Notas de un viaje a Tarragona: ideas e itinerarios para preparar una escapada al sur de Catalunya

La Torre del Pretorio asoma entre los restos del circo romano de Tarragona.

Inauguramos con éste una serie de reportajes sobre Tarragona. Ya la conocíamos de antaño, pero hemos vuelto con nuevos alicientes. El mejor, para nosotros los que viajamos desde las islas, la posibilidad de volar de manera directa desde Gran Canaria a través de la compañía Binter Canarias (apenas tres horas de vuelo hasta el Aeropuerto de Reus y una atención abordo que recuerda los tiempos en los que volar tenía glamour). Pero también con ganas de disfrutar de parte de los atractivos de la provincia catalana más allá de su fantástica capital y descubriendo verdaderos paraísos como el Delta del Ebro, un destino en sí mismo al que se puede programar una escapada de naturaleza, cultura y gastronomía de primer nivel. El recorrido propuesto se realizó en cuatro días. ¿Es suficiente con cuatro días para todo lo que te vamos a contar? No. Eso sí, el vuelo directo permite hacer escapadas e ir descubriendo estos y otros puntos de esta provincia. Una de las más injustamente desconocidas de la Península.

¿Qué ofrece Tarragona? Pues varios milenios de historia, un patrimonio natural más que interesante que combina playas y montañas y una cultura muy auténtica. Por aquí han pasado todos y cada uno de los pueblos que conformaron la identidad mediterránea. Quizás el elemento diferenciador del lugar frente a otros destinos dentro de Catalunya es el enorme peso de la cultura romana. Tarragona fue, durante siglos, la ciudad más importante del Levante peninsular y eso se nota en las calles y plazas de la capital. Pero también hay un enorme patrimonio medieval; centros renacentistas de primer nivel (como Tortosa); conjuntos con gran tradición burguesa e industrial –como Reus y su imponente colección de arquitectura modernista- y vestigios de importantes episodios de la historia peninsular (como los escenarios de la Batalla del Ebro de la Guerra Civil). Y todo eso se traduce en una cultura que, por sí, es otro destino a explorar. En este sentido, el elemento que, desde el punto de vista del viajero, es más interesante es la Gastronomía. Pero hay mucho más. Muchísimo.

Adrenalina pura en Port Aventura World.- Tenemos que reconocer que la visita a Port Aventura World (Av. Pere Molas, Km 2 –Salou-; Tel: (+34) 902 202 220) en principio nos la tomamos como un trámite más. Pero descubrimos un universo nuevo, divertido y excitante (confesamos que hasta este momento nunca nos habíamos subido a una montaña rusa). Nos encantó. Las principales novedades para el reencuentro con el gran público tras este extraño 2020 que hemos pasado son Ferrari Land, un parque basado en la prestigiosa marca italiana en la que no faltan la velocidad, el vértigo y el glamour; la montaña rusa Shambala (que abrió al público poco antes del cierre provocado por la pandemia) y Sésamo Aventura, un miniparque de once atracciones basado en el popular Barrio Sésamo y especialmente diseñado para que se diviertan los más chiquitines en compañía de sus padres (brutal la experiencia 3D Street Mission).

Los momentos más adictivos del recorrido son el Red Force de Ferrari Land, una pulsación de adrenalina de apenas 25 segundos que permite experimentar las aceleraciones brutales de los fórmula uno (180 kilómetros por hora en unos segundos); Shambala, la montaña rusa más alta de Europa (con picos de velocidad de 134 kilómetros hora y una caída libre máxima de 78 metros); la Hurakan Condor (con una caída libre en vertical de más de 80 metros) y la clásica entre las clásicas: la Dragon Khan, buque insignia del parque durante sus primeras décadas de andadura (esta temporada suman 26 años). Pero hay mucho más (nos desencajamos de risa en la Stampida, la Mina del Diablo y las atracciones con agua). Ya somos fans de las montañas rusas y lo que nos echen encima.

¿Cuánto tiempo en Port Aventura? Nosotros estuvimos dos medias jornadas. Y nos dio tiempo a verlo casi todo y a montar en las atracciones más importantes. Con dos días completos puedes hacerlo casi todo y repetir en algunas de las mejores atracciones. Pero es que hay muchísimo más que ver: una oferta de restauración para todos los gustos y, según vayamos dejando atrás la pandemia, un completo programa de espectáculos basados en las diferentes áreas temáticas del parque (el Lejano Oeste; la Polinesia; China y el Oriente; Barrio Sésamo y México).

Playa y gastronomía en Cambrils.- Una verdadera sorpresa. La pequeña localidad costera de Cambrils es famosa por ser uno de los destinos familiares de playa más importantes de la costa catalana. El pueblo es una animada localidad típicamente mediterránea en el que puedes encontrar algunos puntos históricos y arqueológicos interesantes –entre los que destacan la villa romana de La Losa, los restos de la muralla medieval un interesante molino hidráulico varias veces centenario o la Torre del Puerto, antigua atalaya medieval que se construyó para advertir la presencia de piratas -.

Pero su punto fuerte es la feliz combinación de verdaderos playazos (con casi diez kilómetros de arenales) y una de las mejores ofertas gastronómicas de la provincia. Cambrils presume de dos restaurantes galardonados con estrellas michelín (Can Bosch -Rambla Jaume I, 19- y Rincón de Diego –Drassanes, 19-) entre una propuesta con más de 150 locales. Y también verdaderos lujos como la heladería de Antonio Sirvent (Carrer del Consolat de Mar, 44), un alquimista del frío que ha ganado el segundo premio como mejor heladero del mundo en dos ocasiones. Casi nada. La seña de identidad de la cocina local es la fusión, en un mismo territorio, de las virtudes del mar y la montaña : materias primas de primerísima calidad, una apuesta decidida por la educación gastronómica de vanguardia –Cambrils tiene la única escuela de hostelería y turismo de la provincia- y el acompañamiento de los vinos de las seis denominaciones de origen tarraconenses.

Visitar la ‘guarida’ de verano del inmortal Joan Miró.- Otra de las opciones de turismo cultural que no conocíamos. Muy cerca de la población de Mont-roig del Camp nos encontramos con una bellísima masía que cambió la historia del arte. La familia Miró compró esta finca en 1911 como residencia de verano; y ahí el joven Joan decidió que iba a dedicarse profesionalmente a la pintura pese a la resistencia paterna. Aquí dio sus primeras pinceladas como ‘profesional’ de la pintura y aquí volvería una y otra vez hasta 1976. Hoy, la antigua residencia estival es sede de la Fundación Mas Miró y, también, una oportunidad única para acercarse a la vida y obra del genial artista catalán a través de sus primeras obras –en las que pueden verse paisajes del entorno- y su evolución estilística posterior. El plato principal de la casa es el taller que Miró usó durante sus largas estancias en la masía. Y está tal cual lo dejó a finales del estío de 1976. Ordenado y preparado para volver al trabajo en 1977. Pero Miró, ya muy mayor, no volvería más a su pequeño paraíso de Mont-roig del Camp. Murió en 1983. Hoy puedes ver objetos personales, muebles de la familia y ese verdadero espacio sagrado de creación que fue su estudio. Según nos contaron los guías, la idea es enriquecer la visita con algunas obras originales del pintor. Habrá que volver, pues.

Modernismo y Vermut en Reus.- La ciudad natal del genial Antoni Gaudí fue uno de los puntos calientes del proceso de industrialización catalán. Plata para parar un tren gracias, entre otras industrias, al destilado de aguardientes que se exportaban a medio mundo. A finales del siglo XIX y principios del XX, Reus era el segundo polo industrial del país tras la potente Barcelona. Y eso dejó una buena colección de casonas burguesas que nada tienen que envidiar a las de la capital. La principal baza de Reus es su patrimonio arquitectónico. El municipio propone una ruta urbana que une 26 edificios, y monumentos que tienen en común su relación con el modernismo. Gaudí no construyó nada en Reus, pero su ciudad lo recuerda señalando su casa natal y a través del Gaudí Centre Reus (Plaza Mercadal, 3; Tel: (+34) 977 010 670), un moderno centro de interpretación en el que a través de maquetas, reproducciones, audiovisuales y objetos del arquitecto, podemos conocer los entresijos de su obra y universo creativo. Otro punto culminante de la visita a la ciudad es la Casa Navàs (Plaza del Mercadal, 7; Tel: (+34) 977 010 670) considerada como la más bella muestra de la arquitectura y decoración modernista de toda Europa. Esta visita nos impactó. Habíamos visitado algunos ‘templos’ del modernismo catalán en Barcelona, pero éste es, sencillamente, sublime. Sin ánimo de exagerar, esta imponente casa fetiche (construida por la familia Navàs y Blasco para demostrar la riqueza de su emporio textil), es uno de los 100 monumentos que uno tiene que visitar en España sí o sí. La casa fue proyectada por el arquitecto Lluís Domènech i Montaner y decorada por Gaspar Homar. La riqueza de su decoración interior rivaliza con el propio diseño arquitectónico –mosaicos, vidrieras, yeserías y trabajos en madera, cerámica y piedra. Y, para rizar el rizo, es una de las pocas casas de esta época que ha llegado a nuestros días con su interior intacto (incluido el mobiliario).

Otra de las señas de identidad de Reus es la fabricación de su riquísimo Vermut. La mejor manera de acercarse a la historia de esta tradición tan arraigada en la ciudad es visitar la Estación Enológica (Passeig de Sunyer, 4; Tel: (+34) 977 328 332). Este soberbio edificio sintetiza la historia de Reus de aquel próspero cambio de siglo. Primero por ser una buena muestra de la arquitectura modernista y, segundo, porque fue el germen de la industria del aguardiente y el vermut que catapultó a la economía local (el padre de Gaudí era un afamado calderero que proveía de destiladores y ollas a las destilerías de la zona). Bajo la denominación Vermut de Reus se agrupan varias bodegas. Hay una ruta que agrupa a todos los establecimientos que operan bajo esta marca (nosotros visitamos Vermuts Rofes -Carrer de Sant Vicenç, 21; Tel: (+34) 977 344 584).

Rutas guiadas por Reus y Tarragona: La teva ruta (Tel: (+34) 638 027 366; E-mail: info@latevaruta.com

Un día sorprendente en el Delta del Ebro.- Fue, sin duda alguna, la gran sorpresa del viaje –también era un lugar que no conocíamos con anterioridad-. Este impresionante depósito de sedimentos arrastrados por el Río Ebro es un universo en sí mismo. Es un paraíso natural lleno de humedales dónde residen, de manera permanente o estacional, hasta 400 especies de aves (es uno de los mejores lugares de Europa para la observación de pájaros). Pero más allá de sus lagunas, cañizares y playas, también es un espacio humano muy peculiar. Y esto fue lo que más nos gustó. La primera sorpresa es la omnipresencia de explotaciones arroceras. De aquí salen más de 120.000 toneladas al año. Y eso genera un paisaje cultural con una identidad muy marcada con parcelas inundadas y casas tradicionales entre las que destacan las barracas de barro y caña. También es el germen de verdaderas osadías como el sake junmai (esto es, a través de la fermentación del arroz y sin alcohol añadido) que hacen los chicos de Kensho (Carrer Barranc de Sant Pere –L’Ampolla-; Tel: (+34) 652 834 259) aprovechando las bondades de las variedades de arroz locales.

Otro de los atractivos del Delta es el cicloturismo. La abundancia de pequeños caminos de tierra escasamente transitados y la geografía chata y cercana hace que la bicicleta sea una buena manera para descubrir los secretos de este espacio (pudimos comprobarlo gracias a Deltacleta -TV-3451 Km 3,1 - Masia de la Torra-; Tel: (+34) 648 725 862). Nos lo apuntamos para un regreso inminente ya que nos quedamos con las ganas de hacer una ruta que abarque todos los atractivos del parque. Otra de las actividades económicas tradicionales de la zona es la cría de mejillones y ostras a través de grandes sucesiones de bateas de madera. Más allá del valor gastronómico de los productos que aquí se ‘cultivan’ (lo puedes ver de maravilla en el Restaurante Mirador Badía –Tel: (+34) 676 331 938-) estas bateas son otra muestra de la adaptación de los hombres y mujeres del Delta a este ecosistema tan peculiar. Prometemos hablar más de este destino y ofrecen una buena guía digital al uso de Viajar Ahora.

Y, cómo no, la espectacular Tarragona.- Y no podía faltar la guinda del pastel. Tarragona es una de las ciudades monumentales más importantes de España. Su pasado glorioso como capital de la Hispania Citerior (Hispania Cercana) dejó un legado de importantes vestigios históricos únicos ya no sólo en suelo peninsular. Aquí se encuentran, por ejemplo, los restos del circo romano (circuito para carreras de caballos) mejor conservado de Europa. Ya habrá tiempo de ahondar y hablar de esta ciudad en nuevos reportajes. El Anfiteatro, los restos del Foro, la Torre del Petror, casi 1,5 kilómetros de muralla romana perfectamente preservada y el fantástico Puente del Diablo, uno de los grandes acueductos romanos en la Península, son sólo una pequeña muestra de lo que vas a encontrar.

Pero es que hay mucho más. La Edad Media dejó joyas como la Catedral de Santa Tecla, la Capilla románica de San Pablo, la Murelleta medieval o la Casa del Camber. Y la ciudad también presume de un buen catálogo de casas modernistas. La herencia romana es la causa de que la antigua Tarraco sea una de las quince ciudades españolas que son Patrimonio Mundial de la Unesco, pero hay mucho más que viejas piedras. Dos buenos lugares para ver todo lo que ofrece la ciudad son la Torre del Pretor (desde dónde vas a tener las mejores vistas del casco histórico y el Anfiteatro) y el llamado Balcón del Mediterráneo. Ahí verás que también hay playa y toda una ciudad moderna que pivota en torno al puerto. Una ciudad que también tiene huecos abiertos al pasado y en donde afloran las huellas de la antigua capital tarraconense (como el Foro de la Ciudad y el Teatro Romano). Una ciudad que merece, al menos, un par de días de exploración tranquila.

Visitas Guiadas por Tarragona: David Edo (Tel: (+34) 695 663 305; E-mail: davidedo2011@hotmail.es)

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16 de julio de 2021 - 10:50 h

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