Luneburgo o la ciudad alemana con el mejor casco histórico del país
Lo bueno si breve dos veces bueno. Luneburgo es una pequeña ciudad situada a poco más de 55 kilómetros al sur de Hamburgo (ideal para una excursión desde la gran metrópolis portuaria del norte de Alemania). Bastan 35 minutos en tren desde la Estación de Hamburg Central (Línea R3 de la red de trenes regionales) para plantarte en esta pequeña ciudad de 75.000 habitantes que puede presumir, por ejemplo, de tener el centro histórico medieval mejor conservados del norte de Alemania. ¿El secreto? El poco impacto que tuvo sobre la población la Segunda Guerra Mundial, que apenas tocó el 2% de su magnífico patrimonio arquitectónico y artístico. En muchas ciudades de Alemania vas a ver una reproducción fiel de lo que había antes de que llovieran las bombas. Aquí vas a ver casas, iglesias y palacetes que se remontan a la Edad Media y que han sido objeto de una minuciosa restauración desde la década de los 70 del pasado siglo.
Aquí te vas a encontrar un pequeño museo a cielo abierto donde perviven viejos edificios, tabernas, edificios religiosos y públicos de corte monumental… Una maravilla que pasa inadvertida para los viajeros internacionales. ¿Da para más de una excursión? Lo más importante se puede ver en una jornada, pero este tipo de ciudades merecen una noche. Estos cascos históricos tan bien cuidados toman una dimensión especial cuando cae la noche. Lugares como Pons (Salzstraße Am Wasser, 1), una vieja taberna situada en un antiguo almacén histórico amerita una buena cena y un paseo nocturno.
La capital de la sal.- El río Ilemau a la altura de Pons crea un pequeño lugar abierto de pequeñas plazas que dan al canal a través de viejos embarcaderos: Stintmarkt (Mercado Viejo) y Fischmarkt (Mercado del Pescado). Este pequeño espacio es una síntesis perfecta del pasado de Luneburgo: aquí puedes ver la Vieja Grúa de Luneburgo (Am Fischmarkt), una máquina de carga y descarga que data del siglo XIV y es una de las más antiguas del mundo. A sus pies puedes ver algunos botes de madera que representan el pasado comerciante de una ciudad vinculada a nuestra querida Hansa. Luneburgo se integró en la Liga Hanseática gracias a sus minas de sal y su cercanía al tramo final del Río Elba.
Las ciudades de la Hansa suelen ser verdaderas joyas patrimoniales. Sin salir del entorno de las plazas de los dos mercados nos encontramos con dos de los iconos de la ciudad: la Torre del Abad (Abtsmühle, 1), un curioso complejo hidráulico del siglo XIV que servía de molino y de sifón para dar presión a agua de abasto de la ciudad y el Molino de Lüne (Lüner Mühle), una vieja muela harinera del siglo XV reconvertido en restaurante. Muchas ciudades del mundo se conformarían con este rincón bonito. Pero Luneburgo tiene muchísimo más para ver. Mucho.
El corazón del burgo medieval se articula en torno a la Am Sande (literalmente La Arena). Este gran espacio abierto no es una plaza al uso. Más bien una calle ancha que sirvió de mercado y foro público en los tiempos del negocio de la sal (y de la cerveza, porque Luneburgo exportaba también mucha cerveza). Esta gran plaza pública también recibe el nombre de la Milla de los Cuentos de Hadas, por su belleza arquitectónica. Entre las encantadoras casas de ladrillo destacan tres grandes edificios.
La Iglesia de San Juan (St. Johanniskirche, 2), una típica construcción gótica hanseática de ladrillo (con el techo abovedado más alto del mundo en este material típicamente norteeuropeo); el Haus des Kalandes -Casa del Calendario- (Kalandstraße, 11), un típico edificio de la Hansa del siglo XV que servía como sede de una de las cofradías locales y la Cámara de Comercio (Am Sande, 1), un impresionante palacete de ladrillos negros y juntas blancas construido en el siglo XVI que sirvió de aduana y centro de negocios antes de convertirse en una cervecería.
La otra gran plaza que hay que ver en Luneburgo es la Marktplatz -Plaza del Mercado- que aglutinaba el poder civil de la ciudad en contraposición a la Am Sande como centro religioso y gremial. El gran edificio que marca este espacio es el Rathaus -Ayuntamiento- (Am Markt), un enorme complejo de edificios y jardines con una historia que se remonta al siglo XIII. La fachada que da a la Plaza del Mercado es típicamente renacentista y es una muestra de la riqueza que alcanzó la ciudad durante el final de la Edad Media: para corroborar este dato valga un dato curioso. El carrillón que adorna el reloj se realizó con porcelana importada desde China. Casi nada.
En torno a la Plaza del mercado hay otros lugares de interés. La Das Schwangere Haus -Casa Embarazada- (Waagestraße, 1B) es una curiosa casa de ladrillo que por un defecto de construcción se ‘dobló’ creando una especie de barriga que, según la tradición local, da suerte si se toca. La Heinrich-Heine-Haus -Casa de Henrich Heine- (Am Ochsenmarkt, 1a) es un precioso palacete del siglo XVI vinculado a la familia Witzendorff, una de las más poderosas de los tiempos de la Hansa. Sin embargo, el nombre por la que se le conoce se debe a que en su piso superior vivieron los padres del poeta Heinrich Heine a principios del siglo XIX. Y, para finalizar con el entorno de Markplatz hay que acercarse hasta la Iglesia de San Nicolás (St. Nicolaikirche, 4), uno de los grandes templos históricos que hay que ver en Luneburgo (es gótica de principios del siglo XV).
Siguiendo las huellas de Johann Sebastian Bach por el barrio de Westlichen Alstadt.- Desde la Marienplatz nos internamos en una pequeña red de callejuelas con casitas pequeñas y bonitas a través de la calle Auf dem Meere. Esta preciosa callejuela empedrada es la puerta de entrada del barrio de Westlichen Alstadt -literalmente casco antiguo occidental-, núcleo de la ciudad humilde en contraposición con los grandes monumentos religiosos, civiles y económicos de las grandes platzs. Aquí conviene dar un par de rodeos sin sentido para ir recorriendo cada una de las callejuelas que concluyen en la mole del antiguo Monasterio benedictino de San Miguel. Este gran edificio religioso se funde con el barrio a través de la Plaza de Johann Sebastian Bach. El genial compositor barroco llegó a esta ciudad en 1700 para estudiar música en la escolanía del monasterio, una de las más prestigiosas del norte de Europa.
El Museo Alemán de la Sal (Sülfmeisterstraße, 1).- Este impresionante museo se encuentra en una de las salinas más importantes del norte de Europa y muestra la evolución de la minería de este elemento fundamental para la economía preindustrial a través de mil años de historia. Está muy bien montado .
El Museo de Luneburgo (Willy-Brandt-Straße, 1).- ¿Puede tener un pequeño museo dos piezas fundamentales de la historia y la arqueología mundial? Pues sí. El museo explora la historia de la ciudad a través de piezas arqueológicas, objetos históricos, documentos y obras de arte. Pero destacan una de las canoas prehistóricas más importantes de Europa y el Mapa de Ebstorf (siglo XIII).
Fotos bajo Licencia CC: Jorge Franganillo; Aleksandr Zykov; Gustav Sommer; Esther Westerveld; Steffen; Steve Janosik
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