIII por mandato almohade para apuntalar el poder islámico en la zona aprovechando una peña escarpada llamada Cerro del Águila. La fortaleza alberga hoy un museo sobre las fiestas locales. El otro gran monumento de la localidad es la Iglesia de Santa María (Carrer del Castell, sn), un templo barroco del siglo XVIII. Pero en la intrincada trama urbana del pueblo (apiñado en torno a los escarpes del Cerro del Águila) hay otras huellas de la historia de la villa como la Torre de la Font Bona (Font Bona, sn), vieja alataya defensiva del siglo XIV o la vetusta Ermita de Santa María Magdalena (Carrer de L’Ermite, 13), un precioso edificio gótico del XIII.
Los castillos que defienden el acceso al valle.- ¿Porqué tantos castillos? Si subes a la torre del Castillo de Banyeres puedes hacerte una idea del porqué de esta concentración de fortalezas en tan poco tiempo. Desde esta atalaya puedes ver hasta cuatro provincias españolas: la propia Alicante, Albacete, Valencia y Murcia. Este valle es una vía de acceso a la costa de Alicante y en tiempos de la Edad Media un límite entre varias taifas islámicas (Denia frente a Valencia, Toledo, Murcia y Granada) y, posteriormente, punto de fricción entre Castilla y Aragón con el Reino de Granada a la vuelta de la esquina. Frontera pura. Y por eso también puedes ver castillos impresionantes en otros pueblos y ciudades que dan acceso al valle. Los más impresionantes son el Castillo de Sax, el Castillo de Petrer y el impresionante Castillo de la Mola (ver mapa). Todos estos castillos se encuentran en el valle del Vinalopó y cubren el camino que conduce a las ciudades de Elche y Alicante (y a sus fertilísimas vegas). Estamos hablando de uno de los lugares más importantes desde el punto de vista estratégico de todo el Levante español.
Fotos bajo Licencia CC: Santiago López Pastor; lorenaA1; Pat Neary; Sento Acosta; Exenf; vicente_pics; Francisco Chornet; Chechi Peinado
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